Hace casi un año, en abril de
2013, publiqué en mi canal de Youtube “Ciencia Ciudadana”, un video al que puse el mismo título que a este
artículo. Así me referí entonces, al igual que lo sigo haciendo ahora, a la
llamada reforma de las telecomunicaciones, pues aunque esta se ha incluido
dentro del paquete de las reformas que moverán a México en beneficio de la
sociedad; la realidad es que esta en particular no es otra cosa más que
utilizar al gobierno de la República como árbitro en un pleito que los
gangsters……, perdón, gigantes de la industria de las telecomunicaciones tienen
desde hace tiempo, y que no logran ponerse de acuerdo en cómo repartirse ese
suculento pastel.
En el video (que les recomiendo
ver), expongo en síntesis que esta reforma se trata básicamente de dirimir las
diferencias entre los dueños del sector, pues los supuestos beneficios que se
anunciaron, y siguen anunciando, que traerán las modificaciones hechas a la
Constitución en esta materia, simple y sencillamente no ocurrirán por el solo
hecho de elevar a rango Constitucional el derecho humano al uso de las
tecnologías de información, y declarar a las telecomunicaciones como un bien
nacional, pues hay muchos otros conceptos que tienen rango constitucional, como
por ejemplo el derecho a un salario remunerador, o el que nadie pueda ser
detenido sin la orden de un juez, y no se cumplen, así estén consagrados en la
Constitución.
A 10 meses de distancia, el
tiempo me ha dado la razón, y esta “famosa” reforma de las telecomunicaciones
vuelve a ser noticia, pero no porque ya se haya dado alguno de los beneficios
prometidos, o se esté trabajando en ello. Nadie ha abierto la boca para decir
si se ha tomado alguna acción para que México deje de ser el penúltimo lugar de
la OCDE en cuanto al desarrollo de sus telecomunicaciones; o que ya se tenga
al menos un plan definido para que dejemos de ser, también dentro de las OCDE,
el cuarto país con las tarifas más caras en telefonía fija, o porque ya se
hayan reducido los precios de la televisión restringida.
Tampoco se ha anunciado alguna
estrategia para que al menos una parte de los 102 millones de mexicanos que no
cuentan con acceso a servicios de banda ancha móvil, puedan hacerlo; ni si hay
alguna propuesta, mucho menos estrategia, para que se reduzca el número de 66
millones de mexicanos que no tienen acceso a internet. Por supuesto que aquí
muchos dirán: espérate, espérate, todavía no se ha hecho nada porque no están
aprobadas las leyes secundarias, si, esas mismas que en teoría deberían de
haber sido aprobadas el 9 de diciembre del año pasado, pero que al parecer no
corría ninguna prisa para aprobarlas y así empezar a trabajar en los beneficios
prometidos para los usuarios y la población en general.
Hoy día la farsa-reforma de las
telecomunicaciones está otra vez de moda porque a los dueños del negocio no les
parece que deban esperar a que estén las leyes secundarias aprobadas para
obtener los beneficios “cacareados” por el gobierno y los propios empresarios.
Pero no hablamos de los beneficios para la población, hablamos de los
beneficios para ellos, pues al Sr. Carlos Slim se le ocurrió que había que
cumplir el mandato constitucional, aún sin leyes secundarias, que le otorga el
beneficio a su empresa de televisión de paga “Dish”, para transmitir los
canales de televisión abierta, propiedad de sus competidores, a lo cual, por
supuesto, se oponen éstos últimos.
El engaño llamado reforma de las
telecomunicaciones ha “sacado el cobre”, y nos ha dejado ver que lo que urge en
realidad es resolver el pleito de los ricos magnates de esa industria, que son
con quienes en realidad se discute que es lo que habrá de ponerse en la
legislación secundaria, y todo parece indicar que aún no se ponen de acuerdo; o
más bien, que aún no se tiene la anuencia de ambas partes.
De los supuestos beneficios para
la población poco o nada veremos en el futuro, pues aún cuando realmente se
hicieran las inversiones por 700 mil millones de pesos que supuestamente la
reforma traerá como consecuencia, con el pleito actual hemos podido ver que lo
prioritario es complacer a los dueños de la industria, y en consecuencia esos
recursos se transformarán en beneficios para ellos, en primer término porque el
sistema económico neoliberal que seguimos propicia la concentración de la
riqueza en pocas manos, con lo cual el beneficio de que creará empleos bien
pagados será solo una promesa más incumplida; y en segundo lugar porque aún
cuando hubiera uno o dos competidores más, éstos no serán suficientes para
acabar con los monopolios actuales. Dudo mucho que a la población le llegue
algo más que migajas de esa derrama económica.
Al igual que pasó con la mal
llamada reforma laboral que no trajo el beneficio de disparar el empleo bien
pagado, como también se vociferó cuando se aprobó esa reforma, si no que al
contrario, a un año de su aprobación, lo que sucedió fue exactamente lo contrario, una disminución del
empleo y de su remuneración; así exactamente funcionará la reforma de las
telecomunicaciones, y ya estaremos pagando las mismas tarifas caras que hoy
pagamos, o quizás más onerosas, y sin aumentar significativamente el acceso de
la población a los servicios de internet e importará un bledo que sea un
derecho constitucional. Al tiempo.