A mediados del 2013, México se
sacudía con la aparición de las llamadas “Autodefensas”, que no eran otra cosa
más que el “remedio casero” aplicado por la población misma, contra una
enfermedad llamada narcotráfico que nuestro “médico” (el gobierno) no era capaz
de sanar. Cualquier semejanza con nuestro sistema de salud pública, es mera
coincidencia.
Por aquellas fechas, agosto de
2013, publique aquí mismo un artículo que titulé “El Canto de las Armas”, pues
en ese entonces muchos, al ver el éxito que tuvieron al principio las
Autodefensas para expulsar de sus comunidades a los narcotraficantes,
entusiastamente afirmaron que por fin el pueblo había despertado, y se
apreciaban así los albores de una segunda revolución armada, único camino, según
ellos, para resolver los problemas de nuestro atribulado México.
Y con el artículo que menciono en
el párrafo anterior, le hice al “aguafiestas”, pues puse en duda que ese fuera
realmente el camino a seguir. Transcribo el párrafo en el que expuse mis cuestionamientos:
“Pero
¿en verdad esa es la solución?; ¿qué tanto tiempo deberán permanecer
armados los llamados "grupos de
autodefensa"?; ¿siempre estarán controlados por líderes sabios que
sabrán comandarlos en todo momento de manera adecuada?; ¿que garantiza que
no las dispararán entre ellos mismos cuando existan diferencias?”
Desgraciadamente el tiempo me dio
la razón, y hoy día la balacera ocurrida en Apatzingán, demuestra que las autodefensas han terminado por ser un proyecto
malogrado, y no solo por los puntos transcritos en el párrafo anterior, sino
también porque no contábamos con la “astucia” de nuestro “médico” que, si
queremos pecar de candorosos, pensaríamos que por celos profesionales adulteró
el remedio casero utilizado por la población, metiéndolo en una “cajita” que lo
haría aparecer como medicina del gobierno, a la que llamó “Policías
Comunitarias”; pero si somos mal pensados, creeríamos que la adulteración
provino de un fin oscuro en favor de los narcotraficantes. En cualquier caso,
como frecuentemente ocurre con los tratamientos que da el gobierno, no se logró
sanar al paciente.
La adulteración del exitoso
remedio casero aplicado al enfermo Michoacán, terminó por convertir a las
Autodefensas en Autoofensas, pues si atendemos a lo expresado por voces de
quienes viven en las zonas afectadas, como por ejemplo el sacerdote Gregorio
López, conocido como el “Padre Goyo”, encontramos que algunos de quienes relevaron a aquellos
grupos originales que lograron expulsar a los narcotraficantes, son ahora
quienes amedrentan, extorsionan, vejan y asesinan a la población.
Al privar de la libertad al Dr.
José Manuel Mireles, principal líder y fundador de las Autodefensas, fue
aprisionada también la libertad misma de aquellos a quienes noblemente defendía
el propio Dr. Mireles, dejándolos a merced de los delincuentes, tal y como él
mismo lo señaló cuando le pidieron que entregara las armas. Al igual como lo
hicieron los anteriores gobiernos priístas con el objetivo de lograr el
bienestar para todos los mexicanos que motivó la Revolución Mexicana, ahora el
actual gobierno aniquiló el legítimo derecho de los ciudadanos a defenderse,
cuando las autoridades fallan en esa encomienda.
No, el camino para salir de
nuestros problemas no es la lucha armada, no hay una cultura suficiente dentro
de la población, como para mantenerse firmes en sus principios, como quedó
demostrado en este caso, en el que solo uno de los líderes, el Dr. Mireles, se
mantuvo incorruptible, fiel a sus principios. No sé si hoy Hipólito Mora, preso y habiendo perdido un hijo, esté
arrepentido de haberse alineado con el gobierno; quizás sí, pero no lo expresa
pues aún persigue el objetivo de ser diputado local, dejando de lado la noble
lucha original.
Si necesitamos una segunda
Revolución Mexicana, pues no hay otra forma de que el gobierno se percate de su
torpe accionar, pero se requiere una revolución que no repita los errores de la
primera; una que, a diferencia de la que estalló en 1910, permita consolidar el
objetivo de asegurar el bienestar de la población. Transcribo el párrafo final
del mismo artículo “El Canto de las Armas” (que les recomiendo leer o releer,
según sea el caso), en el que al respecto señalo:
“Es
tiempo de una segunda revolución, pero esta vez, debe ser una revolución
en la mentalidad de los mexicanos, debe gestarse en las ideas que surjan de
nosotros, en la decisión de convertir esas ideas en acciones concretas basados
en el uso de la fuerza de la razón y la unión de todos. Así
justificaríamos la muerte de todos aquellos que cayeron en la Revolución
Mexicana; demostrando que hemos avanzado y que ahora creemos firmemente que el
bienestar está al alcance de nuestra participación decidida para enderezar
los lineamientos que nos legó esa Revolución, y que hoy el gobierno es
incapaz de hacer cumplir. Nos toca demostrar que el bienestar de todos los
mexicanos está al alcance de nuestra inteligencia, y no al alcance de
un gatillo”.
Nuestros problemas se van a
resolver cuando logremos aumentar el nivel de cultura de la población, que dé
como resultado una mayor conciencia social, y eso no sucederá mientras sigamos
permitiendo el avance de la pobreza. Apoya mi propuesta para luchar contra
ella.
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