Desde la primera vez que escuché la expresión que titula
este artículo, me dijeron que se utiliza para cuando querías decir que alguien
acudía a las mentiras para hacer parecer a algo o a alguien más benéfico o
hermoso de lo que en realidad era.
Si lo que me dijeron es cierto, entonces todos estaremos de
acuerdo en que lo que fue a hacer Enrique Peña Nieto al foro económico de
Davos, Suiza, que se celebró del 22 al 25 del pasado mes de enero, fue
precisamente eso, a contar mentiras, o en el mejor de los casos verdades a
medias, sobre las condiciones actuales de México, para hacerlo parecer más
atractivo.
Y por supuesto que tenía que ser así, pues de lo que se
trataba era de, una vez más, ir a convencer a los dueños de los grandes capitales
extranjeros, para que vengan a invertir a nuestro país; lo que implica que
nuestros gobernantes no han aprendido la lección, pues aún cuando la historia
se ha cansado de demostrar que las más de las veces, la inversión extranjera termina
convirtiéndose en saqueo, insisten en esa alternativa y peor aún,
flexibilizando cada vez más las condiciones para los inversionistas; por
ejemplo, la mal llamada reforma laboral.
Nuestro gobierno sigue anclado en la idea ampliamente
difundida y aceptada en el mundo neoliberal, de que un camino seguro para el
progreso de las naciones es su éxito en el mercado internacional, o sea, que un
país pobre se volverá un país rico en la medida que logre vender más productos
al extranjero que los que compra a otra naciones.
Y entonces nuestros sagaces políticos y economistas deducen
que hay que producir más y con mejor calidad en el país, y una forma
inteligente y efectiva de hacerlo es logrando que las empresas extranjeras con
su tecnología de punta vengan a instalarse en nuestro territorio, pues así sus
productos de calidad manufacturados en nuestro país, que eran compras para
nosotros cuando esas empresas se encontraban en otro país, o lo serían si se
tratara de inversiones nuevas, se convertirían en ventas de México; y no solo
eso, sino que además se crearían nuevos empleos; ¡caray, negocio redondo,
ganamos por todos lados!
Éstos brillantes políticos y economistas mexicanos quizás
ignoran (o si lo saben no les importa), que desde la última década del siglo
pasado, el economista y Premio Nobel norteamericano Paul Krugman, en su libro
"El internacionalismo moderno", señaló que el éxito de un país en el
mercado internacional, no trae de manera automática el desarrollo económico
para dicho país, pues ello depende de la estructura política y económica que
tenga. Y los hechos reales confirman categóricamente la afirmación del Sr.
Krugman: ¿Acaso Estados Unidos pudo evitar caer en la crisis económica que
padece desde hace por lo menos 6 años a pesar de estar frecuentemente como el
país número uno en recepción de inversión extranjera?; ¿Cómo es posible que
cayeran en una severa crisis España e Irlanda, si en el período 2004 - 2012 han
recibido mucha más inversión extranjera que Alemania?; ¿Porqué Alemania se ha
convertido en la principal economía del mundo si en los últimos nueve años
nunca ha estado entre los primeros seis países que más inversión extranjera han
recibido? y ¿Porqué México no ha mejorado más que Holanda el nivel de vida de
sus habitantes en el período 2009 - 2012, si hemos recibido un 44% más de
inversión extranjera en dicho período?
Sin duda Paul Krugman tiene razón, la estructura política y
económica de un país es lo que determina su desarrollo, y en el caso específico
de nuestra patria lo que más resalta de nuestra estructura política es la
corrupción, y en el terreno económico son los monopolios, características que
han echado por tierra, y lo seguirán haciendo, cualquier posibilidad de que la
inversión extranjera sea un impulso para nuestro desarrollo económico
Por lo tanto, anunciar con mucho orgullo que se pactaron
7,500 millones de dólares de inversión extranjera para nuestro país, solo puede
significar dos cosas: o es una burla hacia los mexicanos, o revela una vez más
la ignorancia de EPN en temas económicos, pues aunque en nuestro país no
existiera la corrupción política, ni el mercado monopolizado, aún así parece
ignorarse que son las empresas establecidas en el país, y no el país en sí
mismo, las que exportan, y por lo tanto las utilidades que generan esas
exportaciones se quedan en las empresas; y como en nuestro país las
exportaciones no pagan impuestos y al trabajador solo le toca una mínima parte
de esas utilidades, que además las grandes empresas siempre encuentran la forma
de escamoteárselas, entonces el beneficio se queda exclusivamente en las
empresas.
Ahora que si nos dicen que el beneficio es por los empleos
que se generan en el país, tomemos como ejemplo el caso de PEPSICO, quien dijo
que invertirá 5,000 de los 7,500 millones de dólares que anunció Peña Nieto, y
que según declaraciones de la propia empresa, esa multimillonaria inversión,
solo nos creará 4 mil empleos; cifra que resulta irrisoria pues solo aumentaría
el empleo formal en un raquítico 0.02 %, y que confirma que
la inversión extranjera es apenas un paliativo en la creación de empleo.
Ir a contar mentiras a los probables inversionistas
extranjeros en un foro que se escucha en todo el mundo, y de esas mentiras, algunas
descomunales como que el crimen ha bajado en un 30% en el último año, no
significa otra cosa más que una burla para ese gran mayoría de mexicanos que
hoy se asfixian en la pobreza o viven con la amenaza, cada vez más alta, de
caer en ella; es también una burla para todos los mexicanos que cada día
sufrimos más los efectos de la incontenible violencia, al grado de que hemos
tenido que empezar a enfrentarla por nuestros propios medios; es hacer
manifiesto que el interés del gobierno solo se concentra en seguir beneficiando
a ese cada vez más reducido grupo de mexicanos que son los multimillonarios del
país, que son los únicos que realmente salen ganando con los negocios que se
pactan en foros como el de Davos, al asociarse con dichos inversionistas
extranjeros.
Y eso no haría más que pensar que la aseveración del
economista y también premio Nobel estadounidense Joseph Stiglitz, en el sentido
de que actualmente en Estados Unidos hay un contubernio entre el poder
político y económico para beneficiarse mutuamente, y que es eso lo que no
permite a ese país desarrollarse económicamente, es aplicable a otros países, y
claramente lo es en el nuestro, pues tenemos pruebas de sobra de ese
contubernio, cuyos protagonistas fueron ahora a Davos a burlarse del pueblo
mexicano al ocultar lo mal que estamos, simple y sencillamente porque había que
vestir muy bien a la novia, para preservar sus intereses..
¿Realmente serán tan ingenuos los inversionistas
extranjeros?; ¿O acaso hay algo que dichos inversionistas si conocen y el resto
de los mexicanos no?; creo que no tardaremos mucho en conocer la
respuesta.
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