miércoles, 1 de mayo de 2013

Hablar con los pies

Cuando era niño era muy frecuente oir la frase "parece que lo hiciste con las patas", cuando alguien quería decirnos que algo estaba mal hecho. Evidentemente lo que se trataba de decir era que no se había usado la cabeza (entiéndase la inteligencia o razonamiento) para hacer algo; y hoy día, aunque la frase la oigo cada vez menos, parece ser que cada día es más frecuente que no se use la cabeza para resolver los problemas que surgen de nuestra cotidiana convivencia como sociedad.

En efecto, día con día el uso de la violencia le va ganando terreno al uso del entendimiento en la solución de los problemas sociales, y hablamos de toda clase de violencia, como la letal y enfermiza a la que los narcotraficantes ya nos han acostumbrado, hasta la moderada, como la que significan las marchas y plantones, que si bien en la mayoría de los casos no provocan la muerte,  no dejan de significar la imposición violenta de unos ciudadanos en contra de otros al impedirles el libre tránsito o el desarrollo de su actividad cotidiana.

Y como es natural, cualquier problema que no se resuelve tiende a empeorar, tal y como sucede con la violencia asesina que genera el narcotráfico, pues aun cuando en el actual sexenio los medios de comunicación ya no le den la misma cobertura que le dieron en el sexenio anterior (mentes suspicaces dicen que es a solicitud del actual gobierno), y que el gobierno trate de convencernos con "informes" que dicen que el crimen relacionado con el narco ha bajado, surgen datos de medios independientes  que nos dicen que el promedio diario de ejecuciones en el sexenio de Calderón fue de 27, mientras que en los primeros cuatro meses de Peña Nieto el promedio diario es de 34. (Artículo de "Milenio" de fecha 22/04/2013, en internet).
 
Y en el otro extremo, el de la violencia que generan las manifestaciones sociales no ocurre algo diferente; también podemos observar como cada día es mayor el número y frecuencia de marchas, mitines, plantones o protestas en la vía pública, las cuales pueden llegar al extremo del absurdo en sus demandas, como ocurrió el 30 de abril pasado aquí en el D.F., cuando un grupo de niños de una escuela pública, supongo dirigidos por sus padres y/o maestros, decidieron bloquear Paseo de la Reforma ¡porque el camión que debía llevarlos a "El Papalote", no llegó.!
 
En efecto, cada vez es mayor el convencimiento de que para lograr el cumplimiento de objetivos, intereses o demandas de cualquier grupo o sector de la sociedad, la vía para lograrlo es alterando el orden público, impedir la actividad de otros ciudadanos para que así se vuelva un elemento de chantaje lo suficientemente importante como para que la autoridad les preste atención. No importa lo particular o incluso intrascendente de las demandas, o si quien protesta es solo un pequeño grupo que se compone de solo unos cuantos individuos, como los 5 expulsados del CCH, o quizás el centenar de chamacos que se quedaron sin visitar "El papalote" en su día.
 
Hoy día ya no es importante usar la cabeza (la razón) para definir, plantear y luchar por lo que se demanda por la vía del derecho, ahora lo efectivo es usar los pies para marchar, para plantarse, para bloquear; y en consecuencia, al perder importancia eo uso de la razón, prolifera la convicción de que cualquier razón es válida para que unos cuantos afecten a muchos otros, y mientras sean más los afectados y con mayor violencia, mejor, pues así será más rápido el que las autoridades volteen a verlos.
 
Y ya podemos seguir "satanizando" a quienes optan por ese camino, podremos seguir llamarlos revoltosos, flojos, inconscientes, subersivos y hasta desestabilizadores sociales; vamos ya hay quien afirma que hay gente "profesional" que se dedica a organizar actos de protesta. Sí, podemos conformarnos con insultarlos y desacreditarlos, y eso hará que nos sintamos tranquilos al "saber" que es un problema causado por esa gente mala, y que si no se ha resuelto es por la tibieza de la autoridad que no aplica mano dura.
 
Pero si nos detenemos a pensar un poco más en el asunto, quizás nos demos cuenta de que el incremento de la violencia, ya sea la sanguinaria del narcotráfico, o la incómoda de las  protestas en la vía pública, son la manifestacion visible del distanciamiento que la autoridad y los poderes fácticos han ido haciendo crecer con respecto a la ciudadanía, olvidando que es ésta quien los sustenta y les da la razón de ser. Tanto al gobierno, como a los grandes poseedores del poder económico, poco les interesan los problemas del ciudadano de a pie; pobreza, desempleo, impunidad, inequidad, corrupción, son conceptos que solo les sirven para utilizarlos en los discursos, pero permanecen impasibles, y en el caso del gobierno además inoperantes, cuando se trata de buscar soluciones.
 
Simplemente aparentan excuchar, y esto lo digo por experiencia propia, pero en realidad se alejan y se encierran en el mundo de sus propios intereses, haciendo imposible el que escuchen la voz de aquellos que sufren en carne propia dichos problemas, generándose en éstos últimos la convicción de que la única vía para hacerse escuchar es hablando con el ruido que los pies producen al marchar; aunque ese ruido aniquile el sonido de las ideas transformadas en palabras.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario