lunes, 13 de octubre de 2014

PUES ALGO ASÍ COMO LIMPIEZA SOCIAL

Para quienes estamos interesados en lo que pasa en nuestro país, en estos días es prácticamente imposible no hablar del caso Ayotzinapa, un hecho que ha logrado levantar el clamor popular, que incluso ha trascendido nuestras fronteras. Y no es para menos, el que en México se haya llegado a la posibilidad de efectuar asesinatos en masa impunemente y a plena luz del día, es para poner a pensar a cualquiera; y estoy seguro que entre los que más se han detenido a reflexionar en ello están los posibles inversionistas extranjeros; esos que el actual gobierno ha estado tratando de enamorar ofreciéndoles jugosos negocios como el petróleo y en general el de la energía, y además con leyes a modo, como la laboral, la financiera y la energética; o sea, el país en charola de plata.

No creo que sea difícil imaginarnos que los inversionistas foráneos lo pensarán dos veces antes de venir a invertir su capital en un país en donde la violencia cada día toma más fuerza, y en consecuencia donde la vida cada día vale menos. Y aquí es donde se preocupa el gobierno, lo cual, a mi juicio, quedó demostrado con el hecho de que Peña Nieto tardó varios días en salir a decir cuánto le indignaba el suceso ocurrido en el nuevo Estado de Iguala (supongo que es nuevo, pues así lo llamó el Sr. Peña, aunque no nos dijo cuando se independizó de Guerrero). ¿Qué porqué lo pienso así, veamos?

Si el gobierno federal no expresó su repudio a tan monstruoso acto delictivo, y mucho menos anunció su intervención desde el primer día, podemos suponer que lo consideró como un hecho más de la ya cotidiana violencia que se vive en México, luego entonces pues que se ocupen de ello las autoridades locales, tal y como corresponde; sin embargo semana y media después, sale a decirnos que siempre sí va a intervenir el Gobierno Federal; ¿Qué fue lo que pasó, que hizo cambiar de opinión al Sr. Peña Nieto?

El único cambio importante que yo veo, y que evidentemente el gobierno no esperaba que se presentara, fue que el repudio y exigencia de solución de los hechos, alcanzó el plano internacional. Políticos y organizaciones de otros países unieron sus voces a las de los mexicanos que se alzaron para exigir lo que cualquier gobierno que se precie de serlo, no necesita esperar a que le exijan: investigación, esclarecimiento y justicia.

En el ámbito nacional, nos hemos apresurado a realizar lo que nos sale muy bien cuando ocurren hechos que demuestran la torpeza e ineficacia de nuestro gobierno: las marchas. A través de ellas se pretende presionar para la localización de los 43 jóvenes que se presume secuestrados, y que además se haga justicia, que significa castigo a los responsables. Igual demanda han realizado nuestros diputados, senadores, el rector de la UNAM, y Miguel Ángel Mancera, artistas y deportistas famosos entre otras personalidades.

Y mientras en el ámbito nacional nos limitamos a pedir justicia, en el internacional, se pide además que el gobierno establezca las condiciones para que no se repitan este tipo de atrocidades, lo que nos deja ver que a los extranjeros no solo les preocupa el combate a la impunidad, sino que además nuestro gobierno establezca las condiciones necesarias para que en México exista la paz que garantice el que puedan venir tranquilamente a efectuar sus inversiones. Y ellos están en lo correcto, somos nosotros los que nos quedamos cortos exigiendo solo castigo a los responsables, es una muestra de que todos, ciudadanos, políticos, medios de comunicación y hasta intelectuales, ya no pensamos que lo que debemos exigirle al gobierno es que nos garantice la seguridad, que evite que seamos víctimas de la delincuencia; tal parece que estamos aceptando que dicha seguridad es algo así como un sueño lejano que no es posible lograr, pero que eso sí, cuando seamos víctima de dicha violencia estemos seguros que se va a castigar a los delincuentes.

Hoy día ni siquiera sabemos a ciencia cierta porque se atacó a los normalistas, ni hasta que grado el narco y la autoridad están coludidos, ni porque dos días después en la misma región se atacó de igual manera a un grupo de jóvenes futbolistas, en donde perdió la vida un joven jugador de 15 años; cuyo padre declara que fue por una apuesta millonaria; hecho al que no le prestaron mucha atención los medios a pesar de coincidir y tener las mismas características que el ataque a los normalistas. Quizás vende menos periódicos y logra menos rating la muerte de un joven futbolista que la de un joven normalista; o quizás sea por la cantidad de muertos en uno y otro caso.  Y en ese no saber, en ese lento avance de oscuras investigaciones, ese manejo mercantilista de los medios y ese conformismo de nosotros al limitarnos a solo pedir justicia, lo más probable es que nunca sepamos la verdad; quizás nunca sepamos si las personas detenidas son los responsables o meros chivos expiatorios; simplemente nos conformaremos con que nos digan que se castigó a alguien, tal y como sucedió en el trágico caso de la guardería “ABC”.

Y así las cosas agregaremos a nuestra historia otro capítulo más de impunidad, y peor que eso, habremos avanzado un tramo más en el camino que nos lleva  a alejarnos de la equidad y justicia para todos. Habremos aceptado que podemos vivir con el problema mientras la violencia acabe con la vida de ciudadanos comunes y corrientes, que en su gran mayoría son de escasos recursos, y en varios casos, ciudadanos molestos para el sistema como los normalistas rurales que “siempre andan protestando por todo y secuestrando camiones”.

Seguiremos practicando y fortaleciendo algo así como una “limpieza social”, que a quienes hoy se benefician del modelo neoliberal, los libre no solo de la indeseable gente hundida en la miseria, sino también de aquella que no se adapta al sistema, aquella que por estar excluida de las oportunidades que ofrece dicho modelo, sale sobrando. Esos son los que se la pasan protestando, los que entorpecen el progreso, los que espantan a los inversionistas extranjeros que vendrán  a hacer negocios con los grandes empresarios y políticos mexicanos, y que torpemente el gobierno cree que serán nuestros salvadores, pues suponen que con sus inversiones vendrá el progreso y bienestar para la mayoría. Su ambición e ignorancia no les permite ver que con nuestro modelo económico actual, lo único que traerán esas inversiones será más desigualdad, con ella más pobreza y en consecuencia más violencia.

Pero finalmente nosotros lo aceptamos, pues cuando la violencia nos pega en quien más queremos, nos conformamos con organizar marchas para pedir castigo para alguien, aunque no estemos seguros de que sea el verdadero responsable.

Apoya mi propuesta para recuperar la vida digna que todos merecemos.

lunes, 6 de octubre de 2014

AVANZAR HACIA ATRÁS

Pues como que cualquiera diría que eso no se puede, que avanzar hacia atrás es simplemente retroceder, luego entonces avanzar hacia atrás es un contrasentido; quizás el juicio más cercano para darle sentido sería aplicar el clásico retroceder para avanzar, que siendo estrictos no significa lo mismo.

Pero en nuestra vida política nacional puede suceder cualquier contrasentido, hace un par de años nuestros políticos y grandes empresarios se tomaron la libertad de llamarle avance al retroceso que sufrió la legislación laboral en materia de protección a los trabajadores; en aquel entonces eufóricos gritaron a los cuatro vientos que por fin se había roto el dique que impedía el crecimiento del empleo. Sin embargo en los inmediatos dos años siguientes, la realidad se encargó de restregarles en la cara su tremenda ignorancia, o quizás sacar a la luz su maldad, pues lo que ellos llamaron avance, en realidad fue un retroceso que no detuvo la disminución en la creación de empleos y por otro lado si empeoró la situación al provocar la pauperización del trabajo.

Lo mismo podemos decir de la mal llamada reforma hacendaria que entró en vigor para este año, la cual fue calificada por el titular de la SHCP, Luis Videgaray como un avance pues era justa y progresista pues haría que pagaran más impuestos quienes más tienen y además provocaría el desarrollo económico. La triste realidad, y aceptada por el propio Videgaray, es que no ha habido tal crecimiento económico, y que el aumento en la recaudación fiscal no proviene de un aumento en  el total de impuestos que han pagado los más ricos (sector en donde se incluyen las grandes empresas), si no que el incremento resulta del mayor pago de impuestos efectuado principalmente por la clase media.

Y así podríamos seguir dando ejemplos, y ustedes se aburrirían pues no habría señalado nada nuevo y por lo tanto digno de reflexión, pues ya todos sabemos que los políticos y los grandes empresarios frecuentemente mienten cuando se trata de convencernos de la bondad de sus decisiones, para así conservar su situación de privilegio, a lo cual nos hemos acostumbrado y por lo tanto eso ya ni lo vemos grave, vaya, ya ni siquiera consideramos importante protestar cuando sus mentiras quedan al descubierto.

Y esto último es lo que es digno de reflexión; pues el acostumbrarnos a permitir que los políticos y grandes empresarios crean que nos engañan, parece ser que está produciendo el peligroso efecto de que ya no nos interese juzgar los hechos que ocurren en nuestra vida política y social, y en esas circunstancias ya no podamos distinguir entre un avance y un retroceso, y eso si que es verdaderamente peligroso.

Y esto viene a cuento por los hechos que acaban de ocurrir en el Instituto Politécnico Nacional, en donde parece ser que la opinión pública califica como un avance la victoria de los estudiantes sobre las autoridades del IPN e incluso la Secretaría de Gobernación, al no permitir que les impusieran un nuevo reglamento interno así como un cambio en el plan de estudios, que a su juicio ambas cosas los perjudicaban.

Sin duda que es benéfico que el autoritarismo no triunfe sobre el diálogo, pero en un país democrático, como se supone que es el nuestro, tener que defenderse del autoritarismo no puede significar un avance, si no tan solo representa no permitir el retroceso, y lo que debe hacernos reflexionar, es el hecho de que para no aceptar la imposición, hubo de recurrirse a las consabidas manifestaciones callejeras; de nueva cuenta queda demostrado que las autoridades y el gobierno padecen una profunda sordera, que solo es capaz de escuchar el retumbar de miles de pies marchando.

No sé si el triunfo de los estudiantes vaya a representar un avance en la vida académica del Politécnico, espero que sí, pero procede preguntarnos ¿Por qué fue necesario que surgiera la diferencia entre la dirección y la comunidad politécnica, para que se plantearan peticiones que se supone mejorarán el desempeño de esa institución?. Parece como si hubiera sido necesario que la Dra. Yoloxóchitl Bustamante se equivocara para que entonces los estudiantes pidieran cosas tan elementales como, por ejemplo, que salieran los “porros” del Politécnico, que aumentaran el presupuesto para la institución y su democratización. ¿Si no les hubieran querido imponer un plan de estudios y un reglamento, nunca hubieran hecho tales demandas?

Si para proponer avances es necesario esperar a que se presente una coyuntura, y luego proceder a organizar marchas para ser escuchados, entonces no estamos avanzando. La actitud del gobierno de aceptar rápidamente todas las demandas, prácticamente sin ningún diálogo, me da la impresión de que para ellos lo que ocurra en el Politécnico no es importante; si quieren que la directora renuncie, pues que renuncie, si no quieren a la policía bancaria, pues la sacamos de las instalaciones, si no les gustó el plan de estudios y el reglamento que pretendían imponer la dirección, pues los cancelamos, si hombre, lo que ustedes quieran, y si quieren algo más, pues aquí en la calle lo arreglamos.

En este caso,  el mensaje que nos envió el gobierno a través del Secretario de Gobernación es que seremos complacidos en lo que pidamos siempre y cuando organicemos marchas “ordenadas y bonitas” como las que llevaron a cabo los estudiantes del Politécnico. No es efectivo mostrar inteligencia y presentar propuestas de solución a nuestros problemas en las oficinas correspondientes, de esa manera no nos van a escuchar, y eso me consta, lo eficaz es esperar hasta que haya algún conflicto con la autoridad para tener un pretexto para proceder a afectar la libertad de tránsito de terceros en las calles, y entonces si seremos atendidos, pues quizás no habremos mostrado inteligencia, pero “el músculo” si. Ni más ni menos que la institucionalización de las marchas; que contentos estarán los políticos y líderes gremiales y sociales  que son afectos a organizarlas.

Pues discúlpenme, pero si esa es la forma de avanzar, pues entonces estamos retrocediendo.

Yo sigo luchando porque mostremos inteligencia y hagamos que el gobierno escuche esta propuesta sin necesidad de tomar la calle. Apóyala.