En alguna ocasión el reconocido
economista norteamericano y Premio Nobel de Economía. Joseph Stiglitz, declaró
que la dificultad de Estados Unidos para salir de la crisis se debía a que
existe un contubernio entre el poder político y el económico para preservar sus
intereses; en perjuicio de la gran mayoría. Al leer sus artículos publicados en
el periódico español “El país”, podemos ver en algunos de ellos ejemplos de esa
afirmación.
Aunque esto lo señala el Sr.
Stiglitz para el caso de Estados Unidos, me atrevo a pensar que muchos
mexicanos pensamos que tal afirmación es perfectamente aplicable al caso de
nuestro querido México. Efectivamente, si detuviéramos a diez personas en la
calle y les preguntáramos si creen que los políticos y los grandes empresarios
se ayudan y protegen entre sí para conservar sus privilegios y aumentar su
riqueza, estoy seguro que la mayoría nos diría que sí.
Y es que no se necesita
investigar mucho para llegar a esa conclusión, cuando con frecuencia vemos como
se hacen leyes que benefician a las grandes empresas corporativas, como lo fue
la Ley Televisa, o lo son ahora las leyes secundarias de la reforma de las
telecomunicaciones, o la reforma fiscal que aumentó los impuestos a las
personas físicas, pero que no se atrevió a quitarles a los grandes corporativos
el privilegio de la Consolidación Fiscal; y así podríamos encontrar más
ejemplos.
Y por el otro lado, cada vez es
más frecuente el que salga a la luz pública hechos que demuestran como el
sector empresarial destina recursos a determinados políticos para campañas
políticas, o los hace partícipes de sus negocios cuando éstos abandonan el
poder, o el cada vez mayor número de políticos que ya eran empresarios antes de
ser políticos. De esta manera, podemos decir que el poder político y el poder
económico funcionan como socios en cuanto a asegurar el incremento de sus
riquezas.
Pero en todo negocio los socios
no siempre están de acuerdo, tal y como sucede ahora que los grandes
empresarios no quedaron contentos con la mal llamada reforma hacendaria, pues
si bien no tocó a los grandes grupos corporativos, permitiéndoles así seguir
pagando porcentajes irrisorios de impuestos, lo cual ha sido denunciado por la
propia Secretaría de Hacienda, si los afectó, como al resto de las medianas y
pequeñas empresas, en un punto muy sensible: las ventas.
Tal parece que el Secretario de
Hacienda, el Doctor Videgaray, funcionario altamente preparado con estudios de posgrado
en el extranjero, no alcanzó a ver que si aumentaba el impuesto al sueldo de las
personas físicas que ganan más de $60,000 mensuales; que si reducía la
deducibilidad de las prestaciones de los trabajadores; que si aumentaba la tasa
de impuesto a las personas físicas con actividad empresarial y profesional que
obtuvieran ingresos por más de 123 mil pesos anuales, y que si aplicaba la tasa
del 16% del IVA a una serie de artículos de consumo popular; todo ello
incidiría negativamente en los ingresos de las personas físicas, y quizás el
Doctor Videgaray no pensó que éstas personas físicas son ni más ni menos que
los consumidores de los productos y servicios que proporcionan las grandes, medianas
y pequeñas empresas, y que al perder ingresos, consecuentemente pierden poder
adquisitivo, y al final esto significa menos ventas para las empresas.
Y esto es lo que tiene muy a
disgusto no solo a los grandes empresarios que son socios del poder político,
sino a todos los empresarios, pues todos están sufriendo las consecuencias. No
es una casualidad que al cierre del mes de marzo las tiendas de autoservicios
reporten una caída acumulada del 1.5% en sus ventas; y que el índice General de
Actividad Económica (IGAE), haya tenido un “crecimiento” del 0.8% en enero de
este año (último dato disponible); que contrasta dramáticamente con el 2.9% de
enero 2013.
De hecho, el disgusto de los
empresarios ha quedado fehacientemente manifestado en los más de diez mil
amparos que el Presidente de la Coparmex Juan Pablo Castañón señaló, en una
entrevista realizada en los primeros días del mes pasado, se habían interpuesto
contra la pseudo reforma hacendaria. De seguir así las cosas, no creo que sea
descabellado pensar en la antesala de la recesión, y desgraciadamente no hay
razones para pensar que las cosas pudieran cambiar, pues el poder adquisitivo
de los consumidores no aumentará, ni habrá nuevos consumidores derivados de la
creación de nuevos empleos generados por la inversión privada, pues mientras
los empresarios sigan irritados por dicha reforma, no habrá tal inversión.
Todo parece indicar que el
Secretario de Hacienda, quien me da la impresión de que es el verdadero titular
del Poder Ejecutivo, en su afán de aumentar la recaudación para cubrir el hueco
que dejaría la privatización de la industria petrolera, que es parte del
negocio en contubernio con los grandes empresarios, diseño una reforma
hacendaria eminentemente recaudatoria, que lógicamente sería recesiva, tal y
como está ocurriendo, sin advertir que
ello traería un “daño colateral” a sus socios; ahora sí que aplica aquello de
que “jaló la cobija para tapar un lado, pero destapó el otro”.
Y a pesar de que dichos socios han
sido los menos perjudicados, pues a diferencia de los medianos y pequeños
empresarios que muchos han tenido que cerrar sus negocios, las grandes empresas
corporativas han cubierto la baja de las ventas domésticas con exportaciones, y
la verdad es que han salido ganando. Sin embargo, ellas no perdonan nada, lo
quieren todo y por adelantado, como siempre ha sido, y aún cuando se les dé, se
reservan el derecho de corresponder. O no fue así en el caso de la lesiva
reforma laboral para los trabajadores, la cual los líderes empresariales festejaron
su aprobación y declararon “que era el dique que detenía el crecimiento del
empleo”. A un año de aprobada, el empleo disminuyó en un 43.2%; se les concedió
y no cumplieron.
Así como los grandes empresarios
pueden estar molestos porque los cambios en las leyes fiscales los
perjudicaron, también el poder político, representado por el Secretario de
Hacienda, puede estar a disgusto con ellos porque no han cumplido su parte. Se
han generado fricciones entre los socios, y entre los integrantes de cada bando,
pues hay políticos que están del lado de algunos grandes empresarios, mientras
que otros velan por los intereses de otros grandes empresarios, y así las
cosas, la desavenencia entre éstos socios que se llevan la tajada del león en
el reparto de la riqueza que el país produce, trae como resultado que cada día
un mayor número de mexicanos se asfixia en la pobreza, cosa que a ellos les
tiene sin cuidado, pues sus crecientes riquezas les permiten esperar sin
apuros, mientras siguen “jaloneándose” para conseguir lo más que se pueda.
Actuemos para la solución de este problema; apoya mi propuesta contra
la pobreza que ataca la raíz del problema que es la inequidad en la
distribución de la riqueza.
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