Y creo que ahora que hace unos
días que recibimos la visita del Presidente Chino, Xi Jinping, cobran
vigencia, pues ahora que ha venido a ofrecernos desarrollo conjunto basado en
un mayor intercambio comercial e inversión en nuestro país, suena increíble
que lo hace buscando equilibrar la posición de ventaja que ellos tienen
en nuestras relaciones comerciales. ¿Acaso sería lógico que Enrique Peña Nieto
visitara algún país que nos comprara más de lo que le compramos para ofrecerles
equilibrar la situación?
Hoy día esta muy
difundida y aceptada la idea de que el futuro de cualquier país debe basarse en
mejorar su productividad para así ser
más competitivo en el terreno del comercio internacional, o dicho de otra
forma, todos los países deben competir entre sí por los mercados que
representan esos mismos países; el que pierda esta condenado al atraso y la
pobreza.
Y por supuesto, ese
es el justo castigo, pues se piensa que perdieron por flojos y retrógradas,
enemigos del progreso, pues las oportunidades están ahí para todos, y por lo
tanto todos pueden ganar en un mercado perfecto sabiamente regulado por la
“mano invisible”, o sea las infalibles leyes del mercado.
Eso es precisamente
lo que el reconocido economista estadounidense y premio nobel de economía, Paul
Krugman llama el “saber convencional”. En su libro “El internacionalismo
moderno”, nos habla de que la idea de que los países compiten entre sí como si
fueran empresas es, de origen, equivocada, pues para empezar no es posible que
si en esa competencia un país fracasa, este va a desaparecer como le sucedería
a cualquier empresa que quebrara. Por otro lado, también señala que el éxito
en el desarrollo económico de un país, no esta atado al éxito en el comercio internacional, pues influye de manera
determinante las condiciones de política económica interna para que el
beneficio del comercio internacional se refleje en un crecimiento económico sostenido del
país.
Paul Krugman
concluye que no hay ningún análisis económico que sustente debidamente que el
desarrollo de un país depende de su éxito en el comercio internacional, pero,
sin embargo, los gobiernos actuan aceptando que así es, simplemente porque es algo generalmente aceptado por los expertos, y entonces de esa manera se ganan la imagen de que si saben de economía, o
sea, el saber convencional.
Es tiempo de
cuestionar ese “saber convencional”; en la realidad, el florecimiento del
comercio internacional, producto de la globalización, ha producido empresas muy
ricas y no ha evitado que existan países con prolongadas crisis económicas, y en consecuencia con poblaciones
cada vez más pobres.
Tal es el caso de
nuestro México, en el que observamos que en el 2011 las 500 empresas más
importantes crecieron arriba del 15%, mientras que el país creció solo un
3.9%, y con una pobreza creciente. Seguir creyendo que vamos a salir adelante a
base de tratados comerciales e inversión extranjera, significa creer en cuentos
chinos, pues traer riqueza al país producto de las exportaciones y nuevas empresas extranjeras asentadas en nuestro país, no significa
que esa riqueza necesariamente alcance a la población en general. Parece que se
nos olvida que las que exportan son las empresas y no los países; la “tajada
del león” lógicamente se la quedan las empresas exportadoras y extranjeras, que pagan, como
la gran mayoría, sueldos muy bajos, pues esa es una de sus ventajas
competitivas para poder competir y exportar, profundizando así la inequidad en la
distribución de la riqueza que padecemos los mexicanos.
Dicha inequidad es
el enemigo a vencer, y la única manera de hacerlo es a través de una reforma
fiscal enfocada a mejorar la distribución del ingreso, agregando el concepto de
contribución a la economía en los criterios para la definición de impuestos,
midiendo la contribución a la economía en función del empleo generado por las
empresas; a más empleo menos impuestos.
Esta medida
constituiría un incentivo para generar más empleos y mejor remunerados, y así
combatir eficazmente el aumento de la pobreza; y para que funcione como una
herramienta de redistribución del ingreso de manera sostenida, debe ser
complementada con otras disposiciones, tales como eliminar impuestos
complementarios como el IETU; eliminar privilegios fiscales como la
consolidación fiscal; un procedimiento para que el no pago de IVA en alimentos
y medicinas beneficie solamente a quienes tienen los menores ingresos;
disminuir el impuesto a los salarios y aumentar la tasa del reparto de
utilidades en base al aumento de la productividad.
Y esa es
precisamente la reforma fiscal que propongo, que además de redistribuir el
ingreso, no reduce la recaudación fiscal. En suma, se trata de una reforma
fiscal que conviene a empresarios, trabajadores y gobierno, pues para que el
país progrese de una manera más justa y sostenida, es indispensable una mejor
distribución de la riqueza. Cualquiera otra de las alternativas hasta hoy
propuestas por nuestro gobierno, no pasan de ser meros cuentos chinos.
Apoya mi propuesta con tu firma; ES EL TURNO DE NOSOTROS LOS CIUDADANOS, el gobierno no va a resolver este problema. Entra a www.change.org y apoya con tu firma la propuesta "México, no más pobreza; ¡defendámonos de ella!", es en beneficio de todos; ¿o vas a esperar hasta que la pobreza también te alcance a ti?. Puedes entrar con el siguiente link: