lunes, 9 de marzo de 2015

ENTONCES SI HA SIDO MALDAD

Ha pasado casi inadvertida la reciente declaración del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray,  que hizo durante una entrevista que concedió al diario británico “Financial Times”, en donde reconoció que “Las reformas estructurales que se lograron al inicio de este sexenio servirán de poco si no hay confianza en el gobierno”; y aquí sí que me sorprende tal declaración.

Mi primera duda es ¿cómo se dio cuenta nuestro galardonado internacionalmente Secretario de Hacienda, que la confianza en el gobierno es vital para que disposiciones legales, como lo son las fraudulentas reformas estructurales, prosperen?.  Si bien tiene razón cuando afirma que el gobierno no puede concretarse solo a atender los aspectos económicos de la nación, que es lo que fundamentalmente atienden las reformas estructurales, sino que también debe contar con la confianza de la ciudadanía, la cual acepta que debe recuperar, no me queda claro como exactamente se reducirán los supuestos beneficios de las reformas estructurales.

Puedo entender que si cuenta con la confianza de la ciudadanía, tendrá entonces su respaldo, y eso redundará en que tendrá menos problemas para implementar los cambios o medidas que el país necesite, pero eso no significa que las medidas  tomadas funcionarán solo porque tiene el apoyo de la ciudadanía. Ahí está el caso de Venezuela, en donde la mayoría apoya al actual gobierno, y sin embargo las medidas económicas no han tenido el éxito esperado.

Trato de imaginarme como los ciudadanos con nuestra desconfianza podemos echar a perder, por ejemplo, la reforma energética. ¿Acaso será que si los ciudadanos no confiamos en el gobierno, lo cual ha sido así desde sexenios atrás (aunque no tanto como ahora), ya no participarán los inversionistas privados nacionales y extranjeros en el jugoso negocio del petróleo?; ¿o si participaran, pero sus ganancias ya no serán las mismas?

Si realmente la desconfianza va a malograr la reforma energética, pues entonces los ciudadanos también lo desconocíamos, pues de haberlo sabido no nos hubiéramos molestado en intentar detener la reforma energética por la vía legal, no hubiera sido necesario recolectar firmas ni asolearse en las manifestaciones; simplemente hubiéramos dicho que no confiamos en el gobierno y tan tan. Y si es así, pues entonces tienen que avisarle al Sr. Bailleres, pues él acaba de iniciar una empresa petrolera, precisamente a la luz de la reforma energética.  

Y que hay con las otras reformas, ¿la desconfianza desvirtuará los créditos baratos que nos dicen que surgieron gracias a la reforma financiera?;¿ ya no servirán de mucho las tablets que les dieron a los estudiantes, gracias a la reforma educativa?; ¿ya no serán útiles los impuestos adicionales que estamos pagando merced a la reforma fiscal?

Bien haría el Sr. Secretario Videgaray en explicarnos como es exactamente que de poco servirán las reformas estructurales si los ciudadanos no confiamos en nuestro gobierno, pues con esa aclaración podría incluso responderse una siguiente  pregunta: ¿Cómo es que hasta ahora se dio cuenta?; ¿acaso no por lo menos lo suponían cuando establecieron las reformas?

Las reformas estructurales nos las impusieron, incluso al vapor y con madruguetes, pues éramos muchos los ciudadanos que no confiábamos, y seguimos sin confiar, en las bondades prometidas como consecuencia de dichas reformas. Mal hace el Sr. Videgaray en querer mezclar dos cosas que si bien tienen relación, esta no es de dependencia; una cosa es la confianza en las medidas que toma el titular del Ejecutivo y otra muy independiente es la confianza sobre la honestidad de su persona, y es en esta última en donde Peña Nieto ha tenido un fracaso mayor que en lo económico.

La declaración del Sr. Videgaray, más bien a mi me parece un eslabón más en la cadena de actos tendientes a “vestir a la novia”, ante los ojos de los inversionistas extranjeros, pues la declaración la dio a un medio internacional financiero, con objeto de calmarlos, acudiendo a un pretexto para justificar los malos resultados obtenidos en los dos primeros años de la actual administración.

No, las reformas estructurales no fracasarán por falta de apoyo al gobierno, sino que lo harán simplemente porque fueron diseñadas para beneficiar a los poseedores del gran capital, y claro, a los políticos que harían negocios con ellos, ¿o no Sr. Bailleres? El gobierno nunca se tomó la molestia de presentar estudios serios que mostraran de manera concreta los beneficios esperados; simplemente nos dijeron que éstos vendrían porque la ideología neoliberal así lo señala.

Lo anterior lo vengo afirmando desde Julio de 2012, cuando Peña Nieto era candidato a la Presidencia de la República, a través de mi video titulado “Proyecto Misterioso” (pueden verlo en mi canal Ciencia Ciudadana en Youtube), y en videos posteriores (“Préstame tus apuntes” y “Haz como que haces”); y en aquel entonces quise pecar de ingenuo, otorgando el beneficio de la duda en el sentido de que el sistema neoliberal que el Sr. Videgaray ha establecido que sigamos, podría ser producto de su formación académica, y que por lo tanto realmente piensa que funcionaría en beneficio del país.

Pero con declaraciones como la que hemos abordado aquí, en donde resulta muy difícil de creer que hasta ahora el Sr. Videgaray se haya dado cuenta de que la confianza en el gobierno es importante, nos lleva a la triste conclusión de que el fracaso al que nos están llevando no ha sido por convicciones equivocadas, sino por lo maldad que significa ser omisos en lo importante para el país, como lo es cuidar la confianza en el gobierno, por atender lo redituable para ellos.

Acabemos con esto, apoya mi propuesta


lunes, 9 de febrero de 2015

¿QUE PORQUE NO ESTALLA UNA REVOLUCIÓN?

Hace unos días leí en Internet un artículo publicado por un medio de comunicación llamado “Movimiento por la IV República”, y titulado ¿Porqué no estalla una revolución?, el cual me perece que bien vale la pena una reflexión.

Y lo vale desde la sentencia inicial que cuestiona: “¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?”

En realidad, por lo menos a mí, no me produce ninguna perplejidad, pues es perfectamente explicable, y por lo tanto comprensible, que la gran mayoría de la gente no se “mueva” de su línea de actividades normales, por más que sucedan a su alrededor, y hasta le “pasen rozando” o de plano le impacten los disparos de la corrupción, la ineptitud, las decisiones que le afectan en lo económico y hasta el descaro de nuestros políticos. Más aún, también pueden pasarle zumbando cerca las balas reales de la violencia, y aún así no dejará de hacer su vida cotidiana.

Lo único que hace “despertar” a algunos de esa gran mayoría, y solo a algunos, es sufrir en carne propia las consecuencias del deterioro de nuestro tejido social, o sea, cuando la violencia económica o principalmente la física los alcanza directamente a ellos, mientras no sea así, no habrá razón suficiente para tomar acción e iniciar y/o unirse a las acciones de protesta que la minoría ya realiza.

Somos una minoría los que en Internet o en la calle, o de alguna otra forma elevamos nuestra voz para protestar, para señalar aquello que nos lastima, que nos perjudica, que golpea nuestra dignidad y bienestar; somos una minoría los que transformamos nuestra indignación en acción; y seguiremos siendo una minoría mientras sigamos tratando de convencer a la mayoría de aquello que pregonamos, sin pensar que será muy difícil de que nos presten atención mientras sigan esclavizados y condenados a llevar una vida de penosa subsistencia, y menos aún si la protesta es a través de manifestaciones que les afectan sus actividades.

Y además si la minoría se sigue dividiendo en sub-minorías, pues entonces no habrá un rumbo claro que presentarle a la gran mayoría que no tiene tiempo ni ganas para detenerse a pensar, analizar y evaluar los diferentes postulados que cada sub-minoría presenta; y peor aún si consideramos que el binomio políticos y grandes empresarios, también bombardea a esa gran mayoría con píldoras de banalidad que le suministra principal y efectivamente por la vía ocular a través de la televisión. Un medio muchísimo más efectivo que con los que cuentan las sub-minorías para hacer llegar su mensaje.

De esta forma, aunque parezca paradójico y haya quien no lo crea, las mismas sub-minorías  cooperamos eficazmente para que la mayoría no despierte, pues al emitir cada una un mensaje diferente, que en no pocas ocasiones se contraponen, terminan por crear confusión y así la gran mayoría al final opta por lo más sencillo: no hacerle caso a nadie.

En efecto, entre los que protestamos hay una amplia variedad de mensajes, incluso opuestos, así tenemos quien propone desestabilizar el sistema económico creando mercados alternativos, mientras otros proponen que basta con combatir los monopolios; hay quien sostiene que lo que hay que hacer antes que nada es acabar con la corrupción con leyes más severas, mientras otros afirman que eso no servirá si no se mejora la educación; alguien más nos dice que el problema es la culturización que nos ha hecho adorar el dinero, mientras otros sostienen que lo que necesitamos son más multimillonarios que creen empleos; hay quien propone eliminar los partidos políticos, mientras otros nos dicen que hay que crear nuevos pues los viejos no funcionan; y desde luego existen los radicales que sentencian que la única opción es tomar las armas para derrocar al actual gobierno.

Ante tal variedad de postulados muchas veces contradictorios, además de crear indecisión, se fortalece en la gran mayoría la idea de que esas sub-minorías en realidad no buscan ayudarles a mejorar, si no que obedecen a sus propios intereses que buscan poder y/o dinero.

No es casualidad que cada vez a más gente perteneciente a la mayoría inmovilizada le escuchemos decir que ya no cree en nada ni en nadie, y en esas circunstancias, aun cuando no lo diga, solo atiende al mensaje que venga acompañado de una oferta concreta para mejorar sus circunstancias, y esa oferta puede ser desde tan solo $500, que en muchos casos pueden significar oro molido, hasta algo más sustancioso como por ejemplo una disminución de impuestos o el establecimiento de un servicio gratuito. Entonces sí apoyará en la forma que se lo pida a aquel que le otorgara tales beneficios.

Y ahí es en donde estamos en desventaja las sub-minorías, pues en la gran mayoría de los casos no podemos ofrecer cosas concretas, sino solo promesas de que habría una mejoría si se apoya a algo o a alguien, y solo en algunos casos, por ejemplo,  cuando esas sub-minorías se organizan como asociaciones civiles entonces sí pueden darle a la gente algo concreto, así signifique tan solo un paliativo a su precaria situación.

Es común que las asociaciones civiles que no son auspiciadas por grandes empresas, terminen adaptándose al sistema, convirtiendo en su “modus vivendi” el buscar los escasos fondos públicos que el sistema les otorga para que sigan beneficiando a unos cuantos, y así ayudar a perpetuar el propio sistema al matar cualquier posibilidad de que el beneficiado proteste por su situación, pues después de todo no está tan mal, pues hubo una alma caritativa que lo ayudo; misma consecuencia que producen las asociaciones civiles que son auspiciadas por grandes empresas, que además les sirve de publicidad a estas últimas, y en algunos casos hasta se convierten en negocios.

No es mi intención juzgar aquí si la existencia de las asociaciones civiles es válida o no, y mucho menos criticar a la gente que decide alzar la voz para protestar e invitar a los demás a hacerlo. Lo único que pretendo es responder a la pregunta de ¿Por qué no estalla una revolución?, cuando día a día suceden hechos que quizás en otros países si la provocarían. La gran mayoría de los mexicanos aún no llegamos a la situación desesperada que se necesita para seguir a un líder que nos haya convencido de que la revolución es la única salida; tal y como ocurrió en 1910.

Ciertamente la torpeza del actual gobierno está haciéndonos “acelerar el paso” para que cada vez más mexicanos lleguemos a dicha situación desesperada, y yo espero que antes de que eso suceda, las minorías nos hallamos dado cuenta de que para obtener el apoyo de la mayoría primero debemos facilitarles el acceso a una vida digna que les permita estar en posibilidades de analizar y decidir qué es lo mejor para ellos y para el país, y eso solo lo lograremos sacándolos de la pobreza.

Es por eso que quiero convencerlos de que apoyen mi propuesta que precisamente tiene el fin de combatir la pobreza.


lunes, 26 de enero de 2015

LAS AUTOOFENSAS

A mediados del 2013, México se sacudía con la aparición de las llamadas “Autodefensas”, que no eran otra cosa más que el “remedio casero” aplicado por la población misma, contra una enfermedad llamada narcotráfico que nuestro “médico” (el gobierno) no era capaz de sanar. Cualquier semejanza con nuestro sistema de salud pública, es mera coincidencia.

Por aquellas fechas, agosto de 2013, publique aquí mismo un artículo que titulé “El Canto de las Armas”, pues en ese entonces muchos, al ver el éxito que tuvieron al principio las Autodefensas para expulsar de sus comunidades a los narcotraficantes, entusiastamente afirmaron que por fin el pueblo había despertado, y se apreciaban así los albores de una segunda revolución armada, único camino, según ellos, para resolver los problemas de nuestro atribulado México.

Y con el artículo que menciono en el párrafo anterior, le hice al “aguafiestas”, pues puse en duda que ese fuera realmente el camino a seguir. Transcribo el párrafo en el que expuse mis cuestionamientos: 
   
“Pero ¿en verdad esa es la solución?; ¿qué tanto tiempo deberán permanecer armados los llamados "grupos de autodefensa"?; ¿siempre estarán controlados por líderes sabios que sabrán comandarlos en todo momento de manera adecuada?; ¿que garantiza que no las dispararán entre ellos mismos cuando existan diferencias?”

Desgraciadamente el tiempo me dio la razón, y hoy día la balacera ocurrida en Apatzingán, demuestra que las autodefensas han terminado por ser un proyecto malogrado, y no solo por los puntos transcritos en el párrafo anterior, sino también porque no contábamos con la “astucia” de nuestro “médico” que, si queremos pecar de candorosos, pensaríamos que por celos profesionales adulteró el remedio casero utilizado por la población, metiéndolo en una “cajita” que lo haría aparecer como medicina del gobierno, a la que llamó “Policías Comunitarias”; pero si somos mal pensados, creeríamos que la adulteración provino de un fin oscuro en favor de los narcotraficantes. En cualquier caso, como frecuentemente ocurre con los tratamientos que da el gobierno, no se logró sanar al paciente.

La adulteración del exitoso remedio casero aplicado al enfermo Michoacán, terminó por convertir a las Autodefensas en Autoofensas, pues si atendemos a lo expresado por voces de quienes viven en las zonas afectadas, como por ejemplo el sacerdote Gregorio López, conocido como el “Padre Goyo”, encontramos que algunos de quienes relevaron a aquellos grupos originales que lograron expulsar a los narcotraficantes, son ahora quienes amedrentan, extorsionan, vejan y asesinan a la población.

Al privar de la libertad al Dr. José Manuel Mireles, principal líder y fundador de las Autodefensas, fue aprisionada también la libertad misma de aquellos a quienes noblemente defendía el propio Dr. Mireles, dejándolos a merced de los delincuentes, tal y como él mismo lo señaló cuando le pidieron que entregara las armas. Al igual como lo hicieron los anteriores gobiernos priístas con el objetivo de lograr el bienestar para todos los mexicanos que motivó la Revolución Mexicana, ahora el actual gobierno aniquiló el legítimo derecho de los ciudadanos a defenderse, cuando las autoridades fallan en esa encomienda.

No, el camino para salir de nuestros problemas no es la lucha armada, no hay una cultura suficiente dentro de la población, como para mantenerse firmes en sus principios, como quedó demostrado en este caso, en el que solo uno de los líderes, el Dr. Mireles, se mantuvo incorruptible, fiel a sus principios. No sé si hoy Hipólito Mora, preso y habiendo perdido un hijo, esté arrepentido de haberse alineado con el gobierno; quizás sí, pero no lo expresa pues aún persigue el objetivo de ser diputado local, dejando de lado la noble lucha original.

Si necesitamos una segunda Revolución Mexicana, pues no hay otra forma de que el gobierno se percate de su torpe accionar, pero se requiere una revolución que no repita los errores de la primera; una que, a diferencia de la que estalló en 1910, permita consolidar el objetivo de asegurar el bienestar de la población. Transcribo el párrafo final del mismo artículo “El Canto de las Armas” (que les recomiendo leer o releer, según sea el caso), en el que al respecto señalo: 

“Es tiempo de una segunda revolución, pero esta vez, debe ser una revolución en la mentalidad de los mexicanos, debe gestarse en las ideas que surjan de nosotros, en la decisión de convertir esas ideas en acciones concretas basados en el uso de la fuerza de la razón y la unión de todos. Así justificaríamos la muerte de todos aquellos que cayeron en la Revolución Mexicana; demostrando que hemos avanzado y que ahora creemos firmemente que el bienestar está al alcance de nuestra participación decidida para enderezar los lineamientos que nos legó esa Revolución, y que hoy el gobierno es incapaz de hacer cumplir. Nos toca demostrar que el bienestar de todos los mexicanos está al alcance de nuestra inteligencia, y no al alcance de un gatillo”.  

Nuestros problemas se van a resolver cuando logremos aumentar el nivel de cultura de la población, que dé como resultado una mayor conciencia social, y eso no sucederá mientras sigamos permitiendo el avance de la pobreza. Apoya mi propuesta para luchar contra ella.