Para quienes estamos interesados
en lo que pasa en nuestro país, en estos días es prácticamente imposible no
hablar del caso Ayotzinapa, un hecho que ha logrado levantar el clamor popular,
que incluso ha trascendido nuestras fronteras. Y no es para menos, el que en
México se haya llegado a la posibilidad de efectuar asesinatos en masa
impunemente y a plena luz del día, es para poner a pensar a cualquiera; y estoy
seguro que entre los que más se han detenido a reflexionar en ello están los posibles
inversionistas extranjeros; esos que el actual gobierno ha estado tratando de
enamorar ofreciéndoles jugosos negocios como el petróleo y en general el de la
energía, y además con leyes a modo, como la laboral, la financiera y la
energética; o sea, el país en charola de plata.
No creo que sea difícil
imaginarnos que los inversionistas foráneos lo pensarán dos veces antes de
venir a invertir su capital en un país en donde la violencia cada día toma más
fuerza, y en consecuencia donde la vida cada día vale menos. Y aquí es donde se
preocupa el gobierno, lo cual, a mi juicio, quedó demostrado con el hecho de
que Peña Nieto tardó varios días en salir a decir cuánto le indignaba el suceso
ocurrido en el nuevo Estado de Iguala (supongo que es nuevo, pues así lo llamó
el Sr. Peña, aunque no nos dijo cuando se independizó de Guerrero). ¿Qué porqué
lo pienso así, veamos?
Si el gobierno federal no expresó
su repudio a tan monstruoso acto delictivo, y mucho menos anunció su
intervención desde el primer día, podemos suponer que lo consideró como un
hecho más de la ya cotidiana violencia que se vive en México, luego entonces
pues que se ocupen de ello las autoridades locales, tal y como corresponde; sin
embargo semana y media después, sale a decirnos que siempre sí va a intervenir
el Gobierno Federal; ¿Qué fue lo que pasó, que hizo cambiar de opinión al Sr.
Peña Nieto?
El único cambio importante que yo
veo, y que evidentemente el gobierno no esperaba que se presentara, fue que el
repudio y exigencia de solución de los hechos, alcanzó el plano internacional.
Políticos y organizaciones de otros países unieron sus voces a las de los
mexicanos que se alzaron para exigir lo que cualquier gobierno que se precie de
serlo, no necesita esperar a que le exijan: investigación, esclarecimiento y
justicia.
En el ámbito nacional, nos hemos
apresurado a realizar lo que nos sale muy bien cuando ocurren hechos que
demuestran la torpeza e ineficacia de nuestro gobierno: las marchas. A través
de ellas se pretende presionar para la localización de los 43 jóvenes que se
presume secuestrados, y que además se haga justicia, que significa castigo a
los responsables. Igual demanda han realizado nuestros diputados, senadores, el
rector de la UNAM, y Miguel Ángel Mancera, artistas y deportistas famosos entre otras personalidades.
Y mientras en el ámbito nacional
nos limitamos a pedir justicia, en el internacional, se pide además que el
gobierno establezca las condiciones para que no se repitan este tipo de
atrocidades, lo que nos deja ver que a los extranjeros no solo les preocupa el
combate a la impunidad, sino que además nuestro gobierno establezca las
condiciones necesarias para que en México exista la paz que garantice
el que puedan venir tranquilamente a efectuar sus inversiones. Y ellos están en lo correcto,
somos nosotros los que nos quedamos cortos exigiendo solo castigo a los
responsables, es una muestra de que todos, ciudadanos, políticos, medios de
comunicación y hasta intelectuales, ya no pensamos que lo que debemos exigirle al
gobierno es que nos garantice la seguridad, que evite que seamos víctimas de la
delincuencia; tal parece que estamos aceptando que dicha seguridad es algo así como un sueño lejano que
no es posible lograr, pero que eso sí, cuando seamos víctima de dicha violencia estemos
seguros que se va a castigar a los delincuentes.
Hoy día ni siquiera sabemos a ciencia cierta porque se atacó a los normalistas, ni hasta que grado el narco y la autoridad están
coludidos, ni porque dos días después en la misma región se atacó de igual
manera a un grupo de jóvenes futbolistas, en donde perdió la vida un joven
jugador de 15 años; cuyo padre declara que fue por una apuesta millonaria;
hecho al que no le prestaron mucha atención los medios a pesar de coincidir y
tener las mismas características que el ataque a los normalistas. Quizás vende
menos periódicos y logra menos rating la muerte de un joven futbolista que la
de un joven normalista; o quizás sea por la cantidad de muertos en uno y otro
caso. Y en ese no saber, en ese lento avance de oscuras investigaciones, ese manejo mercantilista de los medios y ese conformismo de
nosotros al limitarnos a solo pedir justicia, lo más probable es que nunca
sepamos la verdad; quizás nunca sepamos si las personas detenidas son los
responsables o meros chivos expiatorios; simplemente nos conformaremos con
que nos digan que se castigó a alguien, tal y como sucedió en el trágico caso
de la guardería “ABC”.
Y así las cosas agregaremos a
nuestra historia otro capítulo más de impunidad, y peor que eso, habremos
avanzado un tramo más en el camino que nos lleva a alejarnos de la equidad y justicia para
todos. Habremos aceptado que podemos vivir con el problema mientras la
violencia acabe con la vida de ciudadanos comunes y corrientes, que en su gran
mayoría son de escasos recursos, y en varios casos, ciudadanos molestos para el sistema como
los normalistas rurales que “siempre andan protestando por todo y secuestrando camiones”.
Seguiremos practicando y
fortaleciendo algo así como una “limpieza social”, que a quienes hoy se
benefician del modelo neoliberal, los libre no solo de la indeseable gente hundida en la miseria, sino
también de aquella que no se adapta al sistema, aquella que por estar excluida
de las oportunidades que ofrece dicho modelo, sale sobrando. Esos son los que
se la pasan protestando, los que entorpecen el progreso, los que espantan a los
inversionistas extranjeros que vendrán
a hacer negocios con los grandes empresarios y políticos mexicanos, y que
torpemente el gobierno cree que serán nuestros salvadores, pues suponen que con
sus inversiones vendrá el progreso y bienestar para la mayoría. Su ambición e ignorancia no les permite ver que con nuestro modelo económico actual, lo único
que traerán esas inversiones será más desigualdad, con ella más pobreza y en consecuencia más
violencia.
Pero finalmente nosotros lo
aceptamos, pues cuando la violencia nos pega en quien más queremos, nos
conformamos con organizar marchas para pedir castigo para alguien, aunque no
estemos seguros de que sea el verdadero responsable.
Apoya mi propuesta para recuperar
la vida digna que todos merecemos.
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