jueves, 20 de febrero de 2014

El pleito de los ricos

Hace casi un año, en abril de 2013, publiqué en mi canal de Youtube “Ciencia Ciudadana”, un video   al que puse el mismo título que a este artículo. Así me referí entonces, al igual que lo sigo haciendo ahora, a la llamada reforma de las telecomunicaciones, pues aunque esta se ha incluido dentro del paquete de las reformas que moverán a México en beneficio de la sociedad; la realidad es que esta en particular no es otra cosa más que utilizar al gobierno de la República como árbitro en un pleito que los gangsters……, perdón, gigantes de la industria de las telecomunicaciones tienen desde hace tiempo, y que no logran ponerse de acuerdo en cómo repartirse ese suculento pastel.

En el video (que les recomiendo ver), expongo en síntesis que esta reforma se trata básicamente de dirimir las diferencias entre los dueños del sector, pues los supuestos beneficios que se anunciaron, y siguen anunciando, que traerán las modificaciones hechas a la Constitución en esta materia, simple y sencillamente no ocurrirán por el solo hecho de elevar a rango Constitucional el derecho humano al uso de las tecnologías de información, y declarar a las telecomunicaciones como un bien nacional, pues hay muchos otros conceptos que tienen rango constitucional, como por ejemplo el derecho a un salario remunerador, o el que nadie pueda ser detenido sin la orden de un juez, y no se cumplen, así estén consagrados en la Constitución.

A 10 meses de distancia, el tiempo me ha dado la razón, y esta “famosa” reforma de las telecomunicaciones vuelve a ser noticia, pero no porque ya se haya dado alguno de los beneficios prometidos, o se esté trabajando en ello. Nadie ha abierto la boca para decir si se ha tomado alguna acción para que México deje de ser el penúltimo lugar de la OCDE en cuanto al desarrollo de sus telecomunicaciones; o que ya se tenga al menos un plan definido para que dejemos de ser, también dentro de las OCDE, el cuarto país con las tarifas más caras en telefonía fija, o porque ya se hayan reducido los precios de la televisión restringida.

Tampoco se ha anunciado alguna estrategia para que al menos una parte de los 102 millones de mexicanos que no cuentan con acceso a servicios de banda ancha móvil, puedan hacerlo; ni si hay alguna propuesta, mucho menos estrategia, para que se reduzca el número de 66 millones de mexicanos que no tienen acceso a internet. Por supuesto que aquí muchos dirán: espérate, espérate, todavía no se ha hecho nada porque no están aprobadas las leyes secundarias, si, esas mismas que en teoría deberían de haber sido aprobadas el 9 de diciembre del año pasado, pero que al parecer no corría ninguna prisa para aprobarlas y así empezar a trabajar en los beneficios prometidos para los usuarios y la población en general.

Hoy día la farsa-reforma de las telecomunicaciones está otra vez de moda porque a los dueños del negocio no les parece que deban esperar a que estén las leyes secundarias aprobadas para obtener los beneficios “cacareados” por el gobierno y los propios empresarios. Pero no hablamos de los beneficios para la población, hablamos de los beneficios para ellos, pues al Sr. Carlos Slim se le ocurrió que había que cumplir el mandato constitucional, aún sin leyes secundarias, que le otorga el beneficio a su empresa de televisión de paga “Dish”, para transmitir los canales de televisión abierta, propiedad de sus competidores, a lo cual, por supuesto, se oponen éstos últimos.

El engaño llamado reforma de las telecomunicaciones ha “sacado el cobre”, y nos ha dejado ver que lo que urge en realidad es resolver el pleito de los ricos magnates de esa industria, que son con quienes en realidad se discute que es lo que habrá de ponerse en la legislación secundaria, y todo parece indicar que aún no se ponen de acuerdo; o más bien, que aún no se tiene la anuencia de ambas partes.

De los supuestos beneficios para la población poco o nada veremos en el futuro, pues aún cuando realmente se hicieran las inversiones por 700 mil millones de pesos que supuestamente la reforma traerá como consecuencia, con el pleito actual hemos podido ver que lo prioritario es complacer a los dueños de la industria, y en consecuencia esos recursos se transformarán en beneficios para ellos, en primer término porque el sistema económico neoliberal que seguimos propicia la concentración de la riqueza en pocas manos, con lo cual el beneficio de que creará empleos bien pagados será solo una promesa más incumplida; y en segundo lugar porque aún cuando hubiera uno o dos competidores más, éstos no serán suficientes para acabar con los monopolios actuales. Dudo mucho que a la población le llegue algo más que migajas de esa derrama económica.


Al igual que pasó con la mal llamada reforma laboral que no trajo el beneficio de disparar el empleo bien pagado, como también se vociferó cuando se aprobó esa reforma, si no que al contrario, a un año de su aprobación, lo que sucedió fue exactamente lo contrario, una disminución del empleo y de su remuneración; así exactamente funcionará la reforma de las telecomunicaciones, y ya estaremos pagando las mismas tarifas caras que hoy pagamos, o quizás más onerosas, y sin aumentar significativamente el acceso de la población a los servicios de internet e importará un bledo que sea un derecho constitucional. Al tiempo.      

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