Eso es lo que le tuvo que decir Enrique Peña Nieto, a través del Acuerdo de Certidumbre Tributaria, a sus socios, que actúan a la vez como sus patrones, los grandes empresarios corporativos nacionales, pues ya estaban molestos por la osadía de su empleado y socio menor al "afectarlos" con algunas disposiciones de su mal llamada reforma hacendaria. Y claro, también era necesario para que los futuros poderosos inversionistas extranjeros, recuperaran la calma, pues seguramente más de uno ya se le estaban poniendo nerviosos al ver que el gobierno mexicano hizo una miscelánea fiscal magna, con el exclusivo fin de aumentar los impuestos, lo cual los haría pensarlo dos veces antes de decidirse a invertir en México.
En efecto, en el terreno nacional, una vez que se aprobó la pseudo reforma hacendaria, de inmediato los empresarios se apresuraron a entablar amparos contra el atraco fiscal; según el titular de la Coparmex, Lic. Juan Pablo Castañón, fueron más de 10 mil amparos; pues como señalo al principio, se sintieron "afectados" por las nuevas disposiciones tributarias.
Pero en realidad fueron afectados entre comillas, tal y como lo he puesto, pues los cambios fiscales no significaron necesariamente un aumento en el pago de sus impuestos, ya que las nuevas disposiciones afectaron directamente a los trabajadores, pequeños contribuyentes y a los clientes de las empresas, por lo que el efecto negativo para los empresarios es de "rebote", pues en el caso de los trabajadores el cambio importante fue en la baja de la deducibilidad de las prestaciones, lo cual elevará los costos laborales para la empresa, solo si no reduce las prestaciones para sus empleados, lo cual ya varias empresas han empezado a hacer.
Y en el caso de los clientes, el perjuicio es para éstos que tendrán que pagar más por algunos productos que fueron gravados con impuestos especiales (como los refrescos y la comida chatarra por ejemplo), y el aumento del IVA en las fronteras; y en este caso, afectaría a las empresas, pero no en sus impuestos, si no en sus ventas que podrían verse disminuidas al tener que pagar sus clientes un precio mayor por el mismo producto, debido al aumento del impuesto.
La realidad es que el gobierno tuvo mucho cuidado en la mal llamada reforma hacendaria, de no afectar a las empresas en cuanto a su carga impositiva, como por ejemplo,al temblarle la mano en cuanto a quitarles a las grandes empresas corporativas el cuantioso beneficio que representa la consolidación fiscal, que resulta en extremo oneroso para la recaudación. Y a pesar de ello, los empresarios se decidieron a protestar, pues además de los perjuicios indirectos que ya vimos, quizás lo que más querían era asegurarse de que en el futuro el gobierno, al ya no poder sacarle más dinero de los bolsillos a los trabajadores, no voltee a verlos a ellos. Había que tratar de asegurarse de que eso no ocurriera, y el gobierno tuvo que prometerles por escrito, y por supuesto con el slogan "te lo firmo y te lo cumplo", de que no se atrevería a hacerles a ellos, la maldad que le hizo a los trabajadores y pequeños contribuyentes, o sea, que de ahora en adelante ya se va a portar bien en materia fiscal..
En el documento firmado por prácticamente todas las dependencias del gobierno, se establece que dado que la mal llamada reforma hacendaria "representa un cambio importante al sistema tributario mexicano", el gobierno se compromete a no aplicar más cambios en lo que resta del sexenio; lo cual me parece muy arriesgado y por lo tanto irreponsable, pues parece que el gobierno está asumiendo que los cambios fiscales aplicados son tan correctos, que se atreve a firmar que no necesitará hacer más cambios a lo largo de su mandato; aunque, hay que decirlo, se cuido de poner una salvaguarda, señalando que en lo sucesivo solo se propondrán modificaciones fiscales en respuesta a eventos macroeconómicos sustanciales. Más temprano que tarde se dará cuenta de su error.
Dudo mucho que el origen de este acuerdo sea la confianza del gobierno en las decisiones fiscales adoptadas, de hecho en el mismo documento se expone que el "Acuerdo también responde a las distintas expresiones de la sociedad civil (supongo que aqui entran los amparos), incluyendo diversos organismos empresariales, quienes manifestaron la necesidad de contar con un acuerdo de esta naturaleza"; lo cual fue confirmado por los líderes de las cúpulas empresariales al elogiar el documento.
Por supuesto el gobierno nos está vendiendo esta acción como algo benéfico para los contribuyentes, en el sentido de que nos da seguridad de que en lo que resta del sexenio no habrá nuevos impuestos, ni aumentarán las tasas de los existentes; así como tampoco se eliminarán deducciones y beneficios fiscales; e incluso va más allá de lo fiscal estableciendo que los impuestos recaudados se aplicarán al gasto público de manera eficiente, oportuna y transparente, lo cual no sé que tiene que hacer en un acuerdo tributario, pues sería materia de uno hacendario.
La realidad es que los beneficios señalados lo son para las empresas, pues es a ellas a quienes no se les aumentó los impuestos, ni se les quitaron beneficios fiscales significativos, y además se les prometió un ejercicio eficiente, oportuno y transparente del gasto público, lo cual, repito, no es un asunto tributario, pero que los empresarios querían que se pusiera pues se traduce en contratos multimillonarios, sobre todo para las grandes empresas, aunque para los trabajadores significaran migajas que les caerán en forma de sueldos raquíticos.
Para los trabajadores y pequeños contribuyentes, este acuerdo no es más que una burla más del gobierno, pues de nada sirve prometer ahora que ya no habrá nuevos aumentos de impuestos, toda vez que con el atraco fiscal eso ya sucedió. Decirnos que es un beneficio, es como si nos dijeran que el esclavo tuviera que agradecer a su amo el que le prometa, y hasta le firme, que ya no le dará mas latigazos, inmediatamente después de que le ha propinado algunos; y claro, el esclavo tendrá además que rezar para que, a juicio del amo, no cambien las condiciones macroeconómicas, para que le sea posible al amo, ahora sí, portarse bien.
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