En mi pasado artículo mencioné
que los grandes empresarios y los políticos forman grupos que luchan entre sí
por obtener mayor poder y riqueza para sí mismos, y que es en esa batalla
cuando les importa el resto de la población, pues el grupo que saldrá
victorioso será aquel que cuente con el apoyo de la opinión pública, y es ahí
en donde se produce un “jaloneo” de los ciudadanos para que se decidan a favor
de que grupo están, pues ello facilitará la imposición de los cambios que a sus
intereses favorezcan.
Y aquí es donde hubo quien me
cuestionó: ¿cuál jaloneo?, si al gobierno y los grandes empresarios la opinión
pública es lo que menos les interesa, pues de todas maneras terminan haciendo
lo que les venga en gana, aún cuando la mayoría no esté de acuerdo, o vea
afectados sus intereses.
De lo anterior sobran ejemplos,
pero no siempre es tan sencillo, como lo demuestra la autoritariamente impuesta
y muy publicitada reforma energética, que
el pánico del gobierno y los grandes empresarios a la consulta popular, que
férrea y mañosamente se ha impedido, demostró que están conscientes de que la
mayoría de los mexicanos nos oponemos a ella. Sin duda es por eso que ahora
gastan mucho tiempo y dinero en publicidad para convencernos de los beneficios
que dicen que se obtendrán; claro, como siempre sin explicar cómo se llega a
esos beneficios.
Y lo triste es que funciona, pues
normalmente la gran mayoría se conforma con escuchar escépticamente los
beneficios prometidos, y a fuerza de la insistencia publicitaria, aunque se
base en mentiras, la mayoría termina por otorgar el beneficio de la duda, o
simplemente se torna indiferente hacia las decisiones tomadas, pues si no cree
en los beneficios prometidos, tampoco tiene la certeza de cuáles serán los
perjuicios, y se refugia en el “ya ni modo”, total, como siempre, “habrá que
chambearle más duro” para soportar el nuevo golpe.
Y en el caso del número más
reducido de mexicanos que se interesa en las consecuencias de las medidas
adoptadas por el gobierno, se divide en función de lo que digan los “líderes de
opinión” a quienes conceden credibilidad; así unos estarán a favor y otros en
contra, tal y como vemos en el caso de la reforma energética. Y es en este
grupo donde hay que ganar la batalla por
la opinión pública, pues si la inconformidad u oposición impera en ese grupo,
esta puede “arrastrar” a la mayoría inconforme pero resignada. De hecho esa es
la historia de los movimientos sociales de la humanidad, como las luchas de independencia
o las revoluciones; éstas siempre son concebidas, planeadas y lideradas por una
minoría pensante que convence a la mayoría inconforme para que se decida a
actuar.
Hoy día, en esa lucha que libran
entre sí esos grupos poderosos, insensiblemente se ha tomado como rehén el caso
de Ayotzinapa, en donde podemos apreciar en un extremo como un sector de la ciudadanía
insiste en que la desaparición de los 43 normalistas es un crimen de estado que
amerita la caída del actual gobierno; y en el otro extremo otro sector lo
considera un hecho más de violencia, que si bien amerita la debida
investigación y aclaración, no es motivo suficiente para relevar al Poder
Ejecutivo. Para la gran mayoría, este trágico y relevante hecho no merece más
que el simple ¡qué barbaridad! de costumbre, y a seguir en lo suyo.
Y debido a esta indiferencia de
la gran mayoría, es que se da el “jaloneo”; en donde se distinguen dos grupos:
el que está en el poder que trata de hacer aparecer el hecho como una acción de
gente mala y corrupta que basta con castigarla, y en el lado opuesto, un grupo
de gente poderosa que está viendo afectados sus intereses, y que busca aprovechar
este hecho para demostrarle al gobierno, que lo está afectando, que tiene la
fuerza necesaria para desestabilizarlo.
No es un secreto para nadie que ya van varios
años en los que se ha dado un enfrentamiento empresarial entre las televisoras
(principalmente Televisa), y el empresario Carlos Slim; y somos muchos los que
tenemos la idea de que el actual gobierno le debe su triunfo en las pasadas
elecciones al apoyo de Televisa. Actualmente, las decisiones en torno a la Ley
de las telecomunicaciones parecen confirmar esa idea, y en consecuencia, si se
beneficia a Televisa, se perjudica a Carlos Slim.
Yo no puedo afirmar que el Sr.
Carlos Slim está apoyando a quienes dedican tiempo dinero y esfuerzo a mantener
viva la protesta por la desaparición de los normalistas, aún cuando haya
elementos para creerlo como el hecho de que a través de MVS noticias,
inusualmente se dediquen muchos minutos a ese tema para resaltar lo mal que ha
actuado el gobierno en torno a ese asunto, y defendiendo apasionadamente el derecho
del pueblo a expresarse a través de las marchas, algo que nunca los había
escuchado hacer.
Por el otro lado, el de Televisa,
también es notoria la forma escueta en que tratan dicho asunto, minimizándolo y
machacando en que el problema es que la “gente mala” no quiere decirnos que
pasó con los estudiantes, a pesar de haber sido ya arrestados decenas de
involucrados.
Indudablemente que es indignante
lo que pasó en Ayotzinapa, y que es nuestro deber como mexicanos exigir que se
esclarezcan los hechos y que se castigue a los responsables; pero también es
nuestro deber luchar porque se establezcan los cambios necesarios para que no
se vuelva a repetir algo similar. Y es aquí donde quedamos atrapados por
el jaloneo de que somos objeto los
ciudadanos, que al pueblo no nos sirve de nada, pues mientras un grupo de poder
se esfuerza por “capear” el temporal y llegar al punto donde se olvide el
asunto, como ha sucedido con tantos otros como el abominable caso de Tlatlaya,
la absurda e incalificable detención del Dr. Mireles, el lascerante proceder de
Cuahtémoc Gutierrez o el indignante resultado sobre la muerte de la niña Paulette;
el grupo de poder antagonista utiliza a sus “líderes de opinión”, para mantener
el ánimo para realizar protestas que se quedaran solo en el terreno de mostrar
nuestra inconformidad, pero que no aportaran nada en cuanto a avanzar en la
búsqueda del bienestar para los mexicanos.
Y esto es muy claro en el caso de
Ayotzinapa, el Gobierno, apoyado por Televisa, quieren que olvidemos el asunto
y sigamos adelante por el ¡bien de México! (esto ya es descaro); y en el lado
opuesto, a quienes les interesa desestabilizar al actual gobierno, nos insisten
en que no olvidemos el asunto mediante la realización de protestas y marchas
callejeras, pero limitándonos solo a pedir que aparezcan los estudiantes
normalistas, sin ir más lejos para establecer cambios que eviten que el hecho
se repita. Hoy día sigue habiendo desparecidos que luego aparecen muertos.
Definitivamente no debemos
quedarnos callados, pero yo los invito una vez más a que o nos conformemos con
que se esclarezcan los hechos de Ayotzinapa, si no que luchemos por el cambio
que nos permita acceder a un futuro en el que la paz y el bienestar para todos
los mexicanos sea posible, y eso no se lograra mientras permitamos que
permanezca este sistema económico que condena a la miseria a cada vez más
mexicanos. Apoya mi propuesta para luchar contra este sistema.