En mi último artículo hablé de
cómo los hechos ocurridos en Ayotzinapa, entre otras cosas, reflejan la
indiferencia que el gobierno y los grandes empresarios muestran hacia los
problemas que surgen como resultado de su contubernio para proteger mutuamente
sus intereses. En efecto, cegados por su avaricia, tanto políticos como grandes
empresarios no pueden ver más allá del brillo que producen sus grandes riquezas;
crean un mundo de fantasía donde la exhibición de sus grandes mansiones, yates
y caudalosas fortunas, pueden exhibirse públicamente, pues después de todo para
que serviría tanta riqueza si no se puede hacer ostentación de ella.
Es quizás ese mismo mundo
fantástico, el que provoca que en sus mentes se arraigue la idea de que el
modelo económico neoliberal es el camino hacia la prosperidad, seguramente en
su cabeza es inquilino permanente la vieja idea común de que en el sistema que
exacerba la teoría del libre mercado las oportunidades están disponibles para
todos, es cuestión solo de ser inteligente, osado, hábil para los negocios,
para que la fortuna sea la “dama” que tomen por prisionera.
Y en ese sentido, pues entonces
solo basta con que éstos grandes empresarios continúen haciendo cuantiosas
inversiones en negocios, que por su cuantía ahora requieren de la participación
de capital foráneo, para que se siga desarrollando ese mundo fabuloso del crecimiento
de la riqueza, suponiendo también, como en un cuento de hadas, que el beneficio
de esa nueva riqueza alcanzará a todo aquel que “trabaje duro”, que sea como
ellos, inteligente, osado, y en algunos casos hábil para los negocios, y en la
gran mayoría de los demás casos, estos sí, sean además muy “chambeadores” para
que soporten horarios de explotación y por supuesto a cambio de raquíticos
salarios.
Pero desgraciadamente en la vida
real, y eso suponiendo que es genuina su creencia de que sus inversiones en
verdad producen riqueza para todos, esta teoría que comparten los políticos que
hoy tienen el poder y los grandes empresarios, no es más que una idea
fantástica que solo se cumple en sus en sus propias cuentas bancarias, y quizás,
como eso es lo único que les importa, no les interesa comprobar si de veras sus
cuantiosas inversiones han producido el gran
beneficio que tanto “cacarean” que obtienen los mexicanos cada vez que
ellos hacen negocios, y que por supuesto aumentan sus riquezas.
El problema es que cansados y
desesperados de ver como cada vez más mexicanos son alcanzados por la pobreza, cada
vez más mexicanos creemos que no es por ignorancia el que los políticos y
grandes empresarios no se den cuenta de que esas inversiones solo les
benefician a ellos, pues solo ellos ven aumentadas sus riquezas a costillas del
empobrecimiento de las mayorías. Somos cada vez más mexicanos los que nos damos
cuenta de que mantienen a ultranza el modelo neoliberal solo porque les
conviene a ellos, sin quererse dar cuenta de que perjudicar a las mayorías,
significa perjudicar al país, de ahí nuestro pobre desempeño económico, y no de
la falta de inversión como ellos sostienen.
Lo grave del asunto es que creen
que condenar al país a un pobre crecimiento económico es un problema menor; es
aceptable mientras sus empresas, las más de las veces monopólicas, sigan
creciendo al triple o cuádruple de lo que crece el país, tal y como ha sucedido
en los últimos años. No sé si no se imaginen, o simplemente no quieren aceptar,
que eso significa “matar a la gallina de los huevos de oro”. Tanto políticos
como grandes empresarios se sienten a salvo del peligro que representa la
creciente violencia y corrupción que se nutren del “caldo de cultivo” que la
creciente pobreza representa; tan es así que no tienen reparo en presumir que
son el primero o segundo hombre más rico del planeta, o exhibir un costoso yate
que acaban de adquirir, o de aparecer en las frívolas páginas de sociales
presumiendo casas valuadas en varias decenas de millones de pesos.Cualquier
profesionista o mediano empresario que presuma sus posesiones queda altamente
expuesto a ser víctima de la delincuencia, pero los políticos y grandes
empresarios consideran que están más allá de ese riesgo, simplemente aumentando
los recursos que dedican a su protección.
Y si de jactarse de sus riquezas
no hay reparo, tampoco lo hay de que se sepa lo corrupto de su origen, como lo
demostró el caso de la famosa “casa blanca” cuya propiedad se atribuye la
esposa del Sr. Peña Nieto, mostrándonos este último lo equivocado que estábamos
cuando suponíamos que cuando pronunció la famosa frase “no soy la señora de la
casa”; esta significaba un menosprecio para las esposas, y hoy nos damos cuenta
de que significa todo lo contrario, es un reconocimiento, pues ser la señora de
la casa significa salir a dar la cara cuando de alguna manera el esposo es
cuestionado o se encuentra en algún peligro.Y la señora de la casa salió a
explicar que no hay corrupción, poniendo como prueba un monto de ingresos cuestionable que proviene de una
empresa envuelta en una sospecha de corrupción de la magnitud de la compra de
una elección presidencial. Lo explico muy claro ¿o no?
Con esas actitudes y
explicaciones queda demostrado que, al ya no tener ninguna ninguna
consideración y mucho menos preocupación por lo que piense y pase con la
mayoría de los mexicanos, los políticos y grandes empresarios se dedican a
formar grupos que habrán de pelearse entre sí por los grandes negocios en los
que habrán de invertir, entre los cuales, los más jugosos hoy día significan
arrancarle al país sus riquezas, y es ahí donde se acuerdan que ayuda mucho la
opinión pública, sí, esa misma de la que se olvidan al momento de repartir las
ganancias de esos jugosos negocios y que conforma la mayoría de los mexicanos,
y entonces cada grupo desarrolla estrategias para poder “jalarla” a su favor, y
por supuesto en contra del grupo antagónico, o sea, nos utilizan, para que en
ese jaloneo alguien salga beneficiado con la aceptación, o por lo menos
indiferencia de los mexicanos para saquear al país.
Tampoco se dan cuenta de que con
ese jaloneo y posterior saqueo están desgarrando el tejido social de nuestro
país, y de seguir así, irremediablemente llegará el día en que se arrepientan
de ello, la historia nos lo ha demostrado en ya no pocas ocasiones.
Solo la unión de los ciudadanos
que sufrimos las consecuencias de su contubernio podrá detenerlos; apoya mi
propuesta para combatir la inequidad que produce este sistema neoliberal que
nos han impuesto.
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