No crean que me equivoqué en el
título, fue con toda intención que sustituí la palabra popular por chacotear, y
es que es precisamente un chacoteo en lo que se ha convertido el estreno de lo
que debería ser un avance en el ejercicio democrático, como en teoría lo
representa la consulta popular.
En efecto, al margen de que
podamos discutir si los preceptos legales bajo los cuales quedó normada la
aplicación de la consulta popular fueron los mejores, el simple hecho de que se
haya establecido significa un paso adelante en la posibilidad de abrir espacios
a la participación ciudadana, lo cual es
sin duda bienvenido, pero para que su ejercicio redunde en beneficios para la
población falta otro ingrediente muy importante, y ese es el contar con una
población consciente y participativa, pero sobre todo informada, y esto último
es lo crucial, pues sin ello el resultado de la consulta popular puede ser más
perjudicial que benéfico.
Aunque nos duela admitirlo,
nuestra realidad es que entre los mexicanos hay poca gente consciente,
participativa y, sobre todo, informada. Y no es porque los mexicanos seamos
flojos o indolentes por naturaleza, hay muchas pruebas en nuestra historia que
demuestran lo contrario, si no porque el “curso” de setenta años de “como
volverse ciudadano dependiente” que nos impartió eficazmente el PRI, nos
adiestró perfectamente para vivir como nos describe Denise Dresser en su libro “El País de Uno”, con la palma de la
mano extendida hacia arriba esperando la dádiva del presidente paternalista en
turno (les recomiendo ver mi video 42 “La llaga en la piel" en mi canal “Ciencia
Ciudadana” en You tube).
Y si a esos 70 años de
capacitación le agregamos 12 años de gobiernos panistas que en los primeros
seis quisieron echarnos a correr como ciudadanos emprendedores, cuando ni
siquiera sabíamos caminar como ciudadanos independientes, y en los segundos
seis años, después de haber visto el fracaso de los primeros seis años, el
gobierno en turno decidió darnos “vacaciones” en la participación para la solución
de nuestros problemas, para asumir él la responsabilidad de resolverlos por la
fuerza, incluso a balazos si era necesario.
El resultado final es que la gran mayoría de los
mexicanos se ha acostumbrado a adaptarse lo mejor posible a los problemas
sociales que hoy nos aquejan, se ha acostumbrado a la pobreza trabajando duro
aunque se gane poco, el chiste es subsistir; a rezar con mucho fervor para no
ser víctima de la delincuencia cualquier día; a aceptar trabajos que impliquen
servicios sexuales; a solo decir ¡que barbaridad! cuando se entera de los
frecuentes casos de corrupción e impunidad; a que hay que admirar a los
“talentosos” multimillonarios empresarios mexicanos que se dignan a aventarnos
algunas migajas de su riqueza a través de empleos que pagan sueldos de penosa
subsistencia; ah, y sí, a través también de sus “fundaciones” que nos muestran lo caritativos que son, y también inteligentes, pues al mismo tiempo de esa
manera reducen el pago de sus impuestos, y por ahí de paso se hacen publicidad.
Y si no somos una sociedad que
esté en posición de darle un buen uso a la consulta popular, entonces
correspondería a los políticos utilizarla responsablemente, y ahí es donde “la
puerca tuerce el rabo”, pues han encontrado la fórmula para desvirtuarla, como
lo podemos apreciar ahora que tanto el PRI como el PAN se aprestaron a anunciar
sus consultas chacoteras……… perdón, populares, para hacerlas coincidir con la
que se refiere a decidir sobre la viabilidad de la reforma energética.
Es más que evidente que de lo que
se trata es de distraer la atención de la ciudadanía para que no se concentre
en el asunto de la reforma energética, y como distractor le ponemos dos asuntos
que sin duda son de importancia, pero que por su complejidad, es irresponsable
pretender decidirlos a través de la gran masa que no cuenta con la información
suficiente para decidir.
Es una tomadura de pelo por parte
del PAN, preguntar a la gente si desea que se suba el salario mínimo, pues
quien lo gana y muchos otros trabajadores de bajos ingresos dirán que sí,
mientras los empresarios dirán que no. El aumento al salario mínimo debe ser
una acción que se acompañe de otras estrategias económicas que evite que se
convierta en un detonante de la inflación, como nos sucedió el siglo pasado, y
por lo tanto preguntar tan solo si se aumenta o no, parece más una ardid
político y publicitario del PAN, que parece estar más interesado en
contrarrestar la propuesta del gobierno del D.F., que en realmente beneficiar a
la ciudadanía.
Y el caso del PRI es peor, pues
su consulta sobre la eliminación de 100 congresistas plurinominales, es
auténticamente “el lobo con piel de oveja”, pues aprovechándose de la
ignorancia de la gran mayoría, sabe que el resultado de la consulta le sería
favorable, pues numerosas encuestas señalan la poca credibilidad y popularidad
que tienen nuestros congresistas, y en esas condiciones estaría allanando el
camino para eliminarlos con el aval de la ciudadanía. Lo que poca gente sabe,
es lo que ha explicado muy bien el especialista en asuntos electorales José
Woldenberg, en el sentido de que eliminar en éstos momentos la cantidad de
congresistas plurinominales, conlleva el riesgo de volver a concentrar el poder
en el Congreso en un solo partido, y que eso es precisamente lo que busca el
PRI, ahora que, basado en la pobreza y apatía de la gente, tiene ahora más que
nunca la posibilidad de conseguir más votos en las elecciones, y al haber menos
purinominales, eso podría darle la mayoría absoluta en el Congreso, y de esa
manera facilitar el regreso a los tiempos del viejo priísmo y sus gobiernos
paternalistas, que lo mismo obsequiaban con dádivas a sus súbditos, que les
quitaban, incluso la vida, cuando lo consideraba necesario. De hecho, el camino
de retorno a esa pesadilla, ya lo empezamos a recorrer.
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