lunes, 9 de febrero de 2015

¿QUE PORQUE NO ESTALLA UNA REVOLUCIÓN?

Hace unos días leí en Internet un artículo publicado por un medio de comunicación llamado “Movimiento por la IV República”, y titulado ¿Porqué no estalla una revolución?, el cual me perece que bien vale la pena una reflexión.

Y lo vale desde la sentencia inicial que cuestiona: “¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?”

En realidad, por lo menos a mí, no me produce ninguna perplejidad, pues es perfectamente explicable, y por lo tanto comprensible, que la gran mayoría de la gente no se “mueva” de su línea de actividades normales, por más que sucedan a su alrededor, y hasta le “pasen rozando” o de plano le impacten los disparos de la corrupción, la ineptitud, las decisiones que le afectan en lo económico y hasta el descaro de nuestros políticos. Más aún, también pueden pasarle zumbando cerca las balas reales de la violencia, y aún así no dejará de hacer su vida cotidiana.

Lo único que hace “despertar” a algunos de esa gran mayoría, y solo a algunos, es sufrir en carne propia las consecuencias del deterioro de nuestro tejido social, o sea, cuando la violencia económica o principalmente la física los alcanza directamente a ellos, mientras no sea así, no habrá razón suficiente para tomar acción e iniciar y/o unirse a las acciones de protesta que la minoría ya realiza.

Somos una minoría los que en Internet o en la calle, o de alguna otra forma elevamos nuestra voz para protestar, para señalar aquello que nos lastima, que nos perjudica, que golpea nuestra dignidad y bienestar; somos una minoría los que transformamos nuestra indignación en acción; y seguiremos siendo una minoría mientras sigamos tratando de convencer a la mayoría de aquello que pregonamos, sin pensar que será muy difícil de que nos presten atención mientras sigan esclavizados y condenados a llevar una vida de penosa subsistencia, y menos aún si la protesta es a través de manifestaciones que les afectan sus actividades.

Y además si la minoría se sigue dividiendo en sub-minorías, pues entonces no habrá un rumbo claro que presentarle a la gran mayoría que no tiene tiempo ni ganas para detenerse a pensar, analizar y evaluar los diferentes postulados que cada sub-minoría presenta; y peor aún si consideramos que el binomio políticos y grandes empresarios, también bombardea a esa gran mayoría con píldoras de banalidad que le suministra principal y efectivamente por la vía ocular a través de la televisión. Un medio muchísimo más efectivo que con los que cuentan las sub-minorías para hacer llegar su mensaje.

De esta forma, aunque parezca paradójico y haya quien no lo crea, las mismas sub-minorías  cooperamos eficazmente para que la mayoría no despierte, pues al emitir cada una un mensaje diferente, que en no pocas ocasiones se contraponen, terminan por crear confusión y así la gran mayoría al final opta por lo más sencillo: no hacerle caso a nadie.

En efecto, entre los que protestamos hay una amplia variedad de mensajes, incluso opuestos, así tenemos quien propone desestabilizar el sistema económico creando mercados alternativos, mientras otros proponen que basta con combatir los monopolios; hay quien sostiene que lo que hay que hacer antes que nada es acabar con la corrupción con leyes más severas, mientras otros afirman que eso no servirá si no se mejora la educación; alguien más nos dice que el problema es la culturización que nos ha hecho adorar el dinero, mientras otros sostienen que lo que necesitamos son más multimillonarios que creen empleos; hay quien propone eliminar los partidos políticos, mientras otros nos dicen que hay que crear nuevos pues los viejos no funcionan; y desde luego existen los radicales que sentencian que la única opción es tomar las armas para derrocar al actual gobierno.

Ante tal variedad de postulados muchas veces contradictorios, además de crear indecisión, se fortalece en la gran mayoría la idea de que esas sub-minorías en realidad no buscan ayudarles a mejorar, si no que obedecen a sus propios intereses que buscan poder y/o dinero.

No es casualidad que cada vez a más gente perteneciente a la mayoría inmovilizada le escuchemos decir que ya no cree en nada ni en nadie, y en esas circunstancias, aun cuando no lo diga, solo atiende al mensaje que venga acompañado de una oferta concreta para mejorar sus circunstancias, y esa oferta puede ser desde tan solo $500, que en muchos casos pueden significar oro molido, hasta algo más sustancioso como por ejemplo una disminución de impuestos o el establecimiento de un servicio gratuito. Entonces sí apoyará en la forma que se lo pida a aquel que le otorgara tales beneficios.

Y ahí es en donde estamos en desventaja las sub-minorías, pues en la gran mayoría de los casos no podemos ofrecer cosas concretas, sino solo promesas de que habría una mejoría si se apoya a algo o a alguien, y solo en algunos casos, por ejemplo,  cuando esas sub-minorías se organizan como asociaciones civiles entonces sí pueden darle a la gente algo concreto, así signifique tan solo un paliativo a su precaria situación.

Es común que las asociaciones civiles que no son auspiciadas por grandes empresas, terminen adaptándose al sistema, convirtiendo en su “modus vivendi” el buscar los escasos fondos públicos que el sistema les otorga para que sigan beneficiando a unos cuantos, y así ayudar a perpetuar el propio sistema al matar cualquier posibilidad de que el beneficiado proteste por su situación, pues después de todo no está tan mal, pues hubo una alma caritativa que lo ayudo; misma consecuencia que producen las asociaciones civiles que son auspiciadas por grandes empresas, que además les sirve de publicidad a estas últimas, y en algunos casos hasta se convierten en negocios.

No es mi intención juzgar aquí si la existencia de las asociaciones civiles es válida o no, y mucho menos criticar a la gente que decide alzar la voz para protestar e invitar a los demás a hacerlo. Lo único que pretendo es responder a la pregunta de ¿Por qué no estalla una revolución?, cuando día a día suceden hechos que quizás en otros países si la provocarían. La gran mayoría de los mexicanos aún no llegamos a la situación desesperada que se necesita para seguir a un líder que nos haya convencido de que la revolución es la única salida; tal y como ocurrió en 1910.

Ciertamente la torpeza del actual gobierno está haciéndonos “acelerar el paso” para que cada vez más mexicanos lleguemos a dicha situación desesperada, y yo espero que antes de que eso suceda, las minorías nos hallamos dado cuenta de que para obtener el apoyo de la mayoría primero debemos facilitarles el acceso a una vida digna que les permita estar en posibilidades de analizar y decidir qué es lo mejor para ellos y para el país, y eso solo lo lograremos sacándolos de la pobreza.

Es por eso que quiero convencerlos de que apoyen mi propuesta que precisamente tiene el fin de combatir la pobreza.


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