En estos días es inevitable
hablar del tristemente célebre caso del líder del PRI en el Distrito Federal,
Cuauhtémoc Gutiérrez De la Torre, quien, como ya todos sabemos, gracias a una
investigación realizada por la periodista Carmen Aristegui, quedó al
descubierto el penoso asunto que ella llamó “la existencia de una red de
prostitución”, orquestada por personal a las órdenes del ahora exlíder del PRI
en el D.F.
A pesar del intento de Gutiérrez De la Torre de demostrar que los hechos son falsos, la verdad es que la opinión pública no tiene dudas acerca de la veracidad de lo que se le imputa; la realidad es que, hasta con pruebas que fueran frágiles, el ciudadano común y corriente daría por cierta una acusación como esta que pesara sobre cualquier político, y quizás con más seguridad si este político pertenece al PRI.
Tal y como si fuera un lunar en la cara que apareció con el tiempo, la cochina corrupción acompaña inseparablemente a la imagen del PRI, y basta con tan solo remover tantito el abundante maquillaje para que el lunar, que indudablemente ha ido creciendo, aparezca con toda su negrura en su rostro.
Pero aún así, este suceso no pasara a la historia más que como una muestra más de la existencia de esa mancha en la cara del PRI; pues como en casos anteriores en que los medios de comunicación han puesto al descubierto la corrupción y/o ilícitos en que incurren políticos de cualquier partido, o cualquier otra figura pública, la cruda realidad nos ha demostrado que a la larga para lo que más ha servido, ha sido para beneficiar a los propios medios de comunicación al vender más periódicos, o aumentar el rating y así vender más caro sus espacios publicitarios, y en todo caso a los periodistas y comunicólogos que al obtener más prestigio, cobran más caro; pero en materia de progresar en el combate a la corrupción o la delincuencia y su castigo, el avance de éstos flagelos sociales y la impunidad, nos dicen que tales denuncias no han servido de mucho.
Este mismo caso de Cuauhtémoc Gutiérrez es el mejor ejemplo de ello, pues ya había sido expuesto por el periódico “Reforma” hace once años, y no sirvió siquiera para que el Sr. Gutiérrez se desanimara a llevarlo a cabo. Es una verdad irrefutable que somos una sociedad que no tiene memoria, que prestamos atención y hasta podemos escandalizarnos con noticias como esta, pero el día de mañana lo habremos olvidado, incluyendo por supuesto a los propios periodistas cuando consideren que a esa noticia ya no haya nada más que “sacarle”, como en este caso le sucedió hace once años a “Reforma”, por ejemplo.
Nada más justo que en este caso se aplicara el peso de la ley a todos aquellos que resulten culpables de estos hechos, pero si en realidad queremos que este tipo de oprobiosas prácticas se erradiquen, no bastará con tener leyes severas, pues todavía faltaría tener sistemas judiciales incorruptibles, de lo cual hoy carecemos. Un sondeo del propio portal noticioso de Carmen Aristegui, señala que la mayoría pensamos que el PRI buscará diluir el tema y aplicará “control de daños”.
En lo personal, dudo mucho que el Sr. Gutiérrez De la Torre pise la cárcel, pues para empezar, hasta donde yo sé, no hay grabaciones que lo impliquen, y además, legalmente no podemos hablar de una red de prostitución, como mediáticamente lo ha manejado Carmen Aristegui, pues no se les mantenía a las mujeres privadas de su libertad y/o amenazadas de daño físico, para lucrar con ellas sexualmente. De lo que podemos hablar es de que se les chantajeaba para acceder a tener relaciones sexuales con el “Jefe”, lo cual, y por favor corríjanme si estoy equivocado, se acerca más al delito de acoso sexual en el trabajo.
Y aún cuando se logrará castigar penalmente a los responsables por el delito que corresponda, vendrán otros más adelante que volverán a incurrir en los mismos hechos, solo que ahora extremando sus precauciones; pues lo verdaderamente efectivo para que esto no se repitiera, sería atacar el problema de raíz, que no es otro más que la creciente necesidad de la gente de ganarse la vida de cualquier forma, y repito: de cualquier forma.
¿Qué pasaría si no hubiera ninguna mujer que tuviera la necesidad de aceptar el otorgar favores sexuales a cambio de mantener el trabajo?; simple y sencillamente que el exlíder del PRI en el D.F. no hubiera podido integrar su “harem”; y no estaríamos ocupando el tiempo, como actualmente en éstos días está sucediendo, en discutir públicamente si hay elementos para el proceso penal de este caso con o sin denuncia, o si las leyes deben ser más severas; tal y como está sucediendo en el espacio noticioso de la misma Carmen Aristegui. Evidentemente, a juicio de la periodista, hay más jugo que sacarle a su noticia.
Una vez más, como sociedad, nos encontramos ante la disyuntiva de actuar irresponsablemente dejándonos llevar por los medios de comunicación hacía donde ellos juzgan que es relevante hacerlo, como en este caso lo es escandalizarnos de la podedumbre sagazmente descubierta, así como del aspecto penal del caso; o si nos enfocamos a analizar y luchar porque se establezcan soluciones de fondo, lo cual parece no interesarle a los medios de comunicación.
Lo verdaderamente importante en este caso es actuar a favor de que no se repitan estos vergonzosos delitos, y si pensamos que eso se logrará a base de contar con leyes muy severas para su castigo, definitivamente estamos perdidos. No he escuchado yo en los medios la opinión de las mujeres que aceptaban tal situación, que sin duda fueron muchas a lo largo de los años, y lo cual es lo realmente importante, ¿o acaso lo que ellas tengan que decir no es relevante?; ¿Qué preferimos pensar?; ¿Qué lo aceptaban por necesidad?, o simplemente porque eran unas flojas que no quisieron estudiar o buscar un trabajo “decente”.
Si nos dejamos atrapar por la conducción de los medios de comunicación, entonces lo único que haremos será cooperar para que dichos medios sigan ganando dinero, pues este tipo de sucesos se repetirá quizás con nuevos actores y en nuevas circunstancias que quizás vuelvan a ser sagazmente descubiertas por nuevos periodistas o por los mismos; volverá a ser noticia entonces y nos volveremos a escandalizar al grito de ¡que barbaridad!.
Como lo hice en mi video titulado “Las bodas del lucro y la indiferencia”, (que pueden ver en mi canal de You tube “Ciencia Ciudadana”); a los medios de comunicación en general no les interesa participar en la solución de los problemas, supongo que, como he oído a algunos de ellos decirlo, su única misión es informar. Luego entonces la responsabilidad de resolver los problemas corresponde a quienes los sufrimos, a los ciudadanos, y en el caso en particular de estas mujeres forzadas a prestar favores sexuales para conservar su trabajo, la solución viene a ser la misma que estoy impulsando desde hace más de dos años, y para la cual la propia Carmen Aristegui ha ignorado mi petición de ayuda para difundirla. Lo entiendo, su misión es solo informar.
La solución es establecer las condiciones para disminuir la pobreza que genera el sistema económico neoliberal que seguimos, que nos obliga a luchar todos contra todos para subsistir, lo cual cada día orilla a más mexicanos a ganarse la vida de cualquier forma, perdiendo en esa lucha valores morales de tal manera que cada vez importa menos si es prostituyéndose, engañando, delinquiendo, e incluso, asesinando.
Para el caso que nos ocupa, viene a bien citar lo dicho por Juan Jacobo Rousseau “que nadie sea tan rico como para comprar a otro, ni tan pobre que tenga que venderse”; y si seguimos ignorando esto, seguiremos produciendo noticias que vendan, pues en cualquier momento cualquiera puede quedar a merced de cualquier cochino corrupto.
Actuemos para la solución de este problema; apoya mi propuesta contra
la pobreza que ataca la raíz del problema que es la inequidad en la
distribución de la riqueza.
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