Eso fue exactamente a lo que nos obligó el gobierno del D.F. en el caso del aumento al costo del pasaje en el "metro", que al hacerlo de esa forma, hay cierta semejanza con lo que cualquier asaltante nos obliga a hacer cuando por desgracia nos lo encontramos.
No sé si muchos pensarán que estoy exagerando, pero si lo analizamos despacio nos daremos cuenta de que para efectos prácticos el resultado es el mismo, en ambos casos nos obligan a entregar dinero sin que podamos defendernos, a cambio de nada; con la diferencia de que en al caso del GDF no nos vimos amenazados en el instante con un arma, y además nos hicieron una promesa de que con el dinero que nos sacarían de los bolsillos, nos entregarían un producto mejor, que en este caso sería un servicio mejor.
El asaltante no nos explica para que quiere el dinero, ni a nosotros nos interesa que lo haga, por lo tanto no puede haber engaño, la realidad es simple, nos escogió por azar como víctimas para perjudicarnos en ese momento. Pero en el caso de la autoridad, cuando decide "sacarnos" más dinero, el hecho tiende a ser más sofisticado, pues la manera que tiene para hacerlo es a través de elevar los impuestos, derechos o cuotas que cobra por los servicios que presta, y en ese caso, si no quiere aparecer como autoritario, pues tiene que dar alguna explicación para tal aumento.
El argumento que nos dio el GDF, además de que ya le resulta muy gravoso el subsidio a la tarifa, fue que el aumento se justificaría con un servicio mejor que habríamos de recibir en el futuro, que en el corto plazo sería el retiro del comercio ambulante que se realiza dentro de los vagones del "metro", o sea, quitarían a los famosos "vagoneros", que si bien es cierto que a muchos les resultan molestos, su sola existencia nos dice que a otros tantos no les incomoda, más aún, de alguna manera "sienten" que están recibiendo un servicio al comprar lo que ofrecen.
Y tal razonamiento no fue ajeno a las autoridades, pues para cumplir con quitarlos, por un lado dirigieron el mensaje a quienes les resultan molestos, diciéndoles que con el aumento resolverían el problema aumentando la vigilancia, y a los otros el mensaje fue a través de una campaña publicitaria en la que se les señalaba como "culpables" de que el problema existiera al comprarles a los "vagoneros".
Y peor aún, ahora después de que ya se ha aumentado el costo del pasaje, el GDF actúa como si apenas se hubiera dado cuenta de que quitar a los "vagoneros" no era tan sencillo; parece decirnos que no sabía que estos comerciantes informales estaban organizados, lo que equivale a decir que candorosamente pensaban que los "vagoneros" eran personas independientes entre sí, que a cada quien un día se le ocurrió comprar algo en algún lado para después revenderlo en el "metro"; parece que quiere hacerse el inocente en cuanto a que indudablemente atrás de esta actividad aparece, una vez más, la sombra de la corrupción.
Así las cosas, las autoridades se encuentran hoy día con que solo con aumentar la vigilancia no será posible retirarlos, pues los "vagoneros", y quienes los controlan, ya demostraron con la escaramuza ocurrida en la estación "Candelaria" que están dispuestos a defender con violencia su fuente de ingresos. Y entonces, y para no destapar la cloaca, el GDF recurre al argumento de que para quitarlos es necesario un plan de tipo económico, pues después de todo, pobrecitos "vagoneros", que van a hacer si les quitamos la fuente del sustento de sus familias.
Con esto el GDF pretende hacernos ver que esta buscando una solución con un tinte humano, y entonces nos dicen que el plan económico podrá aplicarse con recursos generados por el aumento de la tarifa; lo que equivale a decir que todos los usuarios del metro tuvimos que pagar para que quitaran a los "vagoneros", lo cual, por cierto, no nos dijeron antes de aumentar la tarifa..
El plan consiste en pagarle a cada "vagonero", con un máximo de 2,500 individuos, la cantidad de 2,018 pesos (un salario mínimo mensual), durante seis meses, lapso en el que el propio GDF les dará capacitación para que consigan otro empleo; solución que me parece verdaderamente peregrina, pues para empezar nadie puede vivir con un salario mínimo, y entonces surgen algunas preguntas: ¿porque habrían de resignarse a percibir tan solo un salario mínimo?, o si era eso lo que ganaban vendiendo, ¿porque habrían de aceptar mantener sus ingresos solo por seis meses más?; ¿porque solo se incluirá en el plan un máximo de 2500 personas, si tan solo del 13 de diciembre al 7 de febrero ya van 3,200 detenidos?; ¿acaso hay algún censo?
Todas éstas preguntas parecen tener solo una respuesta: eso es lo que se negoció con los líderes de los "vagoneros", y en consecuencia éstos últimos oirán de sus líderes la clásica frase: "esto es lo que se pudo obtener, lo tomas o lo dejas". Por supuesto que nunca sabremos que es lo que pudieron obtener los líderes de los "vagoneros".
Dudo mucho que esta solución sea perdurable, mas temprano que tarde volveremos a ver el comercio informal en los vagones del "metro", simple y sencillamente porque la solución es más compleja y escapa a las posibilidades del gobierno del Distrito Federal, pues no se trata únicamente de algunas gentes que prefieren vender en el "metro" a trabajar atrás de un mostrador o de obreros en una fábrica, o porque no saben hacer otra cosa; de hecho ya el Secretario de Desarrollo Económico del D.F., Salomón Chertorivsky, titubeo al responder en una entrevista radiofónica que nunca se va a llegar a cero "vagoneros", pues eso no sucede en ningún país del mundo, y entonces pregunto otra vez, ¿porque no nos dijeron eso antes de aumentar la tarifa?
El origen del problema es un sistema económico que cada día hace menos necesaria la mano de obra, y en consecuencia se generan menos empleos, y eso tanto los gobiernos locales como el federal parecen no entenderlo, o peor aún, lo saben, pero les conviene mantenerlo así, porque genera una población mayoritariamente pobre y en consecuencia más manejable.
Pero ya sea por incapacidad o por conveniencia perversa, el hecho es que el cuestionable plan para cumplir la primera de las justificaciones para aumentar la tarifa, es una señal de que el velo de la mentira rápidamente empezará a descorrerse, y nos permitirá ver que las justificaciones que el GDF dio para aumentar el costo del pasaje, habrán sido o una "chambonada" o un vulgar engaño;
Cualquier empresa seria que pretende aumentar el precio de su producto o servicio, lo hace primero elevando la calidad de lo que ofrece, y no imponiendo el nuevo precio con promesas de que el producto o servicio en el futuro será mejor, pues simplemente nadie pagaría más por una simple promesa; y menos aún cuando dicha promesa no está soportada por análisis serios y convincentes, si no tan solo, como fue el caso, por simples promesas, que la primera de ellas, el retiro de los "vagoneros", esta demostrando que era pura demagogia; ¿porqué habríamos de creer que las demás como la rehabilitación de los 105 trenes parados por falta de mantenimiento o la compra de vagones nuevos, serán realidad?; ¿quién puede ahora convencernos de que no ha sido la corrupción y/o ineficiencia las culpables de la falta de recursos para el mantenimiento y compra de vagones?.
Pero claro, aquí no estamos hablando de una empresa seria, si no de un gobierno que tiene monopolizado el transporte, corrompida su organización, y el uso de la fuerza pública para obligarnos a primero "caernos con la lana" y después......, después ya veremos.
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