Es sin duda un tema muy importante para nuestro país, el tristemente famoso caso de Florence Cassez, pues no tengo duda de que se convertirá en uno de esos ejemplos que dificilmente se olvidan de como se aplica la justicia en México. Ya es y seguirá siendo uno de esos casos en los que al ciudadano de a pie nos cuesta tabajo entender los fundamentos y criterios que prevalecieron para tomar la decisión final por parte de la autoridad.
Como en aquel caso de la niña Paulete, en el que legalmente se aceptó que es posible que unas cobijas mataran a una niña de cuatro años afectada en su capacidad motriz, y que ademas esas mismas cobijas lograran esconder el cuerpo durante diez días. No he conocido una sola persona que acepte que la niña murió de esa manera, pero eso a nuestro sistema judicial poco le importa, pues cualquier juez nos dice que emite su fallo apegándose estrictamente a lo que dice la ley, dejando en un segundo plano si ese fallo es convincente de que se hizo justicia; lo importante es que es, según dicen, apegado a la ley.
Muy cómoda posición para los jueces, pues al no ser ellos responsables de que las leyes sean infalibles para procurar justicia, si no que tan solo deben limitarse a interpretarlas y aplicarlas correctamente, pueden lavarse perfectamente las manos en aquellos casos que resulten difíciles.. Eso hizo el juez en el caso de la niña Paulette, y ahora lo volvieron a hacer los jueces de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que intervinieron en el caso de la francesa Florence Cassez, que ha pasado de delincuente a heroína.
En el caso dela niña Paulette no importaron las graves inconsistencias tanto en las declaraciones como en la investigación, lo que finalmente le costó el trabajo al Procurador de Justicia del Estado de México Alberto Bazbaz; el fallo final de accidente, avalado públicamente por Enrique Peña Nieto, Gobernador del Estado de México en ese entonces, fué lo que se quedó.
Y hoy vuelve a ocurrir lo mismo, solo que esta vez con jueces de mayor nivel; hoy vuelven a decirnos que su fallo es estrictamente apegado a la ley, y más aún, esta vez incluso se aseguraron de dejar muy claro que no fallaron en torno a la culpabilidad o inocencia de la francesa; si no que se limitaron a decidir si el procedimiento de detención de la misma fué apegado a la ley o no. Dicho en otras palabras, había que ser estrictos en que se hiciera justicia a la persona señalada como presunta culpable; dejando a un lado el que se hiciera justicia a quienes afirmaban haber sido víctimas de esa persona.
Y peor aún, en este caso ni siquiera podemos decir que el fallo fué en base a haberse apegado estrictamente a la letra de la ley, si no más bien, el fallo final se dió por la INTERPRETACIÓN que la mayoría de los jueces hicieron de la ley, pues hubo otros jueces que opinaron diferente y a su juicio no procedía el amparo liso y llano que liberó a la francesa.
Luego entonces, todos aquellos que hoy dicen que el fallo fué con apego a la ley, están equivocados; el fallo fué resultado de la interpretación de la ley, y vimos muy claro que hay más de una interpretación, y una vez más Enrique Peña Nieto, ahora como Presidente de la República; se muestra conforme con el fallo.
En tales circunstancias, ¿no deberíamos aspirar a tener una ley clara y precisa que de tal manera que no se dependiera de la interpretación de una mayoría de jueces para emitir un fallo?; ¿No sería mejor tener a éstos altos magistrados que cobran sueldos exhorbitantes avocados a presentar iniciativas de ley, para que no dejen lugar a juicios personales en cuanto a su aplicación, en lugar de pagarles tanto, tan solo para que las interpreten?. Y más aún, tenerlos para que intervengan solo en ciertos casos, ignorando a los miles de mexicanos que indebidamente estan presos, y con toda clase de iregularidades en el proceso, la verdad, se me hace excesivo y casi inútil, el sueldo que se les paga.
Tal parece que los jueces que integran la Suprema Corte de Justicia no les interesa crearse una imagen que haga que la ciudadanía perciba que ellos están ahí precisamente para asegurar que se haga justicia; parece que en vez de ello, prefieren conservar el poder de aplicarla a su discrecionalidad y eventualmente, y así poder conceder un amparo a una plagiaria señalada por sus víctimas, aduciendo irregularidades en el proceso, y negarlo a un sindicato que precisamente por irregularidades en el proceso lo pide.
Al igual que Ezequiel Elizalde, quien afirma haber sido víctima de Florence Cassez, yo tampoco sé mucho de leyes, pero casos como el de la niña Paulete, el de la misma Florence Cassez, (que ahora menosprecia a los jueces que le dieron la libertad al afirmar que la declararon inocente) y el del SME, sirven para que la población en general confirme su impresión de que no hay rigor y mucho menos imparcialidad en la aplicación de la ley; es un factor más que convence a la población de que la corrupción se enseñorea en nuestro país, y que entonces NO SE PUEDE.