Hace unos días leí en Internet un
artículo publicado por un medio de comunicación llamado “Movimiento por la IV
República”, y titulado ¿Porqué no estalla una revolución?, el cual me perece
que bien vale la pena una reflexión.
Y lo vale desde la sentencia
inicial que cuestiona: “¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas
y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a
la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el
presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?”
En realidad, por lo menos a mí,
no me produce ninguna perplejidad, pues es perfectamente explicable, y por lo
tanto comprensible, que la gran mayoría de la gente no se “mueva” de su línea
de actividades normales, por más que sucedan a su alrededor, y hasta le “pasen
rozando” o de plano le impacten los disparos de la corrupción, la ineptitud, las
decisiones que le afectan en lo económico y hasta el descaro de nuestros
políticos. Más aún, también pueden pasarle zumbando cerca las balas reales de
la violencia, y aún así no dejará de hacer su vida cotidiana.
Lo único que hace “despertar” a
algunos de esa gran mayoría, y solo a algunos, es sufrir en carne propia las
consecuencias del deterioro de nuestro tejido social, o sea, cuando la
violencia económica o principalmente la física los alcanza directamente a
ellos, mientras no sea así, no habrá razón suficiente para tomar acción e
iniciar y/o unirse a las acciones de protesta que la minoría ya realiza.
Somos una minoría los que en
Internet o en la calle, o de alguna otra forma elevamos nuestra voz para
protestar, para señalar aquello que nos lastima, que nos perjudica, que golpea
nuestra dignidad y bienestar; somos una minoría los que transformamos nuestra
indignación en acción; y seguiremos siendo una minoría mientras sigamos
tratando de convencer a la mayoría de aquello que pregonamos, sin pensar que
será muy difícil de que nos presten atención mientras sigan esclavizados y
condenados a llevar una vida de penosa subsistencia, y menos aún si la protesta es a través de manifestaciones que les afectan sus actividades.
Y además si la minoría se sigue dividiendo en sub-minorías, pues entonces no habrá
un rumbo claro que presentarle a la gran mayoría que no tiene tiempo ni ganas para
detenerse a pensar, analizar y evaluar los diferentes postulados que cada
sub-minoría presenta; y peor aún si consideramos que el binomio políticos y
grandes empresarios, también bombardea a esa gran mayoría con píldoras de
banalidad que le suministra principal y efectivamente por la vía ocular a
través de la televisión. Un medio muchísimo más efectivo que con los que
cuentan las sub-minorías para hacer llegar su mensaje.
De esta forma, aunque parezca
paradójico y haya quien no lo crea, las mismas sub-minorías cooperamos eficazmente para que la mayoría no
despierte, pues al emitir cada una un mensaje diferente, que en no pocas
ocasiones se contraponen, terminan por crear confusión y así la gran mayoría al
final opta por lo más sencillo: no hacerle caso a nadie.
En efecto, entre los que
protestamos hay una amplia variedad de mensajes, incluso opuestos, así tenemos
quien propone desestabilizar el sistema económico creando mercados alternativos,
mientras otros proponen que basta con combatir los monopolios; hay quien
sostiene que lo que hay que hacer antes que nada es acabar con la corrupción
con leyes más severas, mientras otros afirman que eso no servirá si no se
mejora la educación; alguien más nos dice que el problema es la culturización que
nos ha hecho adorar el dinero, mientras otros sostienen que lo que necesitamos
son más multimillonarios que creen empleos; hay quien propone eliminar los
partidos políticos, mientras otros nos dicen que hay que crear nuevos pues los
viejos no funcionan; y desde luego existen los radicales que sentencian que la
única opción es tomar las armas para derrocar al actual gobierno.
Ante tal variedad de postulados
muchas veces contradictorios, además de crear indecisión, se fortalece en la
gran mayoría la idea de que esas sub-minorías en realidad no buscan ayudarles a
mejorar, si no que obedecen a sus propios intereses que buscan poder y/o
dinero.
No es casualidad que cada vez a
más gente perteneciente a la mayoría inmovilizada le escuchemos decir que ya no
cree en nada ni en nadie, y en esas circunstancias, aun cuando no lo diga, solo
atiende al mensaje que venga acompañado de una oferta concreta para mejorar sus
circunstancias, y esa oferta puede ser desde tan solo $500, que en muchos casos
pueden significar oro molido, hasta algo más sustancioso como por ejemplo una
disminución de impuestos o el establecimiento de un servicio gratuito. Entonces
sí apoyará en la forma que se lo pida a aquel que le otorgara tales beneficios.
Y ahí es en donde estamos en
desventaja las sub-minorías, pues en la gran mayoría de los casos no podemos
ofrecer cosas concretas, sino solo promesas de que habría una mejoría si se
apoya a algo o a alguien, y solo en algunos casos, por ejemplo, cuando esas sub-minorías se organizan como
asociaciones civiles entonces sí pueden darle a la gente algo concreto, así
signifique tan solo un paliativo a su precaria situación.
Es común que las asociaciones
civiles que no son auspiciadas por grandes empresas, terminen adaptándose al
sistema, convirtiendo en su “modus vivendi” el buscar los escasos fondos
públicos que el sistema les otorga para que sigan beneficiando a unos cuantos,
y así ayudar a perpetuar el propio sistema al matar cualquier posibilidad de
que el beneficiado proteste por su situación, pues después de todo no está tan
mal, pues hubo una alma caritativa que lo ayudo; misma consecuencia que
producen las asociaciones civiles que son auspiciadas por grandes empresas, que
además les sirve de publicidad a estas últimas, y en algunos casos hasta se
convierten en negocios.
No es mi intención juzgar aquí si
la existencia de las asociaciones civiles es válida o no, y mucho menos
criticar a la gente que decide alzar la voz para protestar e invitar a los
demás a hacerlo. Lo único que pretendo es responder a la pregunta de ¿Por qué
no estalla una revolución?, cuando día a día suceden hechos que quizás en otros
países si la provocarían. La gran mayoría de los mexicanos aún no llegamos a la
situación desesperada que se necesita para seguir a un líder que nos haya
convencido de que la revolución es la única salida; tal y como ocurrió en 1910.
Ciertamente la torpeza del actual
gobierno está haciéndonos “acelerar el paso” para que cada vez más mexicanos
lleguemos a dicha situación desesperada, y yo espero que antes de que eso
suceda, las minorías nos hallamos dado cuenta de que para obtener el apoyo de
la mayoría primero debemos facilitarles el acceso a una vida digna que les
permita estar en posibilidades de analizar y decidir qué es lo mejor para ellos
y para el país, y eso solo lo lograremos sacándolos de la pobreza.
Es por eso que quiero convencerlos
de que apoyen mi propuesta que precisamente tiene el fin de combatir la
pobreza.