Ni hablar; de que en México hay democracia, la hay; bueno, bueno, por lo menos a la hora de ir a votar, pues cada vez es menos común escuchar de casos en los que se robaron las urnas, o alteraron las papeletas, o hubo por ahí alguien en la casilla amenazando a los ciudadanos para que votaran por alguien en particular, o de plano, que se nos "caiga el sistema", como cuando pasó en aquella elección en la que muchos pensamos le fué robada a Cuauhtémoc Cárdenas.
No cabe duda que hemos avanzado, esos "pecadillos" como que ya son prueba superada; y luego entonces uno supondría que ahora si hay más probabilidades de que realmente gane el mejor, y cuando decimos el mejor, pues deberíamos entender que es aquél que nos parezca más capaz, o que haya presentado los mejores planes para el país, o por lo menos nos inspire más confianza.
Pero, a juzgar por lo que le hemos visto a nuestro actual Presidente, parece que no es así, y que lo único que pasó, es que los viejos trucos han sido sustituídos por la "sofisticación mercadológica"; o sea, no importa lo que vendas, tan solo hay que saber venderlo. Y en efecto, todo indica que el PRI supo venderle a la mayoría su producto con mucha publicidad y con ofertas de un dinerito a cambio del voto, y ahora que ya lo compramos pues nos está pasando lo que normalmente sucede cuando compramos algo nada más porque nos "marearon" al hacer la compra, pero que a la hora de usar el producto, nos damos cuenta de todas sus deficiencias, y que entonces el gasto fué inútil.
Y tal parece que es el caso de Enrique Peña Nieto, quien en campaña no se cansó de decirnos que el tenía los planes y estrategias para "mover a México", y ahora resulta que para empezar, el primer año fué "sabático", pues de entrada no se aplicó ninguna de las "reformas estructurales", que tanto nos señaló en campaña como indispensables, pues apenas se estan discutiendo; y luego, lo más sorprendente, ahora resulta que nosotros los ciudadanos decidiremos lo que ha de hacer el Presidente a través de votar, ahora por internet, entre una serie de alternativas que nos plantea el propio Gobierno en una página en la que nos pregunta que es lo que consideramos más importante que debe atenderse y nos ofrece una serie de alternativas de como atenderlo, para que elijamos cual aplicar. Caray, ¡democracia para que haya democracia en la democracia, de una manera democrática!.
Si ahora que ya lo elegimos nos da a escoger como queremos que sea el Plan Nacional de Desarrollo, no significa otra cosa más que lo que pregonó en campaña no es suficiente para elaborarlo, jerarquizando los problemas a resolver y con que estrategias, pues ahora nosotros deberemos definir, por votación, éstos dos factores. Tal parece que Enrique Peña Nieto no tiene muy claro lo que significa el Poder Ejecutivo, y que lo que él entiende al respecto es que en todo momento él tan solo es un ejecutante de lo que la mayoría quiere que se haga, sin entender que la mayoría eso ya lo decidió cuando votó por él, pues de no ser así, nos pasaremos el sexenio haciendo votaciones en cada decisión a tomar, y en ese caso en lugar de tener un Presidente lo que tendremos es un coordinador.
¿Que no se supone que al elegir un Presidente, se está eligiendo un proyecto que él mismo ha propuesto?; ¿no es verdad que nos dijo que él y su partido sí sabían lo que había que hacer pues tenían más experiencia?; ¿Acaso no nos prometió que iba a hacer que ganáramos más por nuestro trabajo?.
Señor Presidente, ahora es tiempo de cumplir lo que prometió, no de preguntarnos a los mexicanos que queremos que se haga, y si usted cree que así debe de ser, entonces ¿por que no también somete a votación a quienes queremos que integren su gabinete?. ¿Que va a pasar con aquellas promesas firmadas ante notario, que no sean elegidas en la votación actual?.
Y dentro de las promesas a cumplir, a mi juicio destaca la que se refiere a hacer que los mexicanos ganemos más por nuestro trabajo (que por cierto no se firmó ante notario), pues al haber cada día un mayor número de pobres, esta promesa es la que toma más relevancia, y bien puede ahora no cumplirla porque no gane en la votación actual, lo cual es muy probable, pues los que no tienen ni para comer, o apenas tienen para subsistir, lo más seguro es que no tengan acceso al internet, y por lo tanto no van a votar.
Teniendo a más de la mitad de la población sumida en la pobreza, no cumplir esta promesa de campaña tan solo significará que haberla hecho pueda interpretarse como una estrategia publicitaria de lo más indigno, pues debidamente acompañada de una tarjeta de despensa de quinientos o mil pesos, se conviertirá en una burla de muy mal gusto hacia la mayor parte de los mexicanos. ¿Lo vamos a tolerar?.
Es el turno de nosotros los ciudadanos.