lunes, 9 de marzo de 2015

ENTONCES SI HA SIDO MALDAD

Ha pasado casi inadvertida la reciente declaración del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray,  que hizo durante una entrevista que concedió al diario británico “Financial Times”, en donde reconoció que “Las reformas estructurales que se lograron al inicio de este sexenio servirán de poco si no hay confianza en el gobierno”; y aquí sí que me sorprende tal declaración.

Mi primera duda es ¿cómo se dio cuenta nuestro galardonado internacionalmente Secretario de Hacienda, que la confianza en el gobierno es vital para que disposiciones legales, como lo son las fraudulentas reformas estructurales, prosperen?.  Si bien tiene razón cuando afirma que el gobierno no puede concretarse solo a atender los aspectos económicos de la nación, que es lo que fundamentalmente atienden las reformas estructurales, sino que también debe contar con la confianza de la ciudadanía, la cual acepta que debe recuperar, no me queda claro como exactamente se reducirán los supuestos beneficios de las reformas estructurales.

Puedo entender que si cuenta con la confianza de la ciudadanía, tendrá entonces su respaldo, y eso redundará en que tendrá menos problemas para implementar los cambios o medidas que el país necesite, pero eso no significa que las medidas  tomadas funcionarán solo porque tiene el apoyo de la ciudadanía. Ahí está el caso de Venezuela, en donde la mayoría apoya al actual gobierno, y sin embargo las medidas económicas no han tenido el éxito esperado.

Trato de imaginarme como los ciudadanos con nuestra desconfianza podemos echar a perder, por ejemplo, la reforma energética. ¿Acaso será que si los ciudadanos no confiamos en el gobierno, lo cual ha sido así desde sexenios atrás (aunque no tanto como ahora), ya no participarán los inversionistas privados nacionales y extranjeros en el jugoso negocio del petróleo?; ¿o si participaran, pero sus ganancias ya no serán las mismas?

Si realmente la desconfianza va a malograr la reforma energética, pues entonces los ciudadanos también lo desconocíamos, pues de haberlo sabido no nos hubiéramos molestado en intentar detener la reforma energética por la vía legal, no hubiera sido necesario recolectar firmas ni asolearse en las manifestaciones; simplemente hubiéramos dicho que no confiamos en el gobierno y tan tan. Y si es así, pues entonces tienen que avisarle al Sr. Bailleres, pues él acaba de iniciar una empresa petrolera, precisamente a la luz de la reforma energética.  

Y que hay con las otras reformas, ¿la desconfianza desvirtuará los créditos baratos que nos dicen que surgieron gracias a la reforma financiera?;¿ ya no servirán de mucho las tablets que les dieron a los estudiantes, gracias a la reforma educativa?; ¿ya no serán útiles los impuestos adicionales que estamos pagando merced a la reforma fiscal?

Bien haría el Sr. Secretario Videgaray en explicarnos como es exactamente que de poco servirán las reformas estructurales si los ciudadanos no confiamos en nuestro gobierno, pues con esa aclaración podría incluso responderse una siguiente  pregunta: ¿Cómo es que hasta ahora se dio cuenta?; ¿acaso no por lo menos lo suponían cuando establecieron las reformas?

Las reformas estructurales nos las impusieron, incluso al vapor y con madruguetes, pues éramos muchos los ciudadanos que no confiábamos, y seguimos sin confiar, en las bondades prometidas como consecuencia de dichas reformas. Mal hace el Sr. Videgaray en querer mezclar dos cosas que si bien tienen relación, esta no es de dependencia; una cosa es la confianza en las medidas que toma el titular del Ejecutivo y otra muy independiente es la confianza sobre la honestidad de su persona, y es en esta última en donde Peña Nieto ha tenido un fracaso mayor que en lo económico.

La declaración del Sr. Videgaray, más bien a mi me parece un eslabón más en la cadena de actos tendientes a “vestir a la novia”, ante los ojos de los inversionistas extranjeros, pues la declaración la dio a un medio internacional financiero, con objeto de calmarlos, acudiendo a un pretexto para justificar los malos resultados obtenidos en los dos primeros años de la actual administración.

No, las reformas estructurales no fracasarán por falta de apoyo al gobierno, sino que lo harán simplemente porque fueron diseñadas para beneficiar a los poseedores del gran capital, y claro, a los políticos que harían negocios con ellos, ¿o no Sr. Bailleres? El gobierno nunca se tomó la molestia de presentar estudios serios que mostraran de manera concreta los beneficios esperados; simplemente nos dijeron que éstos vendrían porque la ideología neoliberal así lo señala.

Lo anterior lo vengo afirmando desde Julio de 2012, cuando Peña Nieto era candidato a la Presidencia de la República, a través de mi video titulado “Proyecto Misterioso” (pueden verlo en mi canal Ciencia Ciudadana en Youtube), y en videos posteriores (“Préstame tus apuntes” y “Haz como que haces”); y en aquel entonces quise pecar de ingenuo, otorgando el beneficio de la duda en el sentido de que el sistema neoliberal que el Sr. Videgaray ha establecido que sigamos, podría ser producto de su formación académica, y que por lo tanto realmente piensa que funcionaría en beneficio del país.

Pero con declaraciones como la que hemos abordado aquí, en donde resulta muy difícil de creer que hasta ahora el Sr. Videgaray se haya dado cuenta de que la confianza en el gobierno es importante, nos lleva a la triste conclusión de que el fracaso al que nos están llevando no ha sido por convicciones equivocadas, sino por lo maldad que significa ser omisos en lo importante para el país, como lo es cuidar la confianza en el gobierno, por atender lo redituable para ellos.

Acabemos con esto, apoya mi propuesta


lunes, 9 de febrero de 2015

¿QUE PORQUE NO ESTALLA UNA REVOLUCIÓN?

Hace unos días leí en Internet un artículo publicado por un medio de comunicación llamado “Movimiento por la IV República”, y titulado ¿Porqué no estalla una revolución?, el cual me perece que bien vale la pena una reflexión.

Y lo vale desde la sentencia inicial que cuestiona: “¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?”

En realidad, por lo menos a mí, no me produce ninguna perplejidad, pues es perfectamente explicable, y por lo tanto comprensible, que la gran mayoría de la gente no se “mueva” de su línea de actividades normales, por más que sucedan a su alrededor, y hasta le “pasen rozando” o de plano le impacten los disparos de la corrupción, la ineptitud, las decisiones que le afectan en lo económico y hasta el descaro de nuestros políticos. Más aún, también pueden pasarle zumbando cerca las balas reales de la violencia, y aún así no dejará de hacer su vida cotidiana.

Lo único que hace “despertar” a algunos de esa gran mayoría, y solo a algunos, es sufrir en carne propia las consecuencias del deterioro de nuestro tejido social, o sea, cuando la violencia económica o principalmente la física los alcanza directamente a ellos, mientras no sea así, no habrá razón suficiente para tomar acción e iniciar y/o unirse a las acciones de protesta que la minoría ya realiza.

Somos una minoría los que en Internet o en la calle, o de alguna otra forma elevamos nuestra voz para protestar, para señalar aquello que nos lastima, que nos perjudica, que golpea nuestra dignidad y bienestar; somos una minoría los que transformamos nuestra indignación en acción; y seguiremos siendo una minoría mientras sigamos tratando de convencer a la mayoría de aquello que pregonamos, sin pensar que será muy difícil de que nos presten atención mientras sigan esclavizados y condenados a llevar una vida de penosa subsistencia, y menos aún si la protesta es a través de manifestaciones que les afectan sus actividades.

Y además si la minoría se sigue dividiendo en sub-minorías, pues entonces no habrá un rumbo claro que presentarle a la gran mayoría que no tiene tiempo ni ganas para detenerse a pensar, analizar y evaluar los diferentes postulados que cada sub-minoría presenta; y peor aún si consideramos que el binomio políticos y grandes empresarios, también bombardea a esa gran mayoría con píldoras de banalidad que le suministra principal y efectivamente por la vía ocular a través de la televisión. Un medio muchísimo más efectivo que con los que cuentan las sub-minorías para hacer llegar su mensaje.

De esta forma, aunque parezca paradójico y haya quien no lo crea, las mismas sub-minorías  cooperamos eficazmente para que la mayoría no despierte, pues al emitir cada una un mensaje diferente, que en no pocas ocasiones se contraponen, terminan por crear confusión y así la gran mayoría al final opta por lo más sencillo: no hacerle caso a nadie.

En efecto, entre los que protestamos hay una amplia variedad de mensajes, incluso opuestos, así tenemos quien propone desestabilizar el sistema económico creando mercados alternativos, mientras otros proponen que basta con combatir los monopolios; hay quien sostiene que lo que hay que hacer antes que nada es acabar con la corrupción con leyes más severas, mientras otros afirman que eso no servirá si no se mejora la educación; alguien más nos dice que el problema es la culturización que nos ha hecho adorar el dinero, mientras otros sostienen que lo que necesitamos son más multimillonarios que creen empleos; hay quien propone eliminar los partidos políticos, mientras otros nos dicen que hay que crear nuevos pues los viejos no funcionan; y desde luego existen los radicales que sentencian que la única opción es tomar las armas para derrocar al actual gobierno.

Ante tal variedad de postulados muchas veces contradictorios, además de crear indecisión, se fortalece en la gran mayoría la idea de que esas sub-minorías en realidad no buscan ayudarles a mejorar, si no que obedecen a sus propios intereses que buscan poder y/o dinero.

No es casualidad que cada vez a más gente perteneciente a la mayoría inmovilizada le escuchemos decir que ya no cree en nada ni en nadie, y en esas circunstancias, aun cuando no lo diga, solo atiende al mensaje que venga acompañado de una oferta concreta para mejorar sus circunstancias, y esa oferta puede ser desde tan solo $500, que en muchos casos pueden significar oro molido, hasta algo más sustancioso como por ejemplo una disminución de impuestos o el establecimiento de un servicio gratuito. Entonces sí apoyará en la forma que se lo pida a aquel que le otorgara tales beneficios.

Y ahí es en donde estamos en desventaja las sub-minorías, pues en la gran mayoría de los casos no podemos ofrecer cosas concretas, sino solo promesas de que habría una mejoría si se apoya a algo o a alguien, y solo en algunos casos, por ejemplo,  cuando esas sub-minorías se organizan como asociaciones civiles entonces sí pueden darle a la gente algo concreto, así signifique tan solo un paliativo a su precaria situación.

Es común que las asociaciones civiles que no son auspiciadas por grandes empresas, terminen adaptándose al sistema, convirtiendo en su “modus vivendi” el buscar los escasos fondos públicos que el sistema les otorga para que sigan beneficiando a unos cuantos, y así ayudar a perpetuar el propio sistema al matar cualquier posibilidad de que el beneficiado proteste por su situación, pues después de todo no está tan mal, pues hubo una alma caritativa que lo ayudo; misma consecuencia que producen las asociaciones civiles que son auspiciadas por grandes empresas, que además les sirve de publicidad a estas últimas, y en algunos casos hasta se convierten en negocios.

No es mi intención juzgar aquí si la existencia de las asociaciones civiles es válida o no, y mucho menos criticar a la gente que decide alzar la voz para protestar e invitar a los demás a hacerlo. Lo único que pretendo es responder a la pregunta de ¿Por qué no estalla una revolución?, cuando día a día suceden hechos que quizás en otros países si la provocarían. La gran mayoría de los mexicanos aún no llegamos a la situación desesperada que se necesita para seguir a un líder que nos haya convencido de que la revolución es la única salida; tal y como ocurrió en 1910.

Ciertamente la torpeza del actual gobierno está haciéndonos “acelerar el paso” para que cada vez más mexicanos lleguemos a dicha situación desesperada, y yo espero que antes de que eso suceda, las minorías nos hallamos dado cuenta de que para obtener el apoyo de la mayoría primero debemos facilitarles el acceso a una vida digna que les permita estar en posibilidades de analizar y decidir qué es lo mejor para ellos y para el país, y eso solo lo lograremos sacándolos de la pobreza.

Es por eso que quiero convencerlos de que apoyen mi propuesta que precisamente tiene el fin de combatir la pobreza.


lunes, 26 de enero de 2015

LAS AUTOOFENSAS

A mediados del 2013, México se sacudía con la aparición de las llamadas “Autodefensas”, que no eran otra cosa más que el “remedio casero” aplicado por la población misma, contra una enfermedad llamada narcotráfico que nuestro “médico” (el gobierno) no era capaz de sanar. Cualquier semejanza con nuestro sistema de salud pública, es mera coincidencia.

Por aquellas fechas, agosto de 2013, publique aquí mismo un artículo que titulé “El Canto de las Armas”, pues en ese entonces muchos, al ver el éxito que tuvieron al principio las Autodefensas para expulsar de sus comunidades a los narcotraficantes, entusiastamente afirmaron que por fin el pueblo había despertado, y se apreciaban así los albores de una segunda revolución armada, único camino, según ellos, para resolver los problemas de nuestro atribulado México.

Y con el artículo que menciono en el párrafo anterior, le hice al “aguafiestas”, pues puse en duda que ese fuera realmente el camino a seguir. Transcribo el párrafo en el que expuse mis cuestionamientos: 
   
“Pero ¿en verdad esa es la solución?; ¿qué tanto tiempo deberán permanecer armados los llamados "grupos de autodefensa"?; ¿siempre estarán controlados por líderes sabios que sabrán comandarlos en todo momento de manera adecuada?; ¿que garantiza que no las dispararán entre ellos mismos cuando existan diferencias?”

Desgraciadamente el tiempo me dio la razón, y hoy día la balacera ocurrida en Apatzingán, demuestra que las autodefensas han terminado por ser un proyecto malogrado, y no solo por los puntos transcritos en el párrafo anterior, sino también porque no contábamos con la “astucia” de nuestro “médico” que, si queremos pecar de candorosos, pensaríamos que por celos profesionales adulteró el remedio casero utilizado por la población, metiéndolo en una “cajita” que lo haría aparecer como medicina del gobierno, a la que llamó “Policías Comunitarias”; pero si somos mal pensados, creeríamos que la adulteración provino de un fin oscuro en favor de los narcotraficantes. En cualquier caso, como frecuentemente ocurre con los tratamientos que da el gobierno, no se logró sanar al paciente.

La adulteración del exitoso remedio casero aplicado al enfermo Michoacán, terminó por convertir a las Autodefensas en Autoofensas, pues si atendemos a lo expresado por voces de quienes viven en las zonas afectadas, como por ejemplo el sacerdote Gregorio López, conocido como el “Padre Goyo”, encontramos que algunos de quienes relevaron a aquellos grupos originales que lograron expulsar a los narcotraficantes, son ahora quienes amedrentan, extorsionan, vejan y asesinan a la población.

Al privar de la libertad al Dr. José Manuel Mireles, principal líder y fundador de las Autodefensas, fue aprisionada también la libertad misma de aquellos a quienes noblemente defendía el propio Dr. Mireles, dejándolos a merced de los delincuentes, tal y como él mismo lo señaló cuando le pidieron que entregara las armas. Al igual como lo hicieron los anteriores gobiernos priístas con el objetivo de lograr el bienestar para todos los mexicanos que motivó la Revolución Mexicana, ahora el actual gobierno aniquiló el legítimo derecho de los ciudadanos a defenderse, cuando las autoridades fallan en esa encomienda.

No, el camino para salir de nuestros problemas no es la lucha armada, no hay una cultura suficiente dentro de la población, como para mantenerse firmes en sus principios, como quedó demostrado en este caso, en el que solo uno de los líderes, el Dr. Mireles, se mantuvo incorruptible, fiel a sus principios. No sé si hoy Hipólito Mora, preso y habiendo perdido un hijo, esté arrepentido de haberse alineado con el gobierno; quizás sí, pero no lo expresa pues aún persigue el objetivo de ser diputado local, dejando de lado la noble lucha original.

Si necesitamos una segunda Revolución Mexicana, pues no hay otra forma de que el gobierno se percate de su torpe accionar, pero se requiere una revolución que no repita los errores de la primera; una que, a diferencia de la que estalló en 1910, permita consolidar el objetivo de asegurar el bienestar de la población. Transcribo el párrafo final del mismo artículo “El Canto de las Armas” (que les recomiendo leer o releer, según sea el caso), en el que al respecto señalo: 

“Es tiempo de una segunda revolución, pero esta vez, debe ser una revolución en la mentalidad de los mexicanos, debe gestarse en las ideas que surjan de nosotros, en la decisión de convertir esas ideas en acciones concretas basados en el uso de la fuerza de la razón y la unión de todos. Así justificaríamos la muerte de todos aquellos que cayeron en la Revolución Mexicana; demostrando que hemos avanzado y que ahora creemos firmemente que el bienestar está al alcance de nuestra participación decidida para enderezar los lineamientos que nos legó esa Revolución, y que hoy el gobierno es incapaz de hacer cumplir. Nos toca demostrar que el bienestar de todos los mexicanos está al alcance de nuestra inteligencia, y no al alcance de un gatillo”.  

Nuestros problemas se van a resolver cuando logremos aumentar el nivel de cultura de la población, que dé como resultado una mayor conciencia social, y eso no sucederá mientras sigamos permitiendo el avance de la pobreza. Apoya mi propuesta para luchar contra ella.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

¿CUÁL JALONEO?

En mi pasado artículo mencioné que los grandes empresarios y los políticos forman grupos que luchan entre sí por obtener mayor poder y riqueza para sí mismos, y que es en esa batalla cuando les importa el resto de la población, pues el grupo que saldrá victorioso será aquel que cuente con el apoyo de la opinión pública, y es ahí en donde se produce un “jaloneo” de los ciudadanos para que se decidan a favor de que grupo están, pues ello facilitará la imposición de los cambios que a sus intereses favorezcan.

Y aquí es donde hubo quien me cuestionó: ¿cuál jaloneo?, si al gobierno y los grandes empresarios la opinión pública es lo que menos les interesa, pues de todas maneras terminan haciendo lo que les venga en gana, aún cuando la mayoría no esté de acuerdo, o vea afectados sus intereses.

De lo anterior sobran ejemplos, pero no siempre es tan sencillo, como lo demuestra la autoritariamente impuesta y muy  publicitada reforma energética, que el pánico del gobierno y los grandes empresarios a la consulta popular, que férrea y mañosamente se ha impedido, demostró que están conscientes de que la mayoría de los mexicanos nos oponemos a ella. Sin duda es por eso que ahora gastan mucho tiempo y dinero en publicidad para convencernos de los beneficios que dicen que se obtendrán; claro, como siempre sin explicar cómo se llega a esos beneficios.

Y lo triste es que funciona, pues normalmente la gran mayoría se conforma con escuchar escépticamente los beneficios prometidos, y a fuerza de la insistencia publicitaria, aunque se base en mentiras, la mayoría termina por otorgar el beneficio de la duda, o simplemente se torna indiferente hacia las decisiones tomadas, pues si no cree en los beneficios prometidos, tampoco tiene la certeza de cuáles serán los perjuicios, y se refugia en el “ya ni modo”, total, como siempre, “habrá que chambearle más duro” para soportar el nuevo golpe.

Y en el caso del número más reducido de mexicanos que se interesa en las consecuencias de las medidas adoptadas por el gobierno, se divide en función de lo que digan los “líderes de opinión” a quienes conceden credibilidad; así unos estarán a favor y otros en contra, tal y como vemos en el caso de la reforma energética. Y es en este grupo donde  hay que ganar la batalla por la opinión pública, pues si la inconformidad u oposición impera en ese grupo, esta puede “arrastrar” a la mayoría inconforme pero resignada. De hecho esa es la historia de los movimientos sociales de la humanidad, como las luchas de independencia o las revoluciones; éstas siempre son concebidas, planeadas y lideradas por una minoría pensante que convence a la mayoría inconforme para que se decida a actuar.

Hoy día, en esa lucha que libran entre sí esos grupos poderosos, insensiblemente se ha tomado como rehén el caso de Ayotzinapa, en donde podemos apreciar en un extremo como un sector de la ciudadanía insiste en que la desaparición de los 43 normalistas es un crimen de estado que amerita la caída del actual gobierno; y en el otro extremo otro sector lo considera un hecho más de violencia, que si bien amerita la debida investigación y aclaración, no es motivo suficiente para relevar al Poder Ejecutivo. Para la gran mayoría, este trágico y relevante hecho no merece más que el simple ¡qué barbaridad! de costumbre, y a seguir en lo suyo.

Y debido a esta indiferencia de la gran mayoría, es que se da el “jaloneo”; en donde se distinguen dos grupos: el que está en el poder que trata de hacer aparecer el hecho como una acción de gente mala y corrupta que basta con castigarla, y en el lado opuesto, un grupo de gente poderosa que está viendo afectados sus intereses, y que busca aprovechar este hecho para demostrarle al gobierno, que lo está afectando, que tiene la fuerza necesaria para desestabilizarlo.

No es un secreto para nadie que ya van varios años en los que se ha dado un enfrentamiento empresarial entre las televisoras (principalmente Televisa), y el empresario Carlos Slim; y somos muchos los que tenemos la idea de que el actual gobierno le debe su triunfo en las pasadas elecciones al apoyo de Televisa. Actualmente, las decisiones en torno a la Ley de las telecomunicaciones parecen confirmar esa idea, y en consecuencia, si se beneficia a Televisa, se perjudica a Carlos Slim.

Yo no puedo afirmar que el Sr. Carlos Slim está apoyando a quienes dedican tiempo dinero y esfuerzo a mantener viva la protesta por la desaparición de los normalistas, aún cuando haya elementos para creerlo como el hecho de que a través de MVS noticias, inusualmente se dediquen muchos minutos a ese tema para resaltar lo mal que ha actuado el gobierno en torno a ese asunto, y defendiendo apasionadamente el derecho del pueblo a expresarse a través de las marchas, algo que nunca los había escuchado hacer.

Por el otro lado, el de Televisa, también es notoria la forma escueta en que tratan dicho asunto, minimizándolo y machacando en que el problema es que la “gente mala” no quiere decirnos que pasó con los estudiantes, a pesar de haber sido ya arrestados decenas de involucrados.

Indudablemente que es indignante lo que pasó en Ayotzinapa, y que es nuestro deber como mexicanos exigir que se esclarezcan los hechos y que se castigue a los responsables; pero también es nuestro deber luchar porque se establezcan los cambios necesarios para que no se vuelva a repetir algo similar. Y es aquí donde quedamos atrapados por el  jaloneo de que somos objeto los ciudadanos, que al pueblo no nos sirve de nada, pues mientras un grupo de poder se esfuerza por “capear” el temporal y llegar al punto donde se olvide el asunto, como ha sucedido con tantos otros como el abominable caso de Tlatlaya, la absurda e incalificable detención del Dr. Mireles, el lascerante proceder de Cuahtémoc Gutierrez o el indignante resultado sobre la muerte de la niña Paulette; el grupo de poder antagonista utiliza a sus “líderes de opinión”, para mantener el ánimo para realizar protestas que se quedaran solo en el terreno de mostrar nuestra inconformidad, pero que no aportaran nada en cuanto a avanzar en la búsqueda del bienestar para los mexicanos.

Y esto es muy claro en el caso de Ayotzinapa, el Gobierno, apoyado por Televisa, quieren que olvidemos el asunto y sigamos adelante por el ¡bien de México! (esto ya es descaro); y en el lado opuesto, a quienes les interesa desestabilizar al actual gobierno, nos insisten en que no olvidemos el asunto mediante la realización de protestas y marchas callejeras, pero limitándonos solo a pedir que aparezcan los estudiantes normalistas, sin ir más lejos para establecer cambios que eviten que el hecho se repita. Hoy día sigue habiendo desparecidos que luego aparecen muertos.

Definitivamente no debemos quedarnos callados, pero yo los invito una vez más a que o nos conformemos con que se esclarezcan los hechos de Ayotzinapa, si no que luchemos por el cambio que nos permita acceder a un futuro en el que la paz y el bienestar para todos los mexicanos sea posible, y eso no se lograra mientras permitamos que permanezca este sistema económico que condena a la miseria a cada vez más mexicanos. Apoya mi propuesta para luchar contra este sistema.       


domingo, 7 de diciembre de 2014

DESGARRANDO MEXICO

En mi último artículo hablé de cómo los hechos ocurridos en Ayotzinapa, entre otras cosas, reflejan la indiferencia que el gobierno y los grandes empresarios muestran hacia los problemas que surgen como resultado de su contubernio para proteger mutuamente sus intereses. En efecto, cegados por su avaricia, tanto políticos como grandes empresarios no pueden ver más allá del brillo que producen sus grandes riquezas; crean un mundo de fantasía donde la exhibición de sus grandes mansiones, yates y caudalosas fortunas, pueden exhibirse públicamente, pues después de todo para que serviría tanta riqueza si no se puede hacer ostentación de ella.

Es quizás ese mismo mundo fantástico, el que provoca que en sus mentes se arraigue la idea de que el modelo económico neoliberal es el camino hacia la prosperidad, seguramente en su cabeza es inquilino permanente la vieja idea común de que en el sistema que exacerba la teoría del libre mercado las oportunidades están disponibles para todos, es cuestión solo de ser inteligente, osado, hábil para los negocios, para que la fortuna sea la “dama” que tomen por prisionera.

Y en ese sentido, pues entonces solo basta con que éstos grandes empresarios continúen haciendo cuantiosas inversiones en negocios, que por su cuantía ahora requieren de la participación de capital foráneo, para que se siga desarrollando ese mundo fabuloso del crecimiento de la riqueza, suponiendo también, como en un cuento de hadas, que el beneficio de esa nueva riqueza alcanzará a todo aquel que “trabaje duro”, que sea como ellos, inteligente, osado, y en algunos casos hábil para los negocios, y en la gran mayoría de los demás casos, estos sí, sean además muy “chambeadores” para que soporten horarios de explotación y por supuesto a cambio de raquíticos salarios.

Pero desgraciadamente en la vida real, y eso suponiendo que es genuina su creencia de que sus inversiones en verdad producen riqueza para todos, esta teoría que comparten los políticos que hoy tienen el poder y los grandes empresarios, no es más que una idea fantástica que solo se cumple en sus en sus propias cuentas bancarias, y quizás, como eso es lo único que les importa, no les interesa comprobar si de veras sus cuantiosas inversiones han producido el gran  beneficio que tanto “cacarean” que obtienen los mexicanos cada vez que ellos hacen negocios, y que por supuesto aumentan sus riquezas.

El problema es que cansados y desesperados de ver como cada vez más mexicanos son alcanzados por la pobreza, cada vez más mexicanos creemos que no es por ignorancia el que los políticos y grandes empresarios no se den cuenta de que esas inversiones solo les benefician a ellos, pues solo ellos ven aumentadas sus riquezas a costillas del empobrecimiento de las mayorías. Somos cada vez más mexicanos los que nos damos cuenta de que mantienen a ultranza el modelo neoliberal solo porque les conviene a ellos, sin quererse dar cuenta de que perjudicar a las mayorías, significa perjudicar al país, de ahí nuestro pobre desempeño económico, y no de la falta de inversión como ellos sostienen.

Lo grave del asunto es que creen que condenar al país a un pobre crecimiento económico es un problema menor; es aceptable mientras sus empresas, las más de las veces monopólicas, sigan creciendo al triple o cuádruple de lo que crece el país, tal y como ha sucedido en los últimos años. No sé si no se imaginen, o simplemente no quieren aceptar, que eso significa “matar a la gallina de los huevos de oro”. Tanto políticos como grandes empresarios se sienten a salvo del peligro que representa la creciente violencia y corrupción que se nutren del “caldo de cultivo” que la creciente pobreza representa; tan es así que no tienen reparo en presumir que son el primero o segundo hombre más rico del planeta, o exhibir un costoso yate que acaban de adquirir, o de aparecer en las frívolas páginas de sociales presumiendo casas valuadas en varias decenas de millones de pesos.Cualquier profesionista o mediano empresario que presuma sus posesiones queda altamente expuesto a ser víctima de la delincuencia, pero los políticos y grandes empresarios consideran que están más allá de ese riesgo, simplemente aumentando los recursos que dedican a su protección.

Y si de jactarse de sus riquezas no hay reparo, tampoco lo hay de que se sepa lo corrupto de su origen, como lo demostró el caso de la famosa “casa blanca” cuya propiedad se atribuye la esposa del Sr. Peña Nieto, mostrándonos este último lo equivocado que estábamos cuando suponíamos que cuando pronunció la famosa frase “no soy la señora de la casa”; esta significaba un menosprecio para las esposas, y hoy nos damos cuenta de que significa todo lo contrario, es un reconocimiento, pues ser la señora de la casa significa salir a dar la cara cuando de alguna manera el esposo es cuestionado o se encuentra en algún peligro.Y la señora de la casa salió a explicar que no hay corrupción, poniendo como prueba un monto de  ingresos cuestionable que proviene de una empresa envuelta en una sospecha de corrupción de la magnitud de la compra de una elección presidencial. Lo explico muy claro ¿o no?

Con esas actitudes y explicaciones queda demostrado que, al ya no tener ninguna ninguna consideración y mucho menos preocupación por lo que piense y pase con la mayoría de los mexicanos, los políticos y grandes empresarios se dedican a formar grupos que habrán de pelearse entre sí por los grandes negocios en los que habrán de invertir, entre los cuales, los más jugosos hoy día significan arrancarle al país sus riquezas, y es ahí donde se acuerdan que ayuda mucho la opinión pública, sí, esa misma de la que se olvidan al momento de repartir las ganancias de esos jugosos negocios y que conforma la mayoría de los mexicanos, y entonces cada grupo desarrolla estrategias para poder “jalarla” a su favor, y por supuesto en contra del grupo antagónico, o sea, nos utilizan, para que en ese jaloneo alguien salga beneficiado con la aceptación, o por lo menos indiferencia de los mexicanos para saquear al país.

Tampoco se dan cuenta de que con ese jaloneo y posterior saqueo están desgarrando el tejido social de nuestro país, y de seguir así, irremediablemente llegará el día en que se arrepientan de ello, la historia nos lo ha demostrado en ya no pocas ocasiones.

Solo la unión de los ciudadanos que sufrimos las consecuencias de su contubernio podrá detenerlos; apoya mi propuesta para combatir la inequidad que produce este sistema neoliberal que nos han impuesto.


lunes, 13 de octubre de 2014

PUES ALGO ASÍ COMO LIMPIEZA SOCIAL

Para quienes estamos interesados en lo que pasa en nuestro país, en estos días es prácticamente imposible no hablar del caso Ayotzinapa, un hecho que ha logrado levantar el clamor popular, que incluso ha trascendido nuestras fronteras. Y no es para menos, el que en México se haya llegado a la posibilidad de efectuar asesinatos en masa impunemente y a plena luz del día, es para poner a pensar a cualquiera; y estoy seguro que entre los que más se han detenido a reflexionar en ello están los posibles inversionistas extranjeros; esos que el actual gobierno ha estado tratando de enamorar ofreciéndoles jugosos negocios como el petróleo y en general el de la energía, y además con leyes a modo, como la laboral, la financiera y la energética; o sea, el país en charola de plata.

No creo que sea difícil imaginarnos que los inversionistas foráneos lo pensarán dos veces antes de venir a invertir su capital en un país en donde la violencia cada día toma más fuerza, y en consecuencia donde la vida cada día vale menos. Y aquí es donde se preocupa el gobierno, lo cual, a mi juicio, quedó demostrado con el hecho de que Peña Nieto tardó varios días en salir a decir cuánto le indignaba el suceso ocurrido en el nuevo Estado de Iguala (supongo que es nuevo, pues así lo llamó el Sr. Peña, aunque no nos dijo cuando se independizó de Guerrero). ¿Qué porqué lo pienso así, veamos?

Si el gobierno federal no expresó su repudio a tan monstruoso acto delictivo, y mucho menos anunció su intervención desde el primer día, podemos suponer que lo consideró como un hecho más de la ya cotidiana violencia que se vive en México, luego entonces pues que se ocupen de ello las autoridades locales, tal y como corresponde; sin embargo semana y media después, sale a decirnos que siempre sí va a intervenir el Gobierno Federal; ¿Qué fue lo que pasó, que hizo cambiar de opinión al Sr. Peña Nieto?

El único cambio importante que yo veo, y que evidentemente el gobierno no esperaba que se presentara, fue que el repudio y exigencia de solución de los hechos, alcanzó el plano internacional. Políticos y organizaciones de otros países unieron sus voces a las de los mexicanos que se alzaron para exigir lo que cualquier gobierno que se precie de serlo, no necesita esperar a que le exijan: investigación, esclarecimiento y justicia.

En el ámbito nacional, nos hemos apresurado a realizar lo que nos sale muy bien cuando ocurren hechos que demuestran la torpeza e ineficacia de nuestro gobierno: las marchas. A través de ellas se pretende presionar para la localización de los 43 jóvenes que se presume secuestrados, y que además se haga justicia, que significa castigo a los responsables. Igual demanda han realizado nuestros diputados, senadores, el rector de la UNAM, y Miguel Ángel Mancera, artistas y deportistas famosos entre otras personalidades.

Y mientras en el ámbito nacional nos limitamos a pedir justicia, en el internacional, se pide además que el gobierno establezca las condiciones para que no se repitan este tipo de atrocidades, lo que nos deja ver que a los extranjeros no solo les preocupa el combate a la impunidad, sino que además nuestro gobierno establezca las condiciones necesarias para que en México exista la paz que garantice el que puedan venir tranquilamente a efectuar sus inversiones. Y ellos están en lo correcto, somos nosotros los que nos quedamos cortos exigiendo solo castigo a los responsables, es una muestra de que todos, ciudadanos, políticos, medios de comunicación y hasta intelectuales, ya no pensamos que lo que debemos exigirle al gobierno es que nos garantice la seguridad, que evite que seamos víctimas de la delincuencia; tal parece que estamos aceptando que dicha seguridad es algo así como un sueño lejano que no es posible lograr, pero que eso sí, cuando seamos víctima de dicha violencia estemos seguros que se va a castigar a los delincuentes.

Hoy día ni siquiera sabemos a ciencia cierta porque se atacó a los normalistas, ni hasta que grado el narco y la autoridad están coludidos, ni porque dos días después en la misma región se atacó de igual manera a un grupo de jóvenes futbolistas, en donde perdió la vida un joven jugador de 15 años; cuyo padre declara que fue por una apuesta millonaria; hecho al que no le prestaron mucha atención los medios a pesar de coincidir y tener las mismas características que el ataque a los normalistas. Quizás vende menos periódicos y logra menos rating la muerte de un joven futbolista que la de un joven normalista; o quizás sea por la cantidad de muertos en uno y otro caso.  Y en ese no saber, en ese lento avance de oscuras investigaciones, ese manejo mercantilista de los medios y ese conformismo de nosotros al limitarnos a solo pedir justicia, lo más probable es que nunca sepamos la verdad; quizás nunca sepamos si las personas detenidas son los responsables o meros chivos expiatorios; simplemente nos conformaremos con que nos digan que se castigó a alguien, tal y como sucedió en el trágico caso de la guardería “ABC”.

Y así las cosas agregaremos a nuestra historia otro capítulo más de impunidad, y peor que eso, habremos avanzado un tramo más en el camino que nos lleva  a alejarnos de la equidad y justicia para todos. Habremos aceptado que podemos vivir con el problema mientras la violencia acabe con la vida de ciudadanos comunes y corrientes, que en su gran mayoría son de escasos recursos, y en varios casos, ciudadanos molestos para el sistema como los normalistas rurales que “siempre andan protestando por todo y secuestrando camiones”.

Seguiremos practicando y fortaleciendo algo así como una “limpieza social”, que a quienes hoy se benefician del modelo neoliberal, los libre no solo de la indeseable gente hundida en la miseria, sino también de aquella que no se adapta al sistema, aquella que por estar excluida de las oportunidades que ofrece dicho modelo, sale sobrando. Esos son los que se la pasan protestando, los que entorpecen el progreso, los que espantan a los inversionistas extranjeros que vendrán  a hacer negocios con los grandes empresarios y políticos mexicanos, y que torpemente el gobierno cree que serán nuestros salvadores, pues suponen que con sus inversiones vendrá el progreso y bienestar para la mayoría. Su ambición e ignorancia no les permite ver que con nuestro modelo económico actual, lo único que traerán esas inversiones será más desigualdad, con ella más pobreza y en consecuencia más violencia.

Pero finalmente nosotros lo aceptamos, pues cuando la violencia nos pega en quien más queremos, nos conformamos con organizar marchas para pedir castigo para alguien, aunque no estemos seguros de que sea el verdadero responsable.

Apoya mi propuesta para recuperar la vida digna que todos merecemos.

lunes, 6 de octubre de 2014

AVANZAR HACIA ATRÁS

Pues como que cualquiera diría que eso no se puede, que avanzar hacia atrás es simplemente retroceder, luego entonces avanzar hacia atrás es un contrasentido; quizás el juicio más cercano para darle sentido sería aplicar el clásico retroceder para avanzar, que siendo estrictos no significa lo mismo.

Pero en nuestra vida política nacional puede suceder cualquier contrasentido, hace un par de años nuestros políticos y grandes empresarios se tomaron la libertad de llamarle avance al retroceso que sufrió la legislación laboral en materia de protección a los trabajadores; en aquel entonces eufóricos gritaron a los cuatro vientos que por fin se había roto el dique que impedía el crecimiento del empleo. Sin embargo en los inmediatos dos años siguientes, la realidad se encargó de restregarles en la cara su tremenda ignorancia, o quizás sacar a la luz su maldad, pues lo que ellos llamaron avance, en realidad fue un retroceso que no detuvo la disminución en la creación de empleos y por otro lado si empeoró la situación al provocar la pauperización del trabajo.

Lo mismo podemos decir de la mal llamada reforma hacendaria que entró en vigor para este año, la cual fue calificada por el titular de la SHCP, Luis Videgaray como un avance pues era justa y progresista pues haría que pagaran más impuestos quienes más tienen y además provocaría el desarrollo económico. La triste realidad, y aceptada por el propio Videgaray, es que no ha habido tal crecimiento económico, y que el aumento en la recaudación fiscal no proviene de un aumento en  el total de impuestos que han pagado los más ricos (sector en donde se incluyen las grandes empresas), si no que el incremento resulta del mayor pago de impuestos efectuado principalmente por la clase media.

Y así podríamos seguir dando ejemplos, y ustedes se aburrirían pues no habría señalado nada nuevo y por lo tanto digno de reflexión, pues ya todos sabemos que los políticos y los grandes empresarios frecuentemente mienten cuando se trata de convencernos de la bondad de sus decisiones, para así conservar su situación de privilegio, a lo cual nos hemos acostumbrado y por lo tanto eso ya ni lo vemos grave, vaya, ya ni siquiera consideramos importante protestar cuando sus mentiras quedan al descubierto.

Y esto último es lo que es digno de reflexión; pues el acostumbrarnos a permitir que los políticos y grandes empresarios crean que nos engañan, parece ser que está produciendo el peligroso efecto de que ya no nos interese juzgar los hechos que ocurren en nuestra vida política y social, y en esas circunstancias ya no podamos distinguir entre un avance y un retroceso, y eso si que es verdaderamente peligroso.

Y esto viene a cuento por los hechos que acaban de ocurrir en el Instituto Politécnico Nacional, en donde parece ser que la opinión pública califica como un avance la victoria de los estudiantes sobre las autoridades del IPN e incluso la Secretaría de Gobernación, al no permitir que les impusieran un nuevo reglamento interno así como un cambio en el plan de estudios, que a su juicio ambas cosas los perjudicaban.

Sin duda que es benéfico que el autoritarismo no triunfe sobre el diálogo, pero en un país democrático, como se supone que es el nuestro, tener que defenderse del autoritarismo no puede significar un avance, si no tan solo representa no permitir el retroceso, y lo que debe hacernos reflexionar, es el hecho de que para no aceptar la imposición, hubo de recurrirse a las consabidas manifestaciones callejeras; de nueva cuenta queda demostrado que las autoridades y el gobierno padecen una profunda sordera, que solo es capaz de escuchar el retumbar de miles de pies marchando.

No sé si el triunfo de los estudiantes vaya a representar un avance en la vida académica del Politécnico, espero que sí, pero procede preguntarnos ¿Por qué fue necesario que surgiera la diferencia entre la dirección y la comunidad politécnica, para que se plantearan peticiones que se supone mejorarán el desempeño de esa institución?. Parece como si hubiera sido necesario que la Dra. Yoloxóchitl Bustamante se equivocara para que entonces los estudiantes pidieran cosas tan elementales como, por ejemplo, que salieran los “porros” del Politécnico, que aumentaran el presupuesto para la institución y su democratización. ¿Si no les hubieran querido imponer un plan de estudios y un reglamento, nunca hubieran hecho tales demandas?

Si para proponer avances es necesario esperar a que se presente una coyuntura, y luego proceder a organizar marchas para ser escuchados, entonces no estamos avanzando. La actitud del gobierno de aceptar rápidamente todas las demandas, prácticamente sin ningún diálogo, me da la impresión de que para ellos lo que ocurra en el Politécnico no es importante; si quieren que la directora renuncie, pues que renuncie, si no quieren a la policía bancaria, pues la sacamos de las instalaciones, si no les gustó el plan de estudios y el reglamento que pretendían imponer la dirección, pues los cancelamos, si hombre, lo que ustedes quieran, y si quieren algo más, pues aquí en la calle lo arreglamos.

En este caso,  el mensaje que nos envió el gobierno a través del Secretario de Gobernación es que seremos complacidos en lo que pidamos siempre y cuando organicemos marchas “ordenadas y bonitas” como las que llevaron a cabo los estudiantes del Politécnico. No es efectivo mostrar inteligencia y presentar propuestas de solución a nuestros problemas en las oficinas correspondientes, de esa manera no nos van a escuchar, y eso me consta, lo eficaz es esperar hasta que haya algún conflicto con la autoridad para tener un pretexto para proceder a afectar la libertad de tránsito de terceros en las calles, y entonces si seremos atendidos, pues quizás no habremos mostrado inteligencia, pero “el músculo” si. Ni más ni menos que la institucionalización de las marchas; que contentos estarán los políticos y líderes gremiales y sociales  que son afectos a organizarlas.

Pues discúlpenme, pero si esa es la forma de avanzar, pues entonces estamos retrocediendo.

Yo sigo luchando porque mostremos inteligencia y hagamos que el gobierno escuche esta propuesta sin necesidad de tomar la calle. Apóyala.