Esta escrito en el poema épico "La Odisea", que Odiseo, rey de Itaca, en su camino de regreso a casa después de diez años de estar fuera de ella por estar en combate, habría de enfrentar varios peligros que podrían impedirle la vuelta al hogar. Uno de ellos, que es bien conocido, es el del "canto de las sirenas", expresión que hemos adoptado para describir aquello que suena dulce y atrayente, pero que al dejarnos guiar hacia ello, resulta en algo totalmente contrario al paraíso que nos imaginamos; y eso era precisamente lo que podía sucederle a Odiseo si se dejaba seducir por el dulce canto de las sirenas, pues éstas, una vez atraída la presa, le arrancaban la vida.
Hoy día, ante la adversidad creciente en que viven cada día un mayor número de mexicanos, ha sido tambien cada vez más frecuente, el que escuche o lea en las redes sociales, que el único camino realmente efectivo que nos queda a los ciudadanos para salir de la penosa vida de subsistencia, es el de levantarse en armas para hacer entender a un gobierno ciego, sordo e insensible ante el sufrimiento de la mayoría de su pueblo.
Este podríamos decir que es el "canto de las armas", que suena más atrayente cuando vemos que en más de una población de nuestro querido y afligido México, hay quienes se han dejado abrazar por el poder que ellas confieren para lograr reconquistar la vida tranquila y digna que el narcotráfico, ante la inoperancia, y a veces complicidad, del gobierno, les había arrebatado. Luego entonces, hay quien dice que ese es el camino, pues ahí está el ejemplo.
Pero ¿en verdad esa es la solución?; ¿que tanto tiempo deberán permanecer armados los llamados "grupos de autodefensa"?; ¿siempre estarán controlados por líderes sabios que sabrán comandarlos en todo momento de manera adecuada?; ¿que garantiza que no las dispararán entre ellos mismos cuando existan diferencias?.
Puedo entender que el canto de las armas se convierta en un "Mexicanos al grito de guerra", cuando se trata de defender la más elemental dignidad y la vida misma tanto de la familia como la propia, pues en ese caso no hay lugar para el mañana, pues para ese entonces puedes ya estar muerto o mancillado. Pero aún en ese caso no puede considerarse que estar armado es la solución, si no que simplemente se trata de una medida desesperada que si bien tiene el carácter de urgente, también debe tenerlo de temporal, y que por lo tanto tendría que ser seguida de acciones que permitieran recuperar las condiciones necesarias para una vida digna, y entonces proceder al desarme.
La realidad es que todos aquellos que he escuchado o leído que la única solución posible es el uso de las armas, estan aún lejos de estar en las infrahumanas condiciones en que vivian los habitantes de los pueblos que las tomaron, sinplemente lo dicen y continuan con sus actividades normales, simplemente escuchan el canto de las armas que los seduce porque les hace pensar que de esa forma realmente estarian luchando por una anhelada mejor forma de vida. No recuerdan como la Revolucion Mexicana, que se logro a balazos, ha resultado a la larga un "canto de las sirenas", pues las condiciones en que viven la mayoría de los mexicanos se empiezan a acercar peligrosamente a las condiciones en que se vivía antes de la Revolución, injustificando el heroísmo de todos aquellos que ofrendaron la vida en busca del anhelado bienestar.
Es tiempo de una segunda revolución, pero esta vez, debe ser una revolución en la mentalidad de los mexicanos, debe gestarse en las ideas que surjan de nosotros, en la decisión de convertir esas ideas en acciones concretas basados en el uso de la fuerza de la razón y la unión de todos. Así justificaríamos la muerte de todos aquellos que cayeron en la Revolución Mexicana; demostrando que hemos avanzado y que ahora creemos firmemente que el bienestar está al alcance de nuestra participación decidida para enderezar los lineamientos que nos legó esa Revolución, y que hoy el gobierno es incapaz de hacer cumplir. Nos toca demostrar que el bienestar de todos los mexicanos está al alcance de nuestra inteligencia, y no al alcance de un gatillo.
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