lunes, 26 de enero de 2015

LAS AUTOOFENSAS

A mediados del 2013, México se sacudía con la aparición de las llamadas “Autodefensas”, que no eran otra cosa más que el “remedio casero” aplicado por la población misma, contra una enfermedad llamada narcotráfico que nuestro “médico” (el gobierno) no era capaz de sanar. Cualquier semejanza con nuestro sistema de salud pública, es mera coincidencia.

Por aquellas fechas, agosto de 2013, publique aquí mismo un artículo que titulé “El Canto de las Armas”, pues en ese entonces muchos, al ver el éxito que tuvieron al principio las Autodefensas para expulsar de sus comunidades a los narcotraficantes, entusiastamente afirmaron que por fin el pueblo había despertado, y se apreciaban así los albores de una segunda revolución armada, único camino, según ellos, para resolver los problemas de nuestro atribulado México.

Y con el artículo que menciono en el párrafo anterior, le hice al “aguafiestas”, pues puse en duda que ese fuera realmente el camino a seguir. Transcribo el párrafo en el que expuse mis cuestionamientos: 
   
“Pero ¿en verdad esa es la solución?; ¿qué tanto tiempo deberán permanecer armados los llamados "grupos de autodefensa"?; ¿siempre estarán controlados por líderes sabios que sabrán comandarlos en todo momento de manera adecuada?; ¿que garantiza que no las dispararán entre ellos mismos cuando existan diferencias?”

Desgraciadamente el tiempo me dio la razón, y hoy día la balacera ocurrida en Apatzingán, demuestra que las autodefensas han terminado por ser un proyecto malogrado, y no solo por los puntos transcritos en el párrafo anterior, sino también porque no contábamos con la “astucia” de nuestro “médico” que, si queremos pecar de candorosos, pensaríamos que por celos profesionales adulteró el remedio casero utilizado por la población, metiéndolo en una “cajita” que lo haría aparecer como medicina del gobierno, a la que llamó “Policías Comunitarias”; pero si somos mal pensados, creeríamos que la adulteración provino de un fin oscuro en favor de los narcotraficantes. En cualquier caso, como frecuentemente ocurre con los tratamientos que da el gobierno, no se logró sanar al paciente.

La adulteración del exitoso remedio casero aplicado al enfermo Michoacán, terminó por convertir a las Autodefensas en Autoofensas, pues si atendemos a lo expresado por voces de quienes viven en las zonas afectadas, como por ejemplo el sacerdote Gregorio López, conocido como el “Padre Goyo”, encontramos que algunos de quienes relevaron a aquellos grupos originales que lograron expulsar a los narcotraficantes, son ahora quienes amedrentan, extorsionan, vejan y asesinan a la población.

Al privar de la libertad al Dr. José Manuel Mireles, principal líder y fundador de las Autodefensas, fue aprisionada también la libertad misma de aquellos a quienes noblemente defendía el propio Dr. Mireles, dejándolos a merced de los delincuentes, tal y como él mismo lo señaló cuando le pidieron que entregara las armas. Al igual como lo hicieron los anteriores gobiernos priístas con el objetivo de lograr el bienestar para todos los mexicanos que motivó la Revolución Mexicana, ahora el actual gobierno aniquiló el legítimo derecho de los ciudadanos a defenderse, cuando las autoridades fallan en esa encomienda.

No, el camino para salir de nuestros problemas no es la lucha armada, no hay una cultura suficiente dentro de la población, como para mantenerse firmes en sus principios, como quedó demostrado en este caso, en el que solo uno de los líderes, el Dr. Mireles, se mantuvo incorruptible, fiel a sus principios. No sé si hoy Hipólito Mora, preso y habiendo perdido un hijo, esté arrepentido de haberse alineado con el gobierno; quizás sí, pero no lo expresa pues aún persigue el objetivo de ser diputado local, dejando de lado la noble lucha original.

Si necesitamos una segunda Revolución Mexicana, pues no hay otra forma de que el gobierno se percate de su torpe accionar, pero se requiere una revolución que no repita los errores de la primera; una que, a diferencia de la que estalló en 1910, permita consolidar el objetivo de asegurar el bienestar de la población. Transcribo el párrafo final del mismo artículo “El Canto de las Armas” (que les recomiendo leer o releer, según sea el caso), en el que al respecto señalo: 

“Es tiempo de una segunda revolución, pero esta vez, debe ser una revolución en la mentalidad de los mexicanos, debe gestarse en las ideas que surjan de nosotros, en la decisión de convertir esas ideas en acciones concretas basados en el uso de la fuerza de la razón y la unión de todos. Así justificaríamos la muerte de todos aquellos que cayeron en la Revolución Mexicana; demostrando que hemos avanzado y que ahora creemos firmemente que el bienestar está al alcance de nuestra participación decidida para enderezar los lineamientos que nos legó esa Revolución, y que hoy el gobierno es incapaz de hacer cumplir. Nos toca demostrar que el bienestar de todos los mexicanos está al alcance de nuestra inteligencia, y no al alcance de un gatillo”.  

Nuestros problemas se van a resolver cuando logremos aumentar el nivel de cultura de la población, que dé como resultado una mayor conciencia social, y eso no sucederá mientras sigamos permitiendo el avance de la pobreza. Apoya mi propuesta para luchar contra ella.


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