lunes, 6 de octubre de 2014

AVANZAR HACIA ATRÁS

Pues como que cualquiera diría que eso no se puede, que avanzar hacia atrás es simplemente retroceder, luego entonces avanzar hacia atrás es un contrasentido; quizás el juicio más cercano para darle sentido sería aplicar el clásico retroceder para avanzar, que siendo estrictos no significa lo mismo.

Pero en nuestra vida política nacional puede suceder cualquier contrasentido, hace un par de años nuestros políticos y grandes empresarios se tomaron la libertad de llamarle avance al retroceso que sufrió la legislación laboral en materia de protección a los trabajadores; en aquel entonces eufóricos gritaron a los cuatro vientos que por fin se había roto el dique que impedía el crecimiento del empleo. Sin embargo en los inmediatos dos años siguientes, la realidad se encargó de restregarles en la cara su tremenda ignorancia, o quizás sacar a la luz su maldad, pues lo que ellos llamaron avance, en realidad fue un retroceso que no detuvo la disminución en la creación de empleos y por otro lado si empeoró la situación al provocar la pauperización del trabajo.

Lo mismo podemos decir de la mal llamada reforma hacendaria que entró en vigor para este año, la cual fue calificada por el titular de la SHCP, Luis Videgaray como un avance pues era justa y progresista pues haría que pagaran más impuestos quienes más tienen y además provocaría el desarrollo económico. La triste realidad, y aceptada por el propio Videgaray, es que no ha habido tal crecimiento económico, y que el aumento en la recaudación fiscal no proviene de un aumento en  el total de impuestos que han pagado los más ricos (sector en donde se incluyen las grandes empresas), si no que el incremento resulta del mayor pago de impuestos efectuado principalmente por la clase media.

Y así podríamos seguir dando ejemplos, y ustedes se aburrirían pues no habría señalado nada nuevo y por lo tanto digno de reflexión, pues ya todos sabemos que los políticos y los grandes empresarios frecuentemente mienten cuando se trata de convencernos de la bondad de sus decisiones, para así conservar su situación de privilegio, a lo cual nos hemos acostumbrado y por lo tanto eso ya ni lo vemos grave, vaya, ya ni siquiera consideramos importante protestar cuando sus mentiras quedan al descubierto.

Y esto último es lo que es digno de reflexión; pues el acostumbrarnos a permitir que los políticos y grandes empresarios crean que nos engañan, parece ser que está produciendo el peligroso efecto de que ya no nos interese juzgar los hechos que ocurren en nuestra vida política y social, y en esas circunstancias ya no podamos distinguir entre un avance y un retroceso, y eso si que es verdaderamente peligroso.

Y esto viene a cuento por los hechos que acaban de ocurrir en el Instituto Politécnico Nacional, en donde parece ser que la opinión pública califica como un avance la victoria de los estudiantes sobre las autoridades del IPN e incluso la Secretaría de Gobernación, al no permitir que les impusieran un nuevo reglamento interno así como un cambio en el plan de estudios, que a su juicio ambas cosas los perjudicaban.

Sin duda que es benéfico que el autoritarismo no triunfe sobre el diálogo, pero en un país democrático, como se supone que es el nuestro, tener que defenderse del autoritarismo no puede significar un avance, si no tan solo representa no permitir el retroceso, y lo que debe hacernos reflexionar, es el hecho de que para no aceptar la imposición, hubo de recurrirse a las consabidas manifestaciones callejeras; de nueva cuenta queda demostrado que las autoridades y el gobierno padecen una profunda sordera, que solo es capaz de escuchar el retumbar de miles de pies marchando.

No sé si el triunfo de los estudiantes vaya a representar un avance en la vida académica del Politécnico, espero que sí, pero procede preguntarnos ¿Por qué fue necesario que surgiera la diferencia entre la dirección y la comunidad politécnica, para que se plantearan peticiones que se supone mejorarán el desempeño de esa institución?. Parece como si hubiera sido necesario que la Dra. Yoloxóchitl Bustamante se equivocara para que entonces los estudiantes pidieran cosas tan elementales como, por ejemplo, que salieran los “porros” del Politécnico, que aumentaran el presupuesto para la institución y su democratización. ¿Si no les hubieran querido imponer un plan de estudios y un reglamento, nunca hubieran hecho tales demandas?

Si para proponer avances es necesario esperar a que se presente una coyuntura, y luego proceder a organizar marchas para ser escuchados, entonces no estamos avanzando. La actitud del gobierno de aceptar rápidamente todas las demandas, prácticamente sin ningún diálogo, me da la impresión de que para ellos lo que ocurra en el Politécnico no es importante; si quieren que la directora renuncie, pues que renuncie, si no quieren a la policía bancaria, pues la sacamos de las instalaciones, si no les gustó el plan de estudios y el reglamento que pretendían imponer la dirección, pues los cancelamos, si hombre, lo que ustedes quieran, y si quieren algo más, pues aquí en la calle lo arreglamos.

En este caso,  el mensaje que nos envió el gobierno a través del Secretario de Gobernación es que seremos complacidos en lo que pidamos siempre y cuando organicemos marchas “ordenadas y bonitas” como las que llevaron a cabo los estudiantes del Politécnico. No es efectivo mostrar inteligencia y presentar propuestas de solución a nuestros problemas en las oficinas correspondientes, de esa manera no nos van a escuchar, y eso me consta, lo eficaz es esperar hasta que haya algún conflicto con la autoridad para tener un pretexto para proceder a afectar la libertad de tránsito de terceros en las calles, y entonces si seremos atendidos, pues quizás no habremos mostrado inteligencia, pero “el músculo” si. Ni más ni menos que la institucionalización de las marchas; que contentos estarán los políticos y líderes gremiales y sociales  que son afectos a organizarlas.

Pues discúlpenme, pero si esa es la forma de avanzar, pues entonces estamos retrocediendo.

Yo sigo luchando porque mostremos inteligencia y hagamos que el gobierno escuche esta propuesta sin necesidad de tomar la calle. Apóyala.


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