domingo, 7 de diciembre de 2014

DESGARRANDO MEXICO

En mi último artículo hablé de cómo los hechos ocurridos en Ayotzinapa, entre otras cosas, reflejan la indiferencia que el gobierno y los grandes empresarios muestran hacia los problemas que surgen como resultado de su contubernio para proteger mutuamente sus intereses. En efecto, cegados por su avaricia, tanto políticos como grandes empresarios no pueden ver más allá del brillo que producen sus grandes riquezas; crean un mundo de fantasía donde la exhibición de sus grandes mansiones, yates y caudalosas fortunas, pueden exhibirse públicamente, pues después de todo para que serviría tanta riqueza si no se puede hacer ostentación de ella.

Es quizás ese mismo mundo fantástico, el que provoca que en sus mentes se arraigue la idea de que el modelo económico neoliberal es el camino hacia la prosperidad, seguramente en su cabeza es inquilino permanente la vieja idea común de que en el sistema que exacerba la teoría del libre mercado las oportunidades están disponibles para todos, es cuestión solo de ser inteligente, osado, hábil para los negocios, para que la fortuna sea la “dama” que tomen por prisionera.

Y en ese sentido, pues entonces solo basta con que éstos grandes empresarios continúen haciendo cuantiosas inversiones en negocios, que por su cuantía ahora requieren de la participación de capital foráneo, para que se siga desarrollando ese mundo fabuloso del crecimiento de la riqueza, suponiendo también, como en un cuento de hadas, que el beneficio de esa nueva riqueza alcanzará a todo aquel que “trabaje duro”, que sea como ellos, inteligente, osado, y en algunos casos hábil para los negocios, y en la gran mayoría de los demás casos, estos sí, sean además muy “chambeadores” para que soporten horarios de explotación y por supuesto a cambio de raquíticos salarios.

Pero desgraciadamente en la vida real, y eso suponiendo que es genuina su creencia de que sus inversiones en verdad producen riqueza para todos, esta teoría que comparten los políticos que hoy tienen el poder y los grandes empresarios, no es más que una idea fantástica que solo se cumple en sus en sus propias cuentas bancarias, y quizás, como eso es lo único que les importa, no les interesa comprobar si de veras sus cuantiosas inversiones han producido el gran  beneficio que tanto “cacarean” que obtienen los mexicanos cada vez que ellos hacen negocios, y que por supuesto aumentan sus riquezas.

El problema es que cansados y desesperados de ver como cada vez más mexicanos son alcanzados por la pobreza, cada vez más mexicanos creemos que no es por ignorancia el que los políticos y grandes empresarios no se den cuenta de que esas inversiones solo les benefician a ellos, pues solo ellos ven aumentadas sus riquezas a costillas del empobrecimiento de las mayorías. Somos cada vez más mexicanos los que nos damos cuenta de que mantienen a ultranza el modelo neoliberal solo porque les conviene a ellos, sin quererse dar cuenta de que perjudicar a las mayorías, significa perjudicar al país, de ahí nuestro pobre desempeño económico, y no de la falta de inversión como ellos sostienen.

Lo grave del asunto es que creen que condenar al país a un pobre crecimiento económico es un problema menor; es aceptable mientras sus empresas, las más de las veces monopólicas, sigan creciendo al triple o cuádruple de lo que crece el país, tal y como ha sucedido en los últimos años. No sé si no se imaginen, o simplemente no quieren aceptar, que eso significa “matar a la gallina de los huevos de oro”. Tanto políticos como grandes empresarios se sienten a salvo del peligro que representa la creciente violencia y corrupción que se nutren del “caldo de cultivo” que la creciente pobreza representa; tan es así que no tienen reparo en presumir que son el primero o segundo hombre más rico del planeta, o exhibir un costoso yate que acaban de adquirir, o de aparecer en las frívolas páginas de sociales presumiendo casas valuadas en varias decenas de millones de pesos.Cualquier profesionista o mediano empresario que presuma sus posesiones queda altamente expuesto a ser víctima de la delincuencia, pero los políticos y grandes empresarios consideran que están más allá de ese riesgo, simplemente aumentando los recursos que dedican a su protección.

Y si de jactarse de sus riquezas no hay reparo, tampoco lo hay de que se sepa lo corrupto de su origen, como lo demostró el caso de la famosa “casa blanca” cuya propiedad se atribuye la esposa del Sr. Peña Nieto, mostrándonos este último lo equivocado que estábamos cuando suponíamos que cuando pronunció la famosa frase “no soy la señora de la casa”; esta significaba un menosprecio para las esposas, y hoy nos damos cuenta de que significa todo lo contrario, es un reconocimiento, pues ser la señora de la casa significa salir a dar la cara cuando de alguna manera el esposo es cuestionado o se encuentra en algún peligro.Y la señora de la casa salió a explicar que no hay corrupción, poniendo como prueba un monto de  ingresos cuestionable que proviene de una empresa envuelta en una sospecha de corrupción de la magnitud de la compra de una elección presidencial. Lo explico muy claro ¿o no?

Con esas actitudes y explicaciones queda demostrado que, al ya no tener ninguna ninguna consideración y mucho menos preocupación por lo que piense y pase con la mayoría de los mexicanos, los políticos y grandes empresarios se dedican a formar grupos que habrán de pelearse entre sí por los grandes negocios en los que habrán de invertir, entre los cuales, los más jugosos hoy día significan arrancarle al país sus riquezas, y es ahí donde se acuerdan que ayuda mucho la opinión pública, sí, esa misma de la que se olvidan al momento de repartir las ganancias de esos jugosos negocios y que conforma la mayoría de los mexicanos, y entonces cada grupo desarrolla estrategias para poder “jalarla” a su favor, y por supuesto en contra del grupo antagónico, o sea, nos utilizan, para que en ese jaloneo alguien salga beneficiado con la aceptación, o por lo menos indiferencia de los mexicanos para saquear al país.

Tampoco se dan cuenta de que con ese jaloneo y posterior saqueo están desgarrando el tejido social de nuestro país, y de seguir así, irremediablemente llegará el día en que se arrepientan de ello, la historia nos lo ha demostrado en ya no pocas ocasiones.

Solo la unión de los ciudadanos que sufrimos las consecuencias de su contubernio podrá detenerlos; apoya mi propuesta para combatir la inequidad que produce este sistema neoliberal que nos han impuesto.


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