Pues como que cualquiera diría
que eso no se puede, que avanzar hacia atrás es simplemente retroceder, luego
entonces avanzar hacia atrás es un contrasentido; quizás el juicio más cercano
para darle sentido sería aplicar el clásico retroceder para avanzar, que siendo
estrictos no significa lo mismo.
Pero en nuestra vida política
nacional puede suceder cualquier contrasentido, hace un par de años nuestros
políticos y grandes empresarios se tomaron la libertad de llamarle avance al
retroceso que sufrió la legislación laboral en materia de protección a los
trabajadores; en aquel entonces eufóricos gritaron a los cuatro vientos que por
fin se había roto el dique que impedía el crecimiento del empleo. Sin embargo en
los inmediatos dos años siguientes, la realidad se encargó de restregarles en
la cara su tremenda ignorancia, o quizás sacar a la luz su maldad, pues lo que
ellos llamaron avance, en realidad fue un retroceso que no detuvo la
disminución en la creación de empleos y por otro lado si empeoró la situación
al provocar la pauperización del trabajo.
Lo mismo podemos decir de la mal
llamada reforma hacendaria que entró en vigor para este año, la cual fue
calificada por el titular de la SHCP, Luis Videgaray como un avance pues era justa
y progresista pues haría que pagaran más impuestos quienes más tienen y además
provocaría el desarrollo económico. La triste realidad, y aceptada por el
propio Videgaray, es que no ha habido tal crecimiento económico, y que el
aumento en la recaudación fiscal no proviene de un aumento en el total de impuestos que han pagado los más
ricos (sector en donde se incluyen las grandes empresas), si no que el
incremento resulta del mayor pago de impuestos efectuado principalmente por la
clase media.
Y así podríamos seguir dando
ejemplos, y ustedes se aburrirían pues no habría señalado nada nuevo y por lo
tanto digno de reflexión, pues ya todos sabemos que los políticos y los grandes
empresarios frecuentemente mienten cuando se trata de convencernos de la bondad
de sus decisiones, para así conservar su situación de privilegio, a lo cual nos
hemos acostumbrado y por lo tanto eso ya ni lo vemos grave, vaya, ya ni
siquiera consideramos importante protestar cuando sus mentiras quedan al
descubierto.
Y esto último es lo que es digno
de reflexión; pues el acostumbrarnos a permitir que los políticos y grandes
empresarios crean que nos engañan, parece ser que está produciendo el
peligroso efecto de que ya no nos interese juzgar los hechos que ocurren en
nuestra vida política y social, y en esas circunstancias ya no podamos
distinguir entre un avance y un retroceso, y eso si que es verdaderamente
peligroso.
Y esto viene a cuento por los
hechos que acaban de ocurrir en el Instituto Politécnico Nacional, en donde
parece ser que la opinión pública califica como un avance la victoria de los
estudiantes sobre las autoridades del IPN e incluso la Secretaría de Gobernación,
al no permitir que les impusieran un nuevo reglamento interno así como un
cambio en el plan de estudios, que a su juicio ambas cosas los perjudicaban.
Sin duda que es benéfico que el
autoritarismo no triunfe sobre el diálogo, pero en un país democrático, como se
supone que es el nuestro, tener que defenderse del autoritarismo no puede
significar un avance, si no tan solo representa no permitir el retroceso, y lo
que debe hacernos reflexionar, es el hecho de que para no aceptar la
imposición, hubo de recurrirse a las consabidas manifestaciones callejeras; de
nueva cuenta queda demostrado que las autoridades y el gobierno padecen una
profunda sordera, que solo es capaz de escuchar el retumbar de miles de pies
marchando.
No sé si el triunfo de los
estudiantes vaya a representar un avance en la vida académica del Politécnico,
espero que sí, pero procede preguntarnos ¿Por qué fue necesario que surgiera la
diferencia entre la dirección y la comunidad politécnica, para que se
plantearan peticiones que se supone mejorarán el desempeño de esa institución?.
Parece como si hubiera sido necesario que la Dra. Yoloxóchitl Bustamante se
equivocara para que entonces los estudiantes pidieran cosas tan elementales
como, por ejemplo, que salieran los “porros” del Politécnico, que aumentaran el
presupuesto para la institución y su democratización. ¿Si no les hubieran
querido imponer un plan de estudios y un reglamento, nunca hubieran hecho tales
demandas?
Si para proponer avances es
necesario esperar a que se presente una coyuntura, y luego proceder a organizar
marchas para ser escuchados, entonces no estamos avanzando. La actitud del gobierno
de aceptar rápidamente todas las demandas, prácticamente sin ningún diálogo, me
da la impresión de que para ellos lo que ocurra en el Politécnico no es
importante; si quieren que la directora renuncie, pues que renuncie, si no
quieren a la policía bancaria, pues la sacamos de las instalaciones, si no les
gustó el plan de estudios y el reglamento que pretendían imponer la dirección,
pues los cancelamos, si hombre, lo que ustedes quieran, y si quieren algo más,
pues aquí en la calle lo arreglamos.
En este caso, el mensaje que nos envió el gobierno a través
del Secretario de Gobernación es que seremos complacidos en lo que pidamos
siempre y cuando organicemos marchas “ordenadas y bonitas” como las que
llevaron a cabo los estudiantes del Politécnico. No es efectivo mostrar
inteligencia y presentar propuestas de solución a nuestros problemas en las
oficinas correspondientes, de esa manera no nos van a escuchar, y eso me
consta, lo eficaz es esperar hasta que haya algún conflicto con la autoridad
para tener un pretexto para proceder a afectar la libertad de tránsito de
terceros en las calles, y entonces si seremos atendidos, pues quizás no
habremos mostrado inteligencia, pero “el músculo” si. Ni más ni menos que la
institucionalización de las marchas; que contentos estarán los políticos y
líderes gremiales y sociales que son
afectos a organizarlas.
Pues discúlpenme, pero si esa es
la forma de avanzar, pues entonces estamos retrocediendo.
Yo sigo luchando porque mostremos
inteligencia y hagamos que el gobierno escuche esta propuesta sin necesidad de
tomar la calle. Apóyala.
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